Mateo 21,28-32 – los publicanos y las rameras

diciembre 13, 2016

Los publicanos y las rameras

Porque vino Juan a ustedes por camino de justicia, y no creyeron en él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en él. Y ustedes, ni viéndolo, se arrepintieron después, para creer en él.

Texto del evangelio Mt 21,28-32

28. «Pero ¿qué les parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: “Hijo, vete hoy a trabajar en la viña.”
29. Y él respondió: “No quiero”, pero después se arrepintió y fue.
30. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: “Voy, Señor”, y no fue.
31. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» – «El primero» – le dicen. Díceles Jesús: «En verdad les digo que los publicanos y las rameras llegan antes que ustedes al Reino de Dios.
32. Porque vino Juan a ustedes por camino de justicia, y no creyeron en él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en él. Y ustedes, ni viéndolo, se arrepintieron después, para creer en él.

Reflexión: Mt 21,28-32

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Mateo 21,28-32 los publicanos y las rameras

Nada nos gusta más que los elogios. Las reprimendas son para los demás. Por eso hoy, ante las duras palabras del Señor, más de uno de nosotros volveremos nuestros ojosa ver a otros. O trataremos de pensar a quién se las dirige en términos históricos.

Pocos habremos que reconoceremos hidalgamente que el Señor se está dirigiendo a cada uno de nosotros, con nombre y apellido. ¡Sí! Pues cuantos hemos oído hablar de Jesús, sabemos perfectamente quién es y aun decimos que creemos, pero nuestra vida sigue igual.

Los que se oponen a Dios, los que lo niegan, por lo menos hacen efectivamente eso con su estilo de vida. En cambio, nosotros decimos creer, pero seguimos haciendo exactamente lo mismo. La fe no se confiesa con palabras, sino con obras

Porque vino Juan a ustedes por camino de justicia, y no creyeron en él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en él. Y ustedes, ni viéndolo, se arrepintieron después, para creer en él.

El Señor no le está hablando a los participantes más lejanos de un espectáculo, a desconocidos, a personas anónimas. No está hablando a los espectadores que se encuentran en la tribuna o en el balcón, mirando. ¡No! Nos está hablando a nosotros.

A los que estamos cerca, a los que le conocemos, a los que tantas veces hemos oído su palabra y hemos dicho sí Señor, tienes razón, por eso te amo y te sigo. Pero no damos ni un paso confirmando nuestras palabras, sino que seguimos con nuestra misma vida acomodada e indiferente.

Seguimos cayendo en las mismas tentaciones. Seguimos haciendo lo mismo que antes de conocerlo. Así, qué importancia práctica tiene Dios en nuestras vidas. ¿En qué se manifiesta? Somos como el hijo que dice si, si, pero al final no obedece.

Porque vino Juan a ustedes por camino de justicia, y no creyeron en él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en él. Y ustedes, ni viéndolo, se arrepintieron después, para creer en él.

Nosotros juzgamos a todo el mundo y vamos endilgando calificativos, desmarcándonos de los vividores, corruptos y licenciosos. Pero somos los primeros en festejar chistes irreverentes, en asistir a comilonas, borracheras y todo tipo de perversiones.

¿Acaso no mentimos para salvar nuestro prestigio o la palabra empeñada? ¿Acaso no somos los primeros en sostener la pornografía cayendo en su tentación una y otra vez? ¿Y qué diremos del licor? Caemos en sus garras en cuanta ocasión se nos presenta.

No solo eso, sino que estamos dispuestos a guardar silencio cuando se nos otorga algún privilegio, por más injusto que este sea. Si estamos contados entre los beneficiarios, callamos. Solo protestamos frente a una injusticia cuando esta nos afecta. ¿Si o no?

Porque vino Juan a ustedes por camino de justicia, y no creyeron en él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en él. Y ustedes, ni viéndolo, se arrepintieron después, para creer en él.

¿En qué nos diferenciamos de publicanos y rameras? Estos manifiestan más consecuencia que nosotros, pues actúan coherentemente con lo que manifiestan creer. En tal sentido su fe es mayor a la nuestra, porque no dicen una cosa y hacen otra.

Las palabras del Señor son realmente duras. Se dirigen a nosotros para que reaccionemos. Para que de una vez por todas nos decidamos, porque no podemos ir por la vida con esta pereza y esta tibieza. El agua estancada, termina por apestar y podrirse.

Seamos coherentes. Actuemos como adultos. Asumamos nuestra posición con valentía. O estamos con Dios o estamos con el Dinero. No podemos servir a los dos. No digamos que no cuando es que sí, ni sí cuando es que no. El seguimiento del Señor requiere decisión, coherencia valentía.

Porque vino Juan a ustedes por camino de justicia, y no creyeron en él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en él. Y ustedes, ni viéndolo, se arrepintieron después, para creer en él.

No basta confesar de palabra. No basta confesar con los labios. Hay que ser coherentes y manifestar nuestra fe con la vida misma. Cada uno de nuestros actos, por más pequeños y privados que nos parezcan, grita al mundo nuestra fe.

No se trata de cambios cosméticos, sino de cambios profundos que deben manifestarse en lo que hacemos, en nuestro modo de vida. En cada detalle, y no solamente en nuestra vida de oración. El infierno está plagado de buenas intenciones.

Vivamos cristianamente. No nos dejemos seducir por el mal. Obremos coherentemente. Planifiquemos nuestro día. Hagámonos buenos propósitos y cumplamos aquello que sabemos debemos hacer, por más que nos cueste e incomode.

Porque vino Juan a ustedes por camino de justicia, y no creyeron en él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en él. Y ustedes, ni viéndolo, se arrepintieron después, para creer en él.

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