Mateo 21,33-43.45-46 – Se les quitará el Reino de Dios

febrero 26, 2016

Texto del evangelio Mt 21,33-43.45-46 – Se les quitará el Reino de Dios

33. «Escuchen otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó.
34. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos.
35. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon.
36. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera.
37. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: “A mi hijo le respetarán.”
38. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: “Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia.”
39. Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron.
40. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»
41. Dícenle: «A esos miserables les dará una muerte miserable arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo.»
42. Y Jesús les dice: «¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?
43. Por eso les digo: Se les quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos.»
45. Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos.
46. Y trataban de detenerle, pero tuvieron miedo a la gente porque le tenían por profeta.

Reflexión: Mt 21,33-43.45-46

¿Cuántas veces nos habremos detenido a reflexionar esta lectura? Primera vez que puedo sentir claramente una advertencia. Todos volteamos a otro lado y nos hacemos los locos, como si la cosa no fuera con nosotros. Si son los sumos sacerdotes y los fariseos los que inmediatamente se dan por aludidos, será para ellos que está dirigida la parábola ¿no es cierto? Ya puedo oír a algunos de nuestros sacerdotes -los pocos que todavía hacen homilías en día de semana-, explicando quienes son los sumos sacerdotes y quienes los fariseos…personajes a dos mil años de distancia de nosotros, es decir, nadie que pueda quitarnos el sueño; allá ellos. ¿Es así? Me recuerda a un compañero de carpeta en el colegio, hace más de 50 años, que molestaba a todo el mundo tirando papelitos o migajas de pan, hasta que el profesor volteaba y lo cogía infraganti, llamándole la atención desde un extremo de la clase y el cínicamente volteaba a mirar a su compañero de la siguiente carpeta, sin asumir su responsabilidad y pretendiendo sembrar la duda de quién había cometido en realidad la travesura. Pero lo que se puede contar como una anécdota infantil no es válido con el Señor, ni con la vida misma; los sumos sacerdotes y los fariseos no pueden hacerse los locos, pues saben muy bien que se dirige a ellos. ¿Y nosotros? ¿Estamos exentos de falta? Han pasado 2mil años, el Propietario efectivamente cambio de arrendatarios, de conductores del predio, ¿han cambiado los resultados? ¿A quién se está dirigiendo por lo tanto el Señor? ¿Quiénes tenemos responsabilidad sobre la producción de este viñedo? Por eso les digo: Se les quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos.


El Señor es Misericordioso, lo repetimos a cada rato y lo oímos decir una y otra vez. Es que su Misericordia no tiene límites. Entonces donde encaja la amenaza. No puede existir tal, porque entonces sería una contradicción y el Señor jamás se contradice. ¿Cómo entenderlo? Veamos. Nada de lo que nos rodea es nuestro. Todo nos ha sido confiado temporalmente con un propósito. Hemos de dar frutos que tampoco serán nuestros, sino que debemos dárselos al Propietario del lagar. ¿Todos? ¡No, tan solo lo justo, lo que le corresponde! Pero lo que no podemos hacer por ningún motivo es apropiarnos de todo y disponer de ello a nuestro regalado gusto, a sus espaldas y mucho menos desconociendo y aun matando a sus emisarios. ¡Eso no lo podemos hacer! ¡Constituye una salvajada, una barbaridad! Tendríamos que recibirlos, escucharlos, ponernos de acuerdo y darles lo que les corresponde. Siendo Justo y Misericordioso, ¿no habría de dejarnos lo que necesitamos? ¿Por qué ambicionar más de lo que nos corresponde? ¿Por qué disponer de lo que no es nuestro? Tenemos asegurado lo que necesitamos y tan solo debemos distribuirlo equitativamente. ¿Será tal vez que no queremos que los emisarios se enteren que estamos haciendo una distribución arbitraria y sujeta al capricho de los más fuertes y poderosos, aprovechándonos de los más débiles e indefensos? ¿Preferimos silenciarlos antes que vayan con un mal informe al Propietario de la Viña? ¿A qué extremo llega nuestra rapiña que estamos dispuestos a tenderle una celada incluso a Su Hijo? ¿Cuánto tiempo podremos demorar esta rendición de cuentas? ¿Cuánto tiempo tardará en descubrirse nuestra patraña? Ninguna mentira puede sostenerse por siempre. Tarde o temprano la Verdad sale a relucir. Entonces, ¿qué ocurrirá? Por eso les digo: Se les quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos.

¿Será por eso el Propietario injusto, vengativo, rencoroso, castigador? ¿No estuvo siempre en nuestras manos nuestro destino? ¿No supimos desde el comienzo las reglas? ¿No supimos que se nos entregaba el viñedo en administración temporal y que al final del período debíamos devolverlo con la parte de los frutos que le correspondía al Propietario? ¿No teníamos que haber procedido de otro modo? ¿Por qué no hicimos lo correcto? ¿No sabíamos? ¿O tal vez no quisimos? ¿O tal vez quisimos aprovecharnos de alguien? ¿De quién? ¿De nuestro hermano que es enfermo, de nuestros ancianos padres, del vecino “bonachón”, de la viuda, del niño, del débil…? ¿Por qué? ¿Nos hacía falta, queríamos más para no trabajar en el futuro, ambicionábamos más, deseábamos más, merecíamos más, trabajábamos más, éramos más astutos…? Sabíamos que la hora de la entrega definitiva llegaría inexorablemente, ¿no tendríamos que habernos preparado apropiadamente? ¿A quién culparemos? Nada de esto nos es ajeno, porque fuimos creados con inteligencia, voluntad y libertad, las habilidades y destrezas necesarias para tomar las decisiones adecuadas. Incluso, llegado el tiempo y luego de varios emisarios el Propietario envió a Su Hijo para decirnos lo que debemos hacer, para salvarnos. ¿Qué debemos hacer? ¡Oírle y obedecerle! O atenernos a las consecuencias de nuestros propios actos, de nuestras propias decisiones. ¡No seamos necios! ¡El Señor es el único capaz de cambiarnos para que obtengamos provecho de nuestras miserias! ¡Convirtámonos y creamos en el Evangelio! Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios. ¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? Por eso les digo: Se les quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos.

Oremos:

Padre Santo, danos la Gracia de reconocer cuánto nos has amado aun antes de que existamos, de amarte y de obrar según Tus Planes, para alcanzar Tus promesas…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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