Mateo 23,23-26 – no cumplen la Ley en lo que realmente tiene peso

Agosto 23, 2016

¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes pagan el diezmo hasta sobre la menta, el anís y el comino, pero no cumplen la Ley en lo que realmente tiene peso: la justicia, la misericordia y la fe.

Texto del evangelio Mt 23,23-26 – no cumplen la Ley en lo que realmente tiene peso

23. ¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes pagan el diezmo hasta sobre la menta, el anís y el comino, pero no cumplen la Ley en lo que realmente tiene peso: la justicia, la misericordia y la fe. Ahí está lo que ustedes debían poner por obra, sin descartar lo otro.
24. ¡Guías ciegos! Ustedes cuelan un mosquito, pero se tragan un camello.
25. ¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes purifican el exterior del plato y de la copa, después que la llenaron de robos y violencias.
26. ¡Fariseo ciego! Purifica primero lo que está dentro, y después purificarás también el exterior.

Reflexión: Mt 23,23-26

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Mateo 23,23-26 no cumplen la Ley en lo que realmente tiene peso

El Señor sigue arremetiendo contra los fariseos y maestros de la ley, por su hipocresía. Y es que para el Señor no hay nada posiblemente peor que el engaño y la mentira. No tolera la falsedad, la falta de autenticidad.

¿Decimos mentiras? ¿Cuántas veces al día mentimos? Muchas veces por cosas tan nimias, como ocultar un gusto o una preferencia. Otras es la hora y otras algo que hicimos que sabemos que a nuestro interlocutor le incomodará o simplemente lo rechazará.

Es lamentable que nos hemos acostumbrado de tal modo a mentir, que nos hemos vuelto tolerantes con algún tipo de mentiras, que llamamos blancas o piadosas. Lo cierto es que son igualmente mentiras y lo peor es que estas son las que nos van habituando a la mentira.

¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes pagan el diezmo hasta sobre la menta, el anís y el comino, pero no cumplen la Ley en lo que realmente tiene peso: la justicia, la misericordia y la fe.

De pronto viene la ocasión, que nadie quiere, pero en la que es necesaria una gran mentira. Entonces, posiblemente nos detengamos un momento, pero como ya estamos habituados, nos justificamos por la gravedad que reviste que se sepa la verdad, y mentimos.

Mentimos con total desparpajo para cuidar nuestra imagen y prestigio o para mantener nuestros privilegios. Mentimos tanto, que hemos creado un mentirómetro que tenemos lamentablemente grabado en nuestras mentes y conciencias.

Mentimos y engañamos con tal frecuencia que hemos llegado a creer que es normal. ¿Cuántas mentiras o hasta qué grado de mentiras se pueden tolerar en una relación de pareja o personal? Depende de la práctica.

De este modo hemos construido un mundo falso, hueco, deleznable. Por eso hemos hecho también de la desconfianza una norma. Al menos en el Perú, basta que entregues un billete, sin importar la denominación, para que el que lo recibe lo examine por el revés y el derecho, lo mire a trasluz y lo pase por un detector de billetes falsos. Poco importa si es el Papa el que entrega el billete. Desconfiamos de todo y de todos.

¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes pagan el diezmo hasta sobre la menta, el anís y el comino, pero no cumplen la Ley en lo que realmente tiene peso: la justicia, la misericordia y la fe.

¿Por qué tanta desconfianza? ¿Por qué tan generalizada? Porque hemos sido engañados una y otra vez, especialmente por los más poderosos y ricos. No es un decir pesimista, sino la descripción de la pura realidad.

Hay tal nivel de corrupción –y la corrupción empieza y se consolida con falsedades y engaños- que las personas ya no confían ni en su sombra. Entre los policías y los jueces se encuentran los más avezados delincuentes y estafadores.

¿Qué podemos decir de nuestros gobernantes? Son los primeros en engañarnos y mentirnos descaradamente. Parece una cadena, como aquellas pirámides que se forman para esquilmar a los incautos, donde los últimos, los más pobres, los inocentes siempre perderán.

¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes pagan el diezmo hasta sobre la menta, el anís y el comino, pero no cumplen la Ley en lo que realmente tiene peso: la justicia, la misericordia y la fe.

Una sociedad en la que cunde la mentira es una sociedad que rápidamente camina a la descomposición social y moral, donde muy pronto aparece la violencia para enturbiarlo y deteriorarlo todo, donde son los más pobres y desvalidos los que pagan las peores consecuencias.

Por eso el Señor condena a los fariseos y maestros de la ley, porque son ellos los que con su hipocresía conducen al mundo entero a la injusticia, a la degradación, a la pobreza y la perdición. Nada puede ser peor que perder todo escrúpulo y a eso conduce la mentira habitual y el engaño.

Lo podemos constatar en la política y el proceder de los políticos, que han encontrado el mejor eufemismo para ocultar sus mentiras, engaños y fechorías en la palabra “política” a la que recurren como si tuviera la capacidad mágica de limpiar sus inmundicias.

Los verdaderos cristianos no podemos compartir ni reeditar tal comportamiento, por el contrario debemos denunciarlo, pero no podremos hacerlo si no luchamos siempre por hacer que la Verdad prevalezca, aun a costa de nuestras propias vidas. Para eso tenemos el apoyo de la Gracia inconmensurable de Dios. Esta es la que debemos pedir cada día en nuestras oraciones. Solo con la ayuda de Dios terminaremos con la obra de Redención que Jesucristo nos ha encomendado.

¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes pagan el diezmo hasta sobre la menta, el anís y el comino, pero no cumplen la Ley en lo que realmente tiene peso: la justicia, la misericordia y la fe.

Oremos:

Padre Santo, ayúdanos a combatir la mentira y el engaño, viviendo siempre en la verdad. No permitas que caigamos en la tentación de la hipocresía y la falsedad…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Mateo 23,23-26 no cumplen la Ley en lo que realmente tiene peso

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