Mateo 20,17-28 – dar su vida como rescate

marzo 15, 2017

Dar su vida como rescate

…el que quiera ser el primero entre ustedes, será su esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.

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Mateo 20,17-28 dar su vida como rescate

Puedes leer el Evangelio aquí. 

Reflexión: Mateo 20,17-28

Este es un episodio que retrata nuestra humanidad. Siempre estamos como divididos; tan cerca y a la vez tan lejos. Nos cuesta desprendernos de nosotros mismos. Dejar de ser el propio centro de nuestras vidas y pasar a poner el centro en Dios, es algo que nos resistimos a asumir.

Es preciso ejercitarnos mucho en esta práctica y creemos entender que en esto precisamente consiste la CONVERSIÓN. Dejar de ver el mundo con nuestros ojos, dejar de percibirlo bajo nuestra limitada perspectiva, en la cual todo aparece en función de nuestra comodidad, de nuestro gusto, de nuestro razonamiento, de nuestro parecer…Incluso de nuestros deseos e instintos.

¿Es posible esta dislocación? Dejar de pensar en mi comida, en mi abrigo, en mi aseo, en mi orden, en mis tareas, en mis obligaciones, en mis privilegios, en mis ilusiones, en mis suposiciones, en mis esperanzas, en mis alegrías, en mis penas y dolores…Dejar de ser el centro de mi vida ¿es posible?

Bien reflexionado, parece imposible. Sin embargo, no bien vamos dando esta respuesta, nos asalta una idea que nos ha dado a conocer el Señor: ¡Nada es imposible para Dios! Esto es como un rompecabezas, en el que poco a poco, según vamos andado en nuestro proceso de conversión, cada pieza va cayendo y ocupando su lugar.

…el que quiera ser el primero entre ustedes, será su esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.

¿Es que este “nada es imposible para Dios” podía referirse también a este proceso? Tenemos que concluir en que ha de ser. Dios ha hecho muchas cosas que a cualquiera nos parecerían imposibles. Todo su desempeño y relación con nosotros está basado en imposibles. Es sobre la aceptación de una serie de imposibles que se levanta nuestra existencia.

De allí que finalmente la última explicación posible para todo es Dios. Sin Su Voluntad, sin Su Palabra, nada existiría. Nosotros somos Sus Criaturas. Nos ha creado por amor, con el propósito que seamos felices y vivamos eternamente. Si esta es Su Voluntad, siendo razonables y lógicos, este debía ser nuestro principal empeño.

¿Por qué no escucharle y hacer lo que nos manda, si con ello estaremos cumpliendo el propósito para el cual fuimos creados –con lo que le daremos gusto-, y al mismo tiempo seremos felices. Al centrarnos y concentrarnos en escuchar y hacer lo que nos manda, es decir, en Él, ¿no estaremos alcanzando lo que nos conviene y por lo tanto la felicidad?

Consecuentemente, ¿qué debíamos hacer? ¡Centrarnos en Dios! Hacer de Él nuestro principio y fin. Vivir por Él, para Él y con Él. ¿Por qué no lo hacemos? ¡Por falta de fe! Dudamos que esto sea así y tendemos a oír ciertas voces internas que nos recomienda no fiarnos del todo, ni soltar lo que tenemos. Así, nos aferramos a nuestros pensamientos, a nuestras ideas y a todo lo que tenemos, empezando por la vida, como si preservarla dependiera de lo que hacemos y perderla, de lo que dejáramos de hacer.

El Señor nos dice todo lo contrario. Dios lo ha previsto todo. Por lo tanto, nuestra actitud debía ser de plena y total confianza, aun en aquellas situaciones en las que nuestra vida parece amenazada. Por ello, llegado el caso, no tendríamos por qué temer poner en juego nuestra propia vida para la salvación de los demás. Jesucristo mismo hizo esto, enseñándonos el Camino. Él dio Su vida como rescate por muchos.

Esta misma debe ser nuestra actitud. Estar dispuestos a la entrega y al sacrificio total. Nos da miedo, porque no llegamos a fiarnos. Tenemos una lógica mundana que es en realidad una trampa que obstaculiza nuestra salvación. Tenemos que desprendernos de ella; acallarla. Solo entonces veremos el mundo como el Señor lo ve y estaremos dispuestos a amar sin condiciones; hasta el extremo y sin reservas. Esta es la llave del Reino de los Cielos, la entrada a la felicidad plena y la vida eterna.

Es preciso cambiar de actitud. El asunto está en que solos no podremos. ¡Eh ahí el “secreto”! No es algo que deba estar librado a nuestras fuerzas, a nuestra capacidad. Si nos empecinamos en caminar solos, no lo alcanzaremos. Es preciso andar con el Señor y Él para eso nos extiende la mano. Él está esperándonos. Solo es preciso escucharle y hacer lo que nos manda. Pero ¿cómo superar nuestros temores y dudas? Mediante la oración. Debemos orar incansablemente. Pedir su ayuda. Esta es la actitud que debemos tener y fortalecer. Saber que sin Él será imposible, pero con Él todo será posible.

Esto calza como anillo al dedo, pues para caminar a Él Cristo nos ha dejado al Espíritu Santo. Él instauró la Eucaristía para alimentar nuestra fe y nuestra alma, como verdadera comida y verdadera bebida. Acudamos a Él en oración y confiemos ciegamente en Su Voluntad. Entreguémonos sin reservas, sin esperar nada a cambio y alcanzaremos la Vida Eterna, para la cual fuimos creados. Todo está listo. Todo está preparado. Solo se requiere nuestra decisión.

No hagamos como los discípulos en este texto. Centrémonos en lo que de verdad importa. Lo demás es superficial, frívolo, accesorio. Pidamos al Señor que nos de la Gracia de la Perseverancia en la Fe. Que no desistamos del amor a Dios y a nuestros hermanos, por más difíciles que nos parezcan las circunstancias. Todo esto pasará, más pronto de lo que creemos y entonces nos encontraremos en el Reino de los Cielos. Que así sea. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo que vive y reina contigo por los siglos de los siglos, amen.

…el que quiera ser el primero entre ustedes, será su esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.

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