Mateo 23,27-32 – aparecen justos ante los hombres

agosto 26, 2015

Texto del evangelio Mt 23,27-32 – aparecen justos ante los hombres

27. «¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, pues son semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia!
28. Así también ustedes, por fuera aparecen justos ante los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de iniquidad.
29. «¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque edifican los sepulcros de los profetas y adornan los monumentos de los justos,
30. y dicen: “Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!”
31. Con lo cual atestiguan contra ustedes mismos que son hijos de los que mataron a los profetas.
32. ¡Colman también ustedes la medida de sus padres!

Reflexión: Mt 23,27-32

¿Por qué el Señor se ensaña tanto contra los fariseos y los hipócritas? Es que, ciertamente es la peor actitud que podemos asumir. El cinismo, la mentira y el engaño son posiblemente lo que más daño hace a nuestra sociedad. Aparentar lo que no somos, siempre viene aparejado con algún propósito oscuro, mezquino, torcido. Queremos obtener algo que de otro modo nos sería negado, tal vez porque no lo merecemos o porque no es justo. Los políticos caen constantemente en esta tentación y es que por ganar votos son capaces de prometer y prometer cosas que saben nunca podrán cumplir. Pero poco les importa, con tal de lograr su objetivo. Total, se dicen, ya después veremos cómo hacemos. Y, lamentablemente esta es una actitud muy contagiosa; por ello ocurre que hay sociedades en las que ya nadie cree a nadie y nadie confía en nadie, como en el Perú. Justamente hace unas semanas tuvimos la suerte de visitar bellos lugares de Colombia y una de los aspectos que más nos llamó la atención fue su gente, abierta, amable, conversadora y dicharachera. Pero quedamos asombrados cuando en varias oportunidades tuvimos que pagar por servicios prestados a gente del pueblo –el traslado en una lancha, una carrera de taxi, la entrada a un evento-, y las personas recibieron los billetes y de frente los metieron a sus bolsillos, dando una sensación de confianza total. Nos llamó mucho la atención porque en nuestro país en que los presidentes dan constantes lecciones públicas de cómo mentir con la mayor cara dura y sin el menor desparpajo, cuando haces el mismo tipo de pagos, los billetes son sometidos a todas clase de pruebas en tus narices, lo que evidencia el nivel de desconfianza en el que vivimos. Así también ustedes, por fuera aparecen justos ante los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de iniquidad.

La mentira, que comienza con aquellas mentirillas inocentes, es como el peor ácido que va corroyendo la moral del pueblo hasta desaparecerla. La incapacidad para decir la verdad siempre y en toda ocasión, pretende ocultar la total falta de escrúpulos para alcanzar lo que deseamos, cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Tal actitud es sumamente perniciosa para la convivencia social. Es imposible edificar una comunidad capaz de albergar cualquier valor, con la finalidad que sea, si esta se cimienta sobre la mentira. El mentiroso compulsivo es traicionero por definición, porque llegado el caso, con tal de lograr su propósito, mirándote a los ojos, jurará por su madre y sus hijos una mentira, porque ya ha perdido todo escrúpulo. Por eso el Señor nos dice que nosotros en cambio debemos decir sí o no, simplemente, porque lo demás sobra. La tremenda irresponsabilidad en la que incurren los mentirosos es sumamente grave para lo sociedad, por ello se destaca en el Génesis que cuando Caín mató a Abel, Dios fue a buscarlo y Caín respondió con evasivas, con mentiras, como si pudiera engañar a Dios. ¿Cómo revertir este pésimo hábito que nos conduce a la perdición y a la muerte? La única forma es cambiando totalmente, como nos lo propone el Señor. Tenemos que nacer de nuevo, dejando entrar al Espíritu Santo en nosotros y renovando nuestras promesas bautismales. ¡Digamos NO a la mentira, por más pequeña que esta sea! ¡Eduquemos en la verdad a nuestros hijos! Estos son los valores que debemos cultivar. Así también ustedes, por fuera aparecen justos ante los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de iniquidad.

Lo peor de los mentirosos es que arrastran tras suyo a otros que se confabulan con ellos por ambición. El cínico, con tal de ver satisfecha sus bajas pasiones, es capaz de cualquier cosa y luego mirarte con cara de inocente, de víctima de las circunstancias. El fariseo hipócrita, urde planes malévolos, celadas para hacer caer a los ingenuos y aprovecharse de ellos. Una vez que logran la confianza en aquello que en realidad no son ni les interesa ser, aprovechan la situación para su beneficio personal, sin el menor reparo ni escrúpulo. Luego, si son descubiertos y se encuentran acorralados, jurarán enmienda, tan solo por librarse, sin la menor intención de cumplir su palabra. A la disyuntiva Dios o el Dinero, ellos han respondido por el Dinero, pero quieren hacer creer al mundo entero que tienen principios y que han decidido por Dios. A veces y por un tiempo logran engañar a sus interlocutores, pero finalmente la verdad es descubierta, porque no hay nada que pueda permanecer oculto para siempre. Cabe una mención especial al ambiente familiar, la primera escuela, donde se aprenden todas las virtudes y los vicios. Son muchas las veces que los padres enseñan a mentir a los hijos, empezando por las famosas mentiras piadosas, que de tales no tienen nada, enseñando más bien que en determinadas circunstancias se puede mentir y que la decisión de hacerlo es subjetiva y personal, lo que desde luego no es cierto, pero da inicio a una práctica que no se detendrá, ni encontrará motivos para hacerlo, en tanto no logremos lo que nos proponemos. Así también ustedes, por fuera aparecen justos ante los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de iniquidad.

Oremos:

Padre Santo, ayúdanos a perseverar siempre en la verdad y a avergonzarnos de nuestras mentiras, de modo tal que nos resulte imposible sostenerlas…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, quien vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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