Mateo 19,13-15 – Dejen a esos niños

Agosto 13, 2016

Jesús les dijo: « Dejen a esos niños y no les impidan que vengan a mí: el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos.»

Texto del evangelio Mt 19,13-15 – Dejen a esos niños

13. Entonces trajeron a Jesús algunos niños para que les impusiera las manos y rezara por ellos. Pero los discípulos los recibían muy mal.
14. Jesús les dijo: «Dejen a esos niños y no les impidan que vengan a mí: el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos.»
15. Jesús les impuso las manos y continuó su camino.

Reflexión: Mt 19,13-15

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Mateo 19,13-15 Dejen a esos niños

Nuevamente insiste el Señor con los niños. Tal vez anticipando este periodo tan oscuro que venimos atravesando en lo que respecta al trato que damos a los niños. Si en tiempo de Jesucristo tanto los niños como as mujeres eran tenidos por poca cosa, hoy no hemos mejorado mucho a este respecto.

Por todo lado la niñez y la juventud están especialmente amenazadas. Como si no fuera suficiente con el abuso cometido contra ellos dándoles los trabajos más denigrantes y peligrosos, haciéndolos trabajar como topos en las minas, sin ningún derecho y con pagas ridículas, ahora se los esclaviza y explota sexualmente.

No se quiere a los niños en ninguna forma. Parecen un estorbo, un mal necesario y escasamente aguantable en una sociedad hedonista, dominada por adultos, que quieren saber muy poco de los dos extremos, es decir de los viejos y de los niños. De ambos quiere deshacerse.

Jesús les dijo: « Dejen a esos niños y no les impidan que vengan a mí: el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos.»

Los niños no solamente afean la figura de la mujer que quiere verse siempre hermosa y siempre joven, sino que trunca su carrera profesional y constituyen una carga para las familias que han puesto toda su atención en el logro de comodidades, lujos y placenteras vacaciones.

Hombres y mujeres trabajan como “burros”, totalmente alienados y esclavizados por el consumismo. Necesitan tener muchas cosas y alcanzar un “estilo de vida” para ponerse a pensar en el poco deseable objetivo de criar y educar a un hijo. Se prefieren a las mascotas, antes que a los hijos.

Finalmente, si les resulta imposible sostener la presión, se embarcarán en uno o a los sumo dos hijos, a los que tendrán que aguantar, con el enorme desequilibrio económico que traerán a sus vidas, además del social, sicológico y emocional. El mundo no está para niños, así que tendrán que adaptarse y hacerse adultos cuanto antes, despachándolos al colegio a los tres años e incluso antes.

Jesús les dijo: « Dejen a esos niños y no les impidan que vengan a mí: el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos.

Tras un breve período de descubrimientos y juegos muy rápidamente pasarán a estar bajo la tutela de la tecnología: televisión, juegos electrónicos, celulares, tabletas y computadoras pasan a ser quienes proponen su agenda de actividades educativas y distractivas. Muy pronto monopolizarán su tiempo.

Estos aparatos y lo que es capaz de ofrecer el sistema educativo que también los utiliza, ocuparán el 50 a 60 por ciento de su tiempo. Si tenemos en cuenta que entre el 30 y 35 por ciento lo pasarán durmiendo y 10 transportándose o en tareas domésticas, con las justas les queda algo más de 5 por ciento para compartirlo con sus padres, en familia.

A esto se reduce el tiempo que los adultos -sus padres-, dedican a estos niños poco deseados. Si a ello sumamos el tiempo que los padres dedican a su propias distracciones y diversiones, muy pronto empiezan a pasar días en los que escasamente cruzan palabras, hasta que ya no lo hacen más. El diálogo se limita al tiempo, la velocidad, las notas, las compras…todo externo y superfluo.

Jesús les dijo: « Dejen a esos niños y no les impidan que vengan a mí: el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos.

Si a ello agregamos que ya los padres no creen en Dios y por eso han decidido suprimirlo en las vidas de sus hijos, tenemos un panorama en que hay muy poco lugar para la reflexión y para crecer y madurar en autonomía. ¿Qué les vamos comunicado a estos niños poco deseados? Que deben adaptarse al mundo y hacerse adultos, cuanto antes mejor.

Finalmente descubren y empiezan a fijarse en sus pares, otros como ellos, con los que van pasando cada vez más tiempo y de los que también aprenden. Poco a poco, conforme pasen los años, ya en la adolescencia, ellos pasarán a ser su referencia.

Desde la tutela efímera de los padres hasta la de sus pares, habrán pasado por la tutela de los equipos electrónicos y la de sus maestros. ¿Qué y cómo habrán aprendido bajo la tutela de la maestra televisión o Internet? No es fácil saberlo. Pero ya deben dar por sentado que son una molestia y cuanto menos molesten mejor.

Jesús les dijo: « Dejen a esos niños y no les impidan que vengan a mí: el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos.

¿Cuántos caen en drogas, vicios, pornografía y depresión en este período? Están apestados. Son una carga, una molestia. A los niños no los quiere la sociedad consumista. Son como una enfermedad inevitable, que mientras menos de, mejor. Por eso hemos empezado a especializarnos es desaparecerlos.

Primero hemos separado cuidadosamente el placer sexual de la procreación, y hemos establecido que tanto hombre y mujer tienen derecho al placer sexual, sin tener por qué aceptar el mal no deseado de los hijos.

Para que todos puedan gozar del placer sexual, sin la amenaza de la procreación, hemos desarrollado toda clase de dispositivos que impiden la fecundación y para los casos que ni aun así se puede evitar el embarazo, empezamos a despenalizar el aborto, con lo que cualquier mujer sin importar su edad puede someterse a esta práctica.

Jesús les dijo: « Dejen a esos niños y no les impidan que vengan a mí: el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos.

Como quiera que nos hemos declarado abiertamente antinatalistas, porque los niños impiden alcanzar nuestros anhelos profesionales, sociales y económicos, -porque son un estorbo-, consideramos que constituye un avance todo aquello que nos permita controlar el nacimiento delos niños o su eliminación legal.

Por esta vía, ya separado el placer sexual de la procreación, no tenemos argumentos para proponer una edad para la iniciación de las prácticas sexuales, ni tampoco encontramos razón para privilegiar el uso de un objeto o sujeto sexual por sobre los demás.

Así, todo lo imaginable, antes descartado como prácticas aberrantes, empieza a constituirse en opciones sexuales, relegadas al ámbito de las decisiones personales y privadas. Los niños no deseados y accidentalmente engendrados, son descartados por medio de prácticas abortivas legalizadas.

Las diferencias entre hombre y mujer, reducidos a objetos sexuales, pasan a ser un dato anecdótico, elegible a voluntad, según las circunstancias y deseos. De este modo, para terminar de desorientar a niños y jóvenes, el sexo queda abierto a las apetencias y gustos de los consumidores, pudiendo elegir el género que más disfruten o mejor les acomode, según la ocasión.

Jesús les dijo: « Dejen a esos niños y no les impidan que vengan a mí: el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos.

Las prácticas homosexuales no solo son aprobadas, sino promovidas. La pedofilia tanto como la zoofilia se constituyen en opciones, del mismo modo que cualquier otra alternativa que según los sujetos sea de su apetencia y le prodigue placer.

No podemos concluir esta reflexión sin afirmar categóricamente que siendo estos los vientos que sopla el caduco sistema en el que vivimos, imponiendo una cultura de muerte, surgen señales de esperanza, tanto al interior de la Iglesia, como en aquellos pueblos que no se dejan someter a esta dictadura y deciden mantener su autonomía, marcando distancias con esta autocracia del capital y el utilitarismo.

Los pueblos empiezan a darse cuenta que no tiene por qué dejarse arrasar por las leyes del capital y la concentración, sin más y empiezan a hacerle frente, amparados en sus comunidades y en la opinión pública. Es cierto que esta última se presta muchas veces para encausar movimientos que en el fondo son contrarios a la humanidad y que solo favorecen a lobbys farmacéuticos, mineros, financieros o de cualquier otro tipo, pero van ayudando a tomar conciencia a las poblaciones, que hay algo en la sociedad que no está bien encaminado, que ellos pueden cambiar integrándose a su comunidad y ejerciendo colectivamente el poder.

Llega la hora de las comunidades, en las que debe primar la inteligencia, la voluntad y la libertad, para trazar el único Camino que habrá de conducirnos al porvenir de justicia y paz que todos anhelamos, a través del ejercicio de la unión fraterna.

La Iglesia, por su parte, ha lanzado dos documentos que son fundamentales para iluminar estos tiempos de incertidumbre, en los que el Maligno arremete sin piedad sobre las familias y el matrimonio, pilares de la sociedad y Camino de Salvación. Estos son “Laudato Si”, que se ocupa de la preservación de nuestra casa, la Tierra y la Exhortación apostólica post-sinodal del Santo Padre Francisco “Amoris laetitia” , que se ocupa sobre el amor, el matrimonio y la familia.

¡El Reino de Dios está cerca! Fijémonos más en los niños, para aprender de ellos, en vez de controlarlos, dominarlos y alienarlos. Necesitamos instalar la verdad, la honestidad, la confianza, la esperanza y el amor. ¡Sí se puede! ¡Empecemos por nosotros!

Jesús les dijo: « Dejen a esos niños y no les impidan que vengan a mí: el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos.

Oremos:

Padre Santo, no permitas que se apodere de nosotros la desesperanza, que por el contrario aprendamos a ver que cuando la fiera más se sacude es cuando está más próxima a ser vencida. Que viendo, amando y respetando a los niños te descubramos a ti…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Mateo 19,13-15 Dejen a esos niños

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