Mateo 24,42-51 – estén también ustedes preparados

agosto 25, 2016

Por eso, estén también ustedes preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que menos esperan.

Texto del evangelio Mt 24,42-51 – estén también ustedes preparados

42. Por eso estén despiertos, porque no saben en qué día vendrá su Señor.
43. Fíjense en esto: si un dueño de casa supiera a qué hora de la noche lo va a asaltar un ladrón, seguramente permanecería despierto para impedir el asalto a su casa.
44. Por eso, estén también ustedes preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que menos esperan.
45. Imagínense un administrador digno de confianza y capaz. Su señor lo ha puesto al frente de su familia, y es él quien les reparte el alimento a su debido tiempo.
46. Afortunado será este servidor si, al venir su señor, lo encuentra cumpliendo su deber.
47. En verdad les digo: su señor lo pondrá al cuidado de todo lo que tiene.
48. No será así con el servidor malo que piensa: «Mi señor se ha retrasado»,
49. y empieza a maltratar a sus compañeros y a comer y a beber con borrachos.
50. El patrón de ese servidor vendrá en el día que no lo espera y a la hora que menos piensa.
51. Le quitará el puesto y lo mandará donde los hipócritas. Allí será el llorar y el rechinar de dientes.

Reflexión: Mt 24,42-51

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Mateo 24,42-51 estén también ustedes preparados

Veremos maravillas, es verdad, pero no sabemos cuándo. El Señor vendrá de un momento a otro, cuando menos lo esperemos. Así que no es buena política estar dejando nada para mañana. Hagamos todo lo que podamos hoy, como si fuera nuestro último día.

¿Qué hacer para meternos en la cabeza que debemos vivir como si estuviéramos de pasada, de visita. No centrarnos en las cosas, en los objetos, en la riqueza, sino en las personas. Es posible que los que estás viendo ahora no los veas más.

Entonces, no habrá otra oportunidad para despedirse, ni para contar aquello que preferiste hoy callar, ni para compartir una sonrisa o una caricia. Si hoy no es el último día de él o de ella, tal vez lo sea el tuyo. ¿A qué esperamos?

Por eso, estén también ustedes preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que menos esperan.

Nadie tiene la vida “comprada”, ni puede prolongarla un segundo más de lo que ya ha sido dispuesto. Ni los más reputados científicos, ni los más sabios, ni los más santos. Nos iremos cuando haya llegado el momento. Esto no depende de ninguno de nosotros.

¿Para qué guardamos? ¿Para qué acumulamos? ¿Por qué dedicarle tanto tiempo hoy al trabajo o a cualquier ocupación en desmedro de nuestros seres queridos? Sí, claro, diremos que precisamente lo hacemos por ellos.

Sin embargo, detengámonos un momento a examinar nuestras verdaderas razones. Tal vez estas desarrollando una actividad extra, que te demanda más esfuerzo, pero que te acarreará mejores ingresos ahora, o en el futuro. Pero, ¿son realmente necesarios o es que hemos caído en este círculo vicioso e inagotable del aumento de nuestro patrimonio?

Por eso, estén también ustedes preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que menos esperan.

Queremos asegurar nuestra vejez y el futuro de los nuestros. ¡Detengámonos un momento! ¡Pensemos! ¿Quedándonos esta noche trabajando y dejando de compartir estos momentos con nuestro bebe, si alguno de nosotros se va en las próximas horas, habrá valido la pena?

No nos dejemos manipular por este sistema consumista y materialista, en el que nunca será suficiente lo que logremos ganar y tener, porque siempre habrá alguien que tiene más o algo más que comprar. No es necesario tener tantos pantalones, camisas, medias, zapatillas. No tenemos que tener el último Smartphone, ni la última tablet.

Y si con nosotros empezamos a ser más contemplativos, ¿por qué no serlo también con nuestros dependientes y los resultados de nuestro negocio? ¿Es que tenemos que ser los más grandes, los mejores, los más rentables?

No descuidemos por las cosas materiales, por la riqueza, por el patrimonio a nuestros seres queridos. Más aún, enseñemos a los nuestros a compartir. Vivamos hoy como si fuera el último día de nuestras vidas.

Por eso, estén también ustedes preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que menos esperan.

Oremos juntos; visitemos juntos; sacrifiquémonos juntos. Ocupémonos hoy, a cada instante de hacer el bien. Llenemos la vida de cuantos nos rodean, empezando por los más cercanos, por aquellos a los que más nos debemos.

Si nuestra vida nos parece un desorden y un caos total, no nos aflijamos. Empecemos en este mismo momento a poner las cosas en orden. No podemos hacerlo todo. Escojamos lo más importante. Empecemos por algo.

Hagámonos el propósito de vivir haciendo lo que el Señor nos manda. ¿Y qué nos manda? Amarle a Él por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Desde este momento mostremos y demos amor a cuantos nos rodean o encontramos.

Que nadie pase por nosotros sin que le hayamos regalado por lo menos una sonrisa, nuestra atención, una oración, las Bendiciones de nuestro Señor. Si no tenemos a nadie, visitemos a nuestro vecino; llamemos al amigo o amiga aquel, al pariente. Salgamos y procuremos entablar una relación personal con aquel mendigo; preguntémosle su nombre. Seamos alguien para los demás, desde hoy hasta que se nos reclame volver.

No vayamos a los demás buscando algo o deseando encontrar aquello que queremos, vamos a darnos, a donarnos, con mucho esfuerzo por ser aquello que buscan, aunque nos cueste y cuanto más nos cueste, mejor.

Por eso, estén también ustedes preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que menos esperan.

Oremos:

Padre Santo, danos la oportunidad de aprender hoy que podemos ser aquella ayuda, aquellos oídos, aquellas manos, aquella sabiduría que los demás están buscando para iluminar su camino o aunque solo sea la compañía silenciosa que hoy necesitan…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Mateo 24,42-51 estén también ustedes preparados

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