Mateo 18,21-19,1 – perdone de corazón a su hermano

Agosto 11, 2016

Y Jesús añadió: «Lo mismo hará mi Padre Celestial con ustedes, a no ser que cada uno perdone de corazón a su hermano.»

Texto del evangelio Mt Mateo 18,21-19,1 – perdone de corazón a su hermano

21. Entonces Pedro se acercó con esta pregunta: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas de mi hermano? ¿Hasta siete veces?»
22. Jesús le contestó: «No te digo siete, sino setenta y siete veces.»
23. «Aprendan algo sobre el Reino de los Cielos. Un rey había decidido arreglar cuentas con sus empleados,
24. y para empezar, le trajeron a uno que le debía diez mil monedas de oro.
25. Como el hombre no tenía con qué pagar, el rey ordenó que fuera vendido como esclavo, junto con su mujer, sus hijos y todo cuanto poseía, para así recobrar algo.
26. El empleado, pues, se arrojó a los pies del rey, suplicándole: «Dame un poco de tiempo, y yo te lo pagaré todo.»
27. El rey se compadeció y lo dejó libre; más todavía, le perdonó la deuda.
28. Pero apenas salió el empleado de la presencia del rey, se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien monedas. Lo agarró del cuello y casi lo ahogaba, gritándole: «Págame lo que me debes.»
29. El compañero se echó a sus pies y le rogaba: «Dame un poco de tiempo, y yo te lo pagaré todo.»
30. Pero el otro no aceptó, sino que lo mandó a la cárcel hasta que le pagara toda la deuda.
31. Los compañeros, testigos de esta escena, quedaron muy molestos y fueron a contárselo todo a su señor.
32. Entonces el señor lo hizo llamar y le dijo: «Siervo miserable, yo te perdoné toda la deuda cuando me lo suplicaste.
33. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero como yo tuve compasión de ti?»
34. Y tanto se enojó el señor, que lo puso en manos de los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
35. Y Jesús añadió: «Lo mismo hará mi Padre Celestial con ustedes, a no ser que cada uno perdone de corazón a su hermano.»
01. Después de terminar este discurso, Jesús partió de Galilea y llegó a las fronteras de Judea por la otra orilla del Jordán.

Reflexión: Mt 18,21-19,1

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Mateo 18,21-19,1 perdone de corazón a su hermano

Este comportamiento nuestro es el que seguramente ha dado lugar a la sentencia aquella: más papista que el Papa. Es que muchas veces somos inflexibles e intolerantes con los errores de los demás. Sin embargo reclamamos comprensión cuando somos nosotros los que fallamos.

¡Qué difícil nos resulta reconocer –con humildad- que nos hemos equivocado. No podemos extirpar de nuestros corazones la ponzoña originada por una ofensa o un desaire. Pero reclamamos benevolencia y comprensión -¡una oportunidad más!-, cuando el error o la falta ha sido nuestra.

Queremos obtener buenos frutos, cuando hemos sido incapaces de sembrar buena semilla. No damos buen ejemplo a nuestros hijos. No nos comportamos amablemente con nuestros vecinos. No somos tolerantes con nuestros compañeros. ¡Sin embargo, cómo nos duele que uno de ellos nos falle! ¡No se lo perdonamos!

Y Jesús añadió: «Lo mismo hará mi Padre Celestial con ustedes, a no ser que cada uno perdone de corazón a su hermano.»

Tenemos que aprender a proceder como el Señor. Tenemos que esforzarnos por borrar de nuestras memorias las ofensas o errores de nuestros hermanos. ¡Es difícil! Nadie ha dicho que sea fácil. Este es el Camino de Santidad al que todos estamos llamados.

¿Cuántas veces hemos recibido perdón de nuestros hermanos, padres o amigos? ¿No lo recordamos? Pues es momento de reflexionar en ello. Así como ellos nos perdonan, más aún, así como Dios nos ha perdonado, así debemos estar dispuestos a perdonar.

Resulta difícil dominar la sed de venganza que nos mueve cuando alguien se porta mal con nosotros. ¿No nos saludaron? En lugar de ser comprensivos y tolerantes, pesando que tal vez fue un error involuntario, los tachamos y planificamos nuestra venganza: un desaire mayor y más humillante.

Lo peor es que algunos hacemos de la venganza una de las razones más importantes de nuestra vida. Nos dejamos envenenar y empezamos a planear nuestra revancha para ejercerla de forma implacable a la primera oportunidad.

Y Jesús añadió: «Lo mismo hará mi Padre Celestial con ustedes, a no ser que cada uno perdone de corazón a su hermano.»

¿Nos hemos preguntado alguna vez, qué sería de nosotros si Dios no nos hubiera perdonado? Habrá más de uno que nos preguntemos ¿y qué tenía que perdonarnos? ¿no recuerdo haberle faltado nunca a Dios? Y, claro, visto así, seguramente habrá pocos blasfemos entre nosotros que hayamos ofendido directamente a Dios, con insultos o falsos juramentos en su nombre.

Pero no olvidemos lo que nos dice el Señor. Cada vez que faltamos a uno de estos pequeños, a mí me lo hacen. Del mismo modo que cuando nos compadecemos y somos misericordiosos con nuestros hermanos, es a Dios a quien se lo hacemos.

Porque Dios, en su infinito amor y su infinita misericordia a querido que sea así. Que amemos y respetemos toda su Creación, empezado por nosotros mismos. ¡No podemos atentar contra nosotros! Debemos cuidarnos como Templos del Espíritu Santo, que es lo que somos. Por lo tanto, cada vez que faltamos a nuestro propio cuerpo, estamos faltando a Dios.

Y Jesús añadió: «Lo mismo hará mi Padre Celestial con ustedes, a no ser que cada uno perdone de corazón a su hermano.»

Cuanto peor y grave será la falta cuando atentamos o abusamos de los demás porque son más débiles, más indefensos, menos listos. ¿Cuántas veces ocultamos la verdad o mentimos abiertamente por mantener un privilegio? ¿Cuántas veces por andar fijándonos tanto en nosotros pasamos por alto las preocupaciones y el sufrimiento de nuestros hermanos?

Cada vez que actuamos egoístamente procurando preservarnos a nosotros mismos, sin tener en cuenta a los demás, estamos ofendiendo a Dios. ¡Si señor! Y eso, todo nos lo perdona el Señor, si con verdadero arrepentimiento y propósito de enmienda le pedimos perdón en el Sacramento de la Reconciliación. Claro que ello supone pedir perdón al agraviado y enmendar hasta donde nos sea posible nuestro error.

Si nosotros obtenemos este perdón de Dios, de nuestro Padre ¿por qué no somos capaces de perdonar a nuestros hermanos? Y a veces la falta de perdón se expresa en la falta de esperanza, en etiquetar y lapidar a nuestros hermanos condenándolos a una muerte en vida con el estigma de la incapacidad de corregirse o de creer y tener la esperanza en que ¡sí se puede!

Si te dice que cambiará, ¡créele! «No te digo siete, sino setenta y siete veces.» ¿Es difícil? Ciertamente, pero lo mismo que pedimos para nosotros hemos de ser capaces de dar a los demás.

Y Jesús añadió: «Lo mismo hará mi Padre Celestial con ustedes, a no ser que cada uno perdone de corazón a su hermano.»

Oremos:

Padre Santo, que aprendamos a amar, a perdonar y a ser misericordiosos. Que no nos dejemos llevar por los instintos, por el rencor, ni las bajas pasiones. Que demos testimonio de tu amor a todos cuantos nos rodean…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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