Mateo 22,34-40 – Toda la Ley y los Profetas

Agosto 19, 2016

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el gran mandamiento, el primero. Pero hay otro muy parecido: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Toda la Ley y los Profetas se fundamentan en estos dos mandamientos.

Texto del evangelio Mt 22,34-40 – Toda la Ley y los Profetas

34. Cuando los fariseos supieron que Jesús había hecho callar a los saduceos, se juntaron en torno a él.
35. Uno de ellos, que era maestro de la Ley, trató de ponerlo a prueba con esta pregunta:
36. «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la Ley?».
37. Jesús le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.
38. Este es el gran mandamiento, el primero.
39. Pero hay otro muy parecido: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
40. Toda la Ley y los Profetas se fundamentan en estos dos mandamientos.»

Reflexión: Mt 22,34-40

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Mateo 22,34-40 Toda la Ley y los Profetas

El Señor es categórico en Sus respuesta y especialmente en esta. No deja lugar a dudas. Que no le comprendamos o que comprendiéndole busquemos darle una interpretación distinta, es otra cosa.

Para el Señor no hay dudas, ni existen matices, ni demasiadas argumentaciones y explicaciones. Así que tal vez debíamos sospechar de nuestro propio razonamiento cuando necesitamos darle tanta vuelta a las cosas.

Hemos hecho de la Palabra del Señor algo incomprensible, solo para iniciados, tal vez con el único propósito de evitar cumplirla, porque nos incomoda. Así, no solo no hacemos lo que nos manda, sino que encima lo ocultamos a los demás.

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el gran mandamiento, el primero. Pero hay otro muy parecido: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Toda la Ley y los Profetas se fundamentan en estos dos mandamientos.

Sin embargo, según lo que el mismo Señor nos enseña aquí, bastaría con que memoricemos estas líneas para tener y dominar toda la Sabiduría necesaria. Si buscamos un qué y un para qué en la vida, esta es la respuesta. No hay más, así que ya la hemos encontrado y por lo tanto podemos dejar de buscar.

Es cierto, es preciso masticarla y asimilarla, pero ya podemos prescindir de más libros, universidades y cursos. Nadie más nos enseñará algo que sea de mayor utilidad para alcanzar el verdadero y único sentido de la vida.

Para eso es que vivimos y cualquier cosa que nos distraiga y saque de este propósito, podemos considerarla una pérdida. No lo decimos nosotros, nos lo dice Jesucristo. De este modo, si cada mañana leemos, meditamos, reflexionamos y nos proponemos actuar conforme a estos dos mandatos, tendremos Vida Eterna.

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el gran mandamiento, el primero. Pero hay otro muy parecido: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Toda la Ley y los Profetas se fundamentan en estos dos mandamientos.

¿Qué otra cosa podemos buscar en la vida que sea superior a lo que Cristo nos promete? No hay absolutamente nada que lo supere. Por lo tanto, si queremos llevar una vida pródiga y ejemplar, asegurémonos de cumplir estos dos mandamientos.

¿No es fácil? Claro que no. Nadie dijo que lo fuera, pero no hay nada más simple de aprender y recordar, al menos teóricamente. El reto es cómo cumplir con estos mandamientos en mi trabajo, en mi profesión, en las relaciones con mis parientes, amigos o compañeros.

No, no es fácil. Pero la única medida, el único criterio verdaderamente válido que debemos usar para planificar nuestros actos, para obrar cada día, a cada instante y en cualquier circunstancia ha de ser cuan cerca y ajustado es nuestro comportamiento a estos dos únicos mandatos.

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el gran mandamiento, el primero. Pero hay otro muy parecido: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Toda la Ley y los Profetas se fundamentan en estos dos mandamientos.

Puede no ser fácil de cumplir, pero al menos son fáciles de aprender y recordar. Hagámonos el firme propósito de leer cada mañana estos mandamientos y esforzarnos en seguirlos cada día. Recordemos que seremos juzgados por el amor.

¿Qué otra cosa puede importarnos más que alcanzar la Vida Eterna? Si no hemos caído en cuenta que esto es lo más importante, es obvio que no hemos comprendido a Jesús. Pidamos a Dios que nos de la Gracia de oírle, creer en Él y hacer lo que nos manda.

La vida es un Don único, que no debemos desperdiciar. Por ello es preciso enfocarnos y no desistir de nuestros propósitos. ¡Qué importante resulta la perseverancia! Para lograrla debemos orar incansablemente, porque no lograremos alcanzar este propósito si no es con la Gracia de Dios. Todo aquello que nos parece imposible, será realizable con la ayuda de Dios.

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el gran mandamiento, el primero. Pero hay otro muy parecido: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Toda la Ley y los Profetas se fundamentan en estos dos mandamientos.

Oremos:

Padre Santo, danos la lucidez suficiente para entender y hacer el propósito de nuestras vidas el cumplimiento de estos dos mandatos. Danos fe y perseverancia para no flaquear en nuestro día a día. Fortalécenos por la frecuente participación en los Sacramentos…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Mateo 22,34-40 Toda la Ley y los Profetas

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