Mateo 28,1-10 – Ha resucitado de entre los muertos

abril 15, 2017

Ha resucitado de entre los muertos

Y ahora vayan enseguida a decir a sus discípulos: “ Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes a Galilea; allí le verán.”

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Mateo 28,1-10 Ha resucitado de entre los muertos

Mateo – Capítulo 28

Reflexión: Mateo 28,1-10

Muchas veces anticipó el Señor lo que le sucedería. Todos estaban avisados, como seguramente lo estamos nosotros. Pero, tal vez igual que nosotros, ninguno entendía y mucho menos creía lo que el Señor estaba diciendo. Era como si tuvieran una venda que les impidiera entender esta parte del mensaje del Señor.

Él se refirió varias veces a este episodio y en el subrayó que habría de Resucitar, tal como estaba escrito. Pero, tal vez como ahora, por algún motivo este hecho era minimizado por quienes le seguían. Ahora muchos lo decimos, pero pocos lo llegamos a sentir íntimamente. Es como si no llegáramos a creer del todo. Y si no somos capaces de creer en este hecho, de admitirlo como verdadero, estamos negando lo más importante de nuestra fe.

Pues, tal como dice San Pablo. Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe. Dejemos de repetirlo y pensémoslo por un momento. ¿Qué sentido tiene toda la prédica de Jesús, Su vida y muerte, si no ha resucitado? Este hecho da el verdadero significado a todo. Así que podríamos decir que todo ocurre para que finalmente llegue este momento. Y, con él ya en la mano, ya en la historia de todo aquello que presenciamos, de todo aquello de lo que fuimos partícipes, podemos gritar sin ningún temor que Cristo es nuestro Salvador.

Cristo ha vencido a la muerte. Ha vencido a las fuerzas del mal, del pecado, de la oscuridad. Cristo ha vencido al Demonio. ¡Tal y como debía ser! Su Victoria es la nuestra. Porque por Él viviremos eternamente. Él nos ha limpiado de toda culpa, nos ha hecho dignos de alcanzar Sus promesas. Nos ha hecho dignos de la Vida Eterna. Sin Él esto sería imposible.

Y ahora vayan enseguida a decir a sus discípulos: “ Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes a Galilea; allí le verán.”

Dios nos ha creado y nos ha hecho libres, pero jamás nos ha abandonado. Dios Padre, tal como Jesucristo nos revela es infinitamente misericordiosos con nosotros. Esto quiere decir que nos ama al extremo. Más allá de cuanto nadie jamás lo podría hacer. Nos ama tanto, que, cuando llegó el tiempo, envió a Su propio Hijo a Salvarnos.

Nosotros no somos nada. Él podría haberse desentendido de nuestra suerte, de nuestro destino. Pero Él nos amó aun antes que existiéramos. Es decir que no hicimos nada para merecer este amor. Él decidió amarnos incondicionalmente y hasta el extremo. Este es el ejemplo de amor más extraordinario. Nuestro modelo. Imposible de alcanzar sin la ayuda de Su Gracia.

Sin la ayuda de Dios, no seremos capaces de amar del mismo modo, pero con Su Santa intervención, seremos capaces de eso y mucho más. Esto es precisamente lo que Él ha dispuesto y no descansará hasta que no lo hayamos alcanzado. Dios no ha escatimado esfuerzo para que venzamos al pecado, la destrucción y la muerte. A nombre de este amor infinito, incluso aceptó el sacrificio de Su propio Hijo Jesucristo, como el mejor remedio para salvarnos.

Jesús no tendría objeciones en obedecer la Voluntad de Dios hasta las últimas consecuencias, con tal que esta salga triunfante. ¿Y, qué quería Dios? ¡Salvarnos! ¡Eso es lo que hizo Jesús! Ha dejado el Camino expedito para que nosotros lo transitemos. Solo se precisa nuestra voluntad. Hemos de ponernos de pie y dar el primer paso en esa dirección. El resto lo hará el Señor. Solo requiere nuestra fe, la cual se manifiesta amándole por sobre todas las cosas y amando al prójimo como a nosotros mismos. El paso que debemos dar para cumplir Su Voluntad así lo habrá de manifestar.

Él ha resucitado de entre los muertos, con lo cual ya no tenemos nada que perder. Solo se requiere que pongamos en práctica nuestra FE. ¿Cómo? Tomando la decisión y dando el primer paso. Claro, para eso es preciso conocerle y escucharle. Lo conocemos y escuchamos a través de las Escrituras, la Oración y la Iglesia.

Oigámosle y hagamos lo que nos manda. Eso es todo lo que hoy te queremos pedir Padre Santo, que nos ayudes a conocerle, escucharle y obedecerle. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor, Amén.

Y ahora vayan enseguida a decir a sus discípulos: “ Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes a Galilea; allí le verán.”

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