Mateo 25,1-13 – no saben el día ni la hora

Agosto 26, 2016

«Señor, Señor, ábrenos.» Pero él respondió: «En verdad se lo digo: no las conozco.» Por tanto, estén despiertos, porque no saben el día ni la hora.

Texto del evangelio Mt 25,1-13 – no saben el día ni la hora

01. Escuchen, pues, lo que pasará entonces en el Reino de los Cielos. Diez jóvenes salieron con sus lámparas para salir al encuentro del novio.
02. Cinco de ellas eran descuidadas y las otras cinco precavidas.
03. Las descuidadas tomaron sus lámparas como estaban, sin llevar más aceite consigo.
04. Las precavidas, en cambio, junto con las lámparas, llevaron sus botellas de aceite.
05. Como el novio se demoraba en llegar, se adormecieron todas y al fin se quedaron dormidas.
06. A medianoche se oyó un grito: «¡Viene el novio, salgan a su encuentro!»
07. Todas las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas.
08. Entonces las descuidadas dijeron a las precavidas: «Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando.»
09. Las precavidas dijeron: «No habría bastante para ustedes y para nosotras; vayan mejor a donde lo venden, y compren para ustedes.»
10. Mientras fueron a comprar el aceite llegó el novio; las que estaban listas entraron con él a la fiesta de las bodas, y se cerró la puerta.
11. Más tarde llegaron las otras jóvenes y llamaron: «Señor, Señor, ábrenos.»
12. Pero él respondió: «En verdad se lo digo: no las conozco.»
13. Por tanto, estén despiertos, porque no saben el día ni la hora.

Reflexión: Mt 25,1-13

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Mateo 25,1-13 no saben el día ni la hora

Tenemos infinidad de proyectos en nuestras cabezas y en nuestros corazones. Tantos afectos, tantas personas, tantos propósitos que quisiéramos alcanzar. Razonablemente debemos tomar conciencia que no todos serán posibles.

Siendo así, debemos darnos un tiempo para seleccionar y priorizar. No habrá tiempo mejor invertido, siempre y cuando no nos quedemos paralizados en este discernimiento. Hay cosas que realistamente jamás podremos hacer.

Sin embargo, si sentimos que el Señor nos llama por ese camino que parece imposible, oremos y pidamos que se haga Su Voluntad. En tal caso, perseveremos en este camino y pongamos nuestro mejor esfuerzo, que si esta es la Voluntad de Dios, Él se encargará de poner lo que haga falta hasta completarlo.

«Señor, Señor, ábrenos.» Pero él respondió: «En verdad se lo digo: no las conozco.» Por tanto, estén despiertos, porque no saben el día ni la hora.

Como solía decir San Ignacio: «Actúa como si todo dependiera de ti, sabiendo que en realidad todo depende de Dios». Esta es la actitud que debemos asumir una vez que nos ponemos en manos de Dios a hacer aquello cuya prioridad nos ha ayudado a discernir.

Si bien hemos de abandonarnos a la Voluntad de Dios haciendo cada día lo que Él disponga y como Él disponga, no es más cierto que frente al abanico, que a veces se nos antoja infinito, debemos ser capaces de distinguir y escoger aquello que es prioritario.

De otro modo estaremos divagando y terminaremos por hacer y dejar todo a medias. Pidamos al Señor esa capacidad de enfocarnos, sin despreciar ni desairar a nadie, pero reconociendo nuestras limitaciones y por lo tanto priorizando adecuadamente nuestra participación e intervenciones.

«Señor, Señor, ábrenos.» Pero él respondió: «En verdad se lo digo: no las conozco.» Por tanto, estén despiertos, porque no saben el día ni la hora.

Que no nos ocurra como a las viudas descuidadas o distraídas que por no medir la magnitud de lo que nos hemos propuesto, finalmente olvidamos lo fundamental, lo esencial en una coyuntura dada. No somos infalibles, por eso mismo debemos ser prudentes y esforzarnos por anticipar aquello que es previsible.

Nunca será más apropiado aplicar las palabras de San Ignacio, que a lo largo de nuestras vidas, al servicio del Señor. Recordemos que nos estamos ocupando de sus cosas. Que todo lo hacemos por Él. Hagámoslo como Él lo haría, contando siempre con su ayuda.

Por eso tenemos que hacer que la oración, la reflexión de Su Palabra y la Eucaristía centren nuestras vidas. Si éstas, bajo su amparo y presencia delimitan nuestro accionar, difícilmente encontraremos obstáculos que no se puedan superar y estaremos siempre listos y dispuestos, esperando Su llegada.

«Señor, Señor, ábrenos.» Pero él respondió: «En verdad se lo digo: no las conozco.» Por tanto, estén despiertos, porque no saben el día ni la hora.

Oremos:

Padre Santo, ayúdanos a vivir siempre dedicados a amarte y servirte, centrados en Ti y amando a nuestros hermanos, como si fuera el último día de nuestras vidas…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Mateo 25,1-13 no saben el día ni la hora

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