Mateo 19,3-12 – hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos

agosto 14, 2015

Texto del evangelio Mt 19,3-12 – hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos

3. Y se le acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: «¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?»
4. El respondió: «¿No han leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra,
5. y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne?
6. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre.»
7. Dícenle: «Pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla?»
8. Díceles: «Moisés, teniendo en cuenta la dureza de su corazón, les permitió repudiar a sus mujeres; pero al principio no fue así.
9. Ahora bien, les digo que quien repudie a su mujer – no por fornicación – y se case con otra, comete adulterio.»
10. Dícenle sus discípulos: «Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse.»
11. Pero él les dijo: «No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido.
12. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda.»

Reflexión: Mt 19,3-12

Esta palabra quema, sin embargo vamos a tomarla y esforzarnos por reflexionarla con ayuda del Señor. No puede dejar de llamar la atención lo que nos dice el Señor, con una cierta reserva, pues nos anticipa que no todos podemos entender este lenguaje. ¿Estaremos entre aquellos a los que se les ha concedido? No sabemos, sin embargo intentaremos llevarlo a la reflexión. Hay algunos aspectos que están especialmente dedicados al pueblo que lo seguía y especialmente a sus discípulos, dentro del contexto histórico social en el que viven. Aunque no lo dice explícitamente, la fornicación parece ser el único motivo aceptado para repudiar a su mujer. Al parecer esto estaba así establecido y para algunos podía parecer razonable, en tanto que para otros era un ataque directo al matrimonio, al punto que, siendo así, no valía la pena casarse. Los hombres quieren tener la posibilidad de repudiar a sus mujeres no solo por fornicación, sino por cualquier otra razón bien fundamentada y razonable, según las costumbres. No caen en la cuenta que para el Señor, hombre y mujer tienen la misma dignidad y no puede decidir unilateral y abusivamente el hombre cuando la deja. Y es que para el Señor hay algo más importante en la relación matrimonial que la comodidad, satisfacción y beneplácito del hombre. Para Jesucristo ella también cuenta. Y salvo por fornicación, no encuentra ningún motivo para repudiarla. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda.

Pero el Señor va mucho más allá; no es casual que se refiera a eunucos que nacen así, distinguiéndolos de los que se hacen así por el Reino de los Cielos. ¿No podemos ver aquí por un lado una férrea defensa de la fidelidad y por otro una clara defensa al celibato? Vamos por partes. Veamos primero lo referente a la fidelidad. No se trata que el hombre tenga el privilegio de ser promiscuo, en tanto la mujer le debe lealtad. Ambos se deben respeto mutuo y aquello de ser permisivo y tolerante con los maridos infieles no va con Jesús. No tiene ningún sentido entonces que el hombre mantenga una vida privada separada de la que lleva con su mujer; una vida, diríamos paralela. Ambos tienen deberes y derechos. El Señor rechaza los privilegios que se irroga el hombre para repudiar a su mujer casi a su antojo, con el beneplácito de los de su género y la sociedad en su conjunto, como si ella fuera un ser de segunda clase. El hombre tiene que ser fiel y leal, tanto como se le exige a la mujer. La única salvedad es la fornicación, que ha de ser rechazada para los dos, y no solo para la mujer, como se pretende. Es aquí que entra la alusión a los eunucos, que es como voluntariamente y por el Reino deben considerarse los maridos con respecto a otras mujeres. No se trata tanto de una obligación como de una decisión voluntaria. No es entonces que está prohibido y por eso no lo hago, sino que no lo hago porque no lo quiero, porque soy fiel y leal por amor, por el Reino de los Cielos. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda.

Del mismo modo, aquí encuentra su fundamento el celibato. Tantas veces, quienes no pueden entender estas líneas, manifiestan su preocupación por el celibato de los sacerdotes, como si fuera algo anti natural, algo imposible de sostener, sin poder entender que el hombre, el verdadero hombre, debe tener y ejercer dominio sobre sí, siempre, de tal modo que no tiene por qué ser esclavo de ninguna pasión, por más satisfactoria y delirante que esta sea. El sacerdote decide libremente abstenerse de llevar una vida sexual activa, porque reconoce que la finalidad de la misma debe ser la procreación, a través de la unión conyugal, lo cual siendo hermoso, sin embargo decide dejarlo fuera de sus posibilidades, de su alcance, porque desea entregarse totalmente al servicio de su comunidad. Es otra forma de lealtad y fidelidad a la comunidad, que libremente escoge y que decide no defraudar porque ha decidido trabajar al cien por ciento dedicado a los demás, sin reservarse nada, ni si quiera un segundo de intimidad. Esto es algo que libremente ha decidido ofrecer por el Reino. No es mejor ni peor que la vida matrimonial, pero una vez decidido y ofrecido así al Señor, comprende que lo que debe es lealtad a esta decisión y coherencia. Los sacerdotes no son, entonces, pobrecitos y desdichados, como tampoco lo son los esposos fieles. Es el amor y virtudes como la fidelidad y la lealtad las que nos abrirán las puertas del Reino de los Cielos y quién escoge dirigirse a allí por encima de todo, escoge bien, escoge lo mejor, lo correcto. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda.

Oremos:

Padre Santo, que no nos dejemos arrastrar por el viejo y trillado argumento que “todos lo hacen”. Que tengamos el coraje de decidir lo que debemos hacer para alcanzar el Reino y perseverar en este empeño hasta alcanzarlo…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, quien vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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