Mateo 19, 23-30 – recibirá el ciento por uno

agosto 18, 2015

Texto del evangelio Mt 19, 23-30 – recibirá el ciento por uno

23. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «Yo les aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos.
24. Se los repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos.»
25. Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: «Entonces, ¿quién se podrá salvar?»
26. Jesús, mirándolos fijamente, dijo: «Para los hombres eso es imposible, más para Dios todo es posible.»
27. Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?»
28. Jesús les dijo: «Yo les aseguro que ustedes que me han seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, se sentarán también ustedes en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.
29. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna.
30. «Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros.»

Reflexión: Mt 19, 23-30

Para entrar al Reino de los Cielos hemos de DESPRENDERNOS. ¿De qué? De todo aquello que nos ata, que nos esclaviza. Veamos que se combinan personas con cosas y actitudes, porque en el fondo da lo mismo lo que sea, pues nada puede estar por encima de Dios. Esto que se dice tan fácilmente, no es tan fácil de sostener en la práctica, porque, como se suele decir, el papel aguanta todo. Démonos cuenta que –en teoría- es la vida de los religiosos, especialmente de los sacerdotes, la que más se acerca a este modelo propuesto por Jesús. ¿Por qué? Porque ellos hace los famosos votos: de obediencia, de pobreza, de castidad. Son compromisos que asumen voluntariamente para desprenderse ejemplarmente de prácticamente todo, incluso de defender su propio criterio y voluntad. Porque quien se compromete a obedecer a sus superiores, voluntariamente renuncia a hacer prevalecer su juicio bajo ninguna circunstancia, sino, de qué otro modo se puede entender este voto. Quiere decir que no puedo encariñarme con ningún proyecto, ni tomarlo como algo personal, porque en el momento menos pensado he de dejarlo sin posibilidad de argumentación alguna. Al menos así debía ser. ¿Son necesarios estos votos? Diríamos que son formas que han encontrado algunas órdenes religiosas de ayudar a sus integrantes a cumplir lo que el Señor nos pide. Que todo esto ha sido en algunos casos mal utilizado o entendido, pues seguramente, pero eso no quita que eso sea lo que persiguen. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna.

Y es que si reflexionamos en profundidad las Palabras del Señor, Él nos está planteado este reto y no solamente a los religiosos o religiosas, sino a todos los cristianos. El orden que debemos tener en nuestra vidas es: primero Dios, luego el prójimo y finalmente nosotros. Esta es la “formula” para entrar al Reino de los Cielos. Es obvio que lo primero que tenemos que preguntarnos es si queremos entrar al Reino de los Cielos. Tenemos que dar respuesta a esta pregunta y esta debe ser contundente y coherente. Lo que nos dice el Señor es que esta respuesta no admite medias tintas. O aceptamos que podemos alcanzar la Vida Eterna o lo rechazamos; no hay caminos intermedios. Y no los hay, no por un capricho irracional, sino que ambas respuestas son incompatibles. Si me dirijo al norte, no puedo simultáneamente aproximarme, ni llegar al sur. Esto es así. O miento o digo la verdad. O subo o bajo. O Dios o el Dinero. Los dos son incompatibles y por lo tanto debo escoger. Claro está que tengo libertad para ponerme a analizar la justeza de esta afirmación, pero podemos afirmar apriori, sin temor a equivocarnos, que ello constituye una necedad, puesto que es nada menos que Cristo el que lo afirma y Él no se equivoca, porque es Hijo de Dios. ¿Soy fanático? ¡No! ¡Soy creyente! Creo en Dios. Por lo tanto, es absurdo poner en duda sus palabras y más nos valdría acatarlas, a no ser que pretendamos corregir al Señor, lo que además de una tontería es una blasfemia, porque por principio es imposible para nosotros corregir a Dios que todo lo Sabe y Puede. Constituye una inútil pérdida de tiempo dedicarnos a investigar y analizar cuan acertada puede ser esta afirmación, sin embargo estamos en nuestro derecho, porque Dios no nos fuerza a nada. Pero, si tuviéramos un poco de fe, convendríamos en que lo más sensato es oírlo y hacer lo que nos manda, puesto que el jamás nos engaña, ni se equivoca. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna.

La fe nos obliga a decidir por Dios y decidir por Dios implica dejar todo cuanto tenemos por valioso en este mundo, porque este ha sido edificado sobre criterios errados, al menos en todo lo que se refiere a nuestras relaciones sociales, ya que todo gira en torno a la primacía del Dinero. Quien tiene más dinero tiene mayor poder y hace en vida –aparentemente- lo que le viene en gana, hasta que lo pilla la muerte, la única contra la cual el Dinero no puede, ni podrá. Sin embargo, el hombre rico se ilusiona con todo lo que puede conseguir con el dinero y llegar un momento en que se obnubila pensando que tal vez pueda conseguirlo todo y que por lo menos, mientras viva tendrá todo lo que le sea posible conquistar con su dinero, lo que parece ilimitado. Lo escuchábamos hoy día en los noticieros cuando Donald Thrump se refería a sus adversarios políticos como aquellos a los que alguna vez el compró con su dinero para que lo representaran, a los cuales ya no está dispuesto a pagar, porque se ha decidido a tomar el mismo las riendas de su poder. Así, ante la debilidad de los políticos que compraba, él ha declarado la guerra a los mexicanos, cubanos y latinos en general, a quienes no quiere en su país, porque han traído criminalidad, delincuencia y una serie de vicios…Ya sabemos que eso no es cierto y que fracasará, pero no podemos dejar de ver encarnada en él, la osadía y temeridad del Dinero. Ese es el extremo al que nos lleva el Dinero y el poder –dos caras de una misma moneda-, como en su día lo hizo con Hitler y tantos otros dictadores que hemos tenido. Sin ninguna duda caerá, pero ¿a cuántos pobres e inocentes se llevará por delante? Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna.

Nosotros debemos optar por Dios, con la seguridad de haber escogido al ganador, porque para Dios no hay nada imposible. Pero esta elección es cotidiana, es decir que tiene que ver con nuestros actos de cada día, por más pequeños que nos puedan parecer. Escoger a Dios significa anteponer a Él antes que nada ni nadie, incluso nuestros padres, esposas, esposos e hijos. Dios es primero, lo que quiere decir que todo acto por más insignificante que pueda parecer debe ser realizado o rechazado para mayor Gloria de Dios. No hay nada por más intrascendente que parezca que hagamos o dejemos de hacer sin tener en cuenta Su Voluntad. ¿Comprendemos el significado de estas palabras? Él es la razón de nuestras vidas. La razón de nuestra existencia. En Él somos y nos movemos. Hacia Él se dirige el Universo entero. Hacia Él vamos con prisa, con decisión. Hacia Él llevamos a nuestros hermanos, a nuestro prójimo. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna.

Oremos:

Padre Santo, haz que entendamos de una buena vez que sin Ti no hay nada en el Universo que valga la pena; que Tú haz de ser siempre primero; que contigo no tenemos pierde; que no hay ni habrá nada más sensato que dedicar nuestra vida a Tu servicio…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, quien vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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