Mateo 2,13-18 – envió a matar a todos los niños

Diciembre 28, 2016

Envió a matar a todos los niños

Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo

Texto del evangelio Mt 2,13-18

13. Después que ellos se retiraron, el Angel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle.»
14. El se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto;
15. y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.
16. Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos.
17. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías:
18. Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen.

Reflexión: Mt 2,13-18

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Mateo 2,13-18 envió a matar a todos los niños

Hoy vamos a reflexionar en torno a lo difícil que nos resulta aceptar la Voluntad de Dios. Algunos no queremos ni si quiera oír que se nos mencione a Dios. Lo rechazamos de diversas maneras, que van desde unos diplomáticos “oídos sordos”, hasta la burla, el insulto y la persecución.

El Señor ha venido al mundo a restaurarlo todo. A poner cada cosa en su debido lugar. Esto es algo que no queremos aceptar quienes nos hemos acostumbrado a hacer lo que nos da la gana. En general se trata de soberbia disfrazada de madurez, entre otras cosas.

Creemos que siendo mayores o creyendo que tenemos la madurez suficiente, nadie puede venir a imponernos nada, ni el mismo Dios. Si esto ocurre entre quienes nos decimos católicos, podemos imaginar cómo será entre quienes se declaran abiertamente ateos.

Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo

Hemos dejado que se arraiguen ciertas ideas en nuestro interior, contrarias a Dios y los Evangelios. A veces simplemente por pura desidia, es decir, por no habernos esforzado en leer, conocer y entender la Palabra de Dios.

La negamos simplemente porque está de moda hacerlo. Porque ya “nadie” cree en Dios. Al menos no en la forma en que nos enseñaron nuestros padres y abuelos. Ahora cada quien cree a su manera. Eso es lo que propone y permite el sistema al que hay que adaptarse.

Todos pugnamos por adaptarnos del modo más patente, porque eso es lo óptimo. Dios –para quien quiera creer en Él- y la religión han de ser algo íntimo, privado, según los dictados del todopoderoso sistema, al que sin darnos ni cuenta hemos endiosado.

Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo

¿Por qué? Porque hemos creído que este nos ofrece el éxito y con él, la felicidad. Y, como todos queremos ser felices, nos hemos uniformizado, bajo la égida del capital. Todo lo que produzca riqueza y permita atesorarla será bienvenido y aquilatado.

Todo aquello que se oponga a los dictados prácticos y utilitaristas del capital debe ser combatido, no solo rechazado. Toda nuestra mente, todo nuestro ser debe estar dedicado a producir y acumular riqueza, porque solo esta parece ofrecernos la felicidad que buscamos.

La cultura, la educación y el modo de pensar consagrado a favor del Dinero nos dictan que el poder y la riqueza bien valen cualquier sacrificio. Y este límite, esta frontera se ha ido ampliando y profundizando derribando bastiones éticos que antes parecían inamovibles.

Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo

Este culto al poder y la riqueza llevaron a Herodes a un extremo inhumano y brutal. Es así que se dispuso a perseguir y matar a todos los niños que habían nacido por aquel tiempo y lugar, con la pretensión de matar a Jesús.

¿Por qué resulta Jesús tan incómodo? Porque entonces como hoy, Jesucristo, el Hijo de Dios viene a salvarnos. Y nuestra salvación pasa por darle a Dios Su verdadero lugar en nuestras vidas: el Centro. El amor a Dios y al prójimo ha de ser la razón de nuestras existencias.

Hemos sido creados por Dios para ser felices y vivir eternamente. Ello solo es posible si somos capaces de amar como el Señor Jesucristo nos ha enseñado. Él, con su vida, muerte y resurrección nos ha dado ejemplo. Nos ha mostrado el Camino.

Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo

¿A quién le creemos? ¿Le creemos a Dios o al Dinero? No se puede servir a dos señores. O estamos con uno o estamos con el otro, porque ambos se contraponen. Como no podemos estar con los dos, los más radicales, como Herodes, empiezan negándolo, luego rechazándolo y finalmente buscan matarle, acabar con Él.

Dios es contrario al poder y la acumulación de riquezas, no porque estas sean malas, sino que al ponerlas en primer lugar, nos conducen a un egoísmo despiadado que finalmente nos lleva a la indiferencia y a la muerte.

Solo el amor nos conduce a la felicidad y a la vida eterna para la cual fuimos creados. Solo podremos alcanzarlas si creemos en Dios. Creer en Dios significa optar por Él en la vida. Quien ama a Dios, ama al prójimo. Ese es el Camino de nuestra Salvación.

Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo

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