Mateo 18,21-19,1 – Movido a compasión

agosto 17, 2017

Movido a compasión

“Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré.” Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.

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Mateo 18,21-19,1 Movido a compasión

Mateo – Capítulo 18

Reflexión: Mateo 18,21-19,1

De un momento a otro, hemos empezado a dar tanta importancia a los derechos, que parece que estos gobernaran nuestras vidas y que todo se redujera a exigirlos y respetarlos. Esta es la gran idolatría de nuestro tiempo. Hemos sacado al Amor y a Dios del centro, para ponernos a nosotros y nuestros derechos.

Cuando el hombre se encasilla de tal modo en sus conceptos y en ideologías construidas para preservar sus preferencias, inclinaciones o costumbres, pierde la perspectiva de la realidad y de la vida. No somos nosotros mismos el fin de la vida, sino Dios, al que llegamos amando al prójimo.

Esto es lo que nos hemos empeñado en confundir, con la ayuda de la perniciosa Ideología de Género, cuya existencia sus principales operadores se dedican a negar, pero que evidentemente existe, tal como lo podemos constatar en la vida cotidiana.

Sea por una conspiración –como muchos sostienen-, o porque han confluido una serie de circunstancias y movimientos, el hecho incontrovertible es que estamos ante una poderosa Ideología Totalitaria que se viene imponiendo a toda la humanidad desde el poder.

La concertación ha sido más sencilla de lograr de lo que imaginamos. Bastó reunir a las personas adecuadas en varias conferencias en la ONU a fines del siglo pasado. Un puñado de tecnólogos y profesionales progres, representantes de movimientos LGTBI y feministas lograron sentar las bases de lo que se viene imponiendo desde la cúpula de aquél Organismo Mundial.

“Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré.” Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.

No lo hubieran logrado si coincidentemente no se hubieran dado varios cambios en aquellos precisos momentos, tales como la caída del muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética. Ello, sumado a la revolución sexual de los años sesenta y los fracasos de la izquierda de los setentas y ochentas, creó el escenario ideal para quienes a la sazón se encontraban en la cúspide la ONU.

Todo ello sumado a la globalización y el poder hegemónico del gran capital, ante la desaparición de su contrapeso político, social y económico, potenciado por la revolución tecnológica y digital preparó el terreno para la imposición de este esperpento, sobre una humanidad confundida.

Rápidamente el olfato de la industria farmacéutica, química, sexual, fílmica, pornográfica y otras, llevó a apoyar incondicionalmente este proyecto, con el eco de la prensa farandulera y frívola, poniendo de moda la Ideología de Género, que conlleva un modo de pensar y concebir al mundo totalmente desquiciado y violento, que sin embargo se viene imponiendo en desmedro de la familia y los valores occidentales.

Así, desde fines de los noventa y a través de la ONU el mundo globalizado viene viviendo lo que se conoce como una decostrucción de sus valores tradicionales, imponiéndose desde el aparato estatal de cada país un nuevo estilo de vida, basado en la defensa de un concepto propio de esta Ideología: la igualdad de género.

Todos los gobiernos al unísono la niegan, por falta de información y porque a nadie le cabe en la cabeza que la ONU que en tantos aspectos ha sido beneficiosa para la humanidad, haya terminado siendo capturada por estos colectivos y puesta al servicio de inescrupuloso intereses económicos.

Pero los hechos hablan elocuentemente y delatan este engaño, que ha puesto la mira en la destrucción de todos aquellos obstáculos que le impiden desarrollar su plan de homogenización de la humanidad bajo las banderas de una igualdad artificial, tan engañosa y falsa como imposible.

Y entre los principales obstáculos a sus propósitos está la familia y sus principales defensores, entre ellos el más importante: la Iglesia Católica. Por ello promueven la irreverencia y la persecución a todo lo que representa la fe en Dios, tachando de homofóbicos, fundamentalistas y cavernarios a todos los que en nombre de principios superiores se resisten a sus imposiciones.

En un mundo globalizado en que los medios de información promueven virulentamente estereotipos de comportamiento que uniformizan a niños, jóvenes y adultos, persuadiéndolos que tienen DERECHO a ser felices por sobre todo y habiendo entronizado el placer sexual como el culmen de la felicidad, no hay nada que no se haga con tal de conseguirlo.

Al sacar a Dios del centro, al borrarlo de nuestras vidas, hemos despojado al Amor de su único y verdadero significado, y hemos dado en llamar amor, de modo casi excluyente, a la relación de uno o más sujetos, siempre y cuando sea placentera.

Este DERECHO es inalienable, e importa poco o nada si el otro, si el prójimo lo consigue. Es un problema ajeno. Este se ha hecho la razón de nuestra existencia. Así, qué difícil se nos hace comprender la compasión de la que habla Jesucristo en este pasaje.

¿Cómo incorporarla si no creemos en Dios? ¿Cómo hablar de compasión si somos incapaces de reconocer que todo lo que tenemos lo hemos recibido de Dios, por Su Bondad y Generosidad? ¿Será que nos merecemos todo? ¿Por qué nosotros y no otros?

No nos interesa responder estas preguntas. Solo queremos disfrutar con avidez cada segundo de nuestras vidas. Por eso nos mantenemos al margen y a prudente distancia de los pobres, “fracasados” y “perdedores”.

No estamos dispuestos a ceder ni un centavo de la riqueza que hemos acumulado, porque nunca será bastante y porque nos sentimos suficientemente refrendados por una Ideología que en realidad ha desaparecido al amor, entronizando el derecho, el consumo y la opulencia.

Dios no nos dio nada por derecho, sino por amor. Él nos amó primero y nos llamó a la vida, creándonos y poniendo a nuestros pies toda la Creación. Él nos ha dado: sin condiciones. ¡Eso es amor! El amor no tiene precio y como recita la canción: el amor se paga con amor.

El amor no es una relación de derechos, porque el amor va más allá de cualquier derecho. El amor no se circunscribe al derecho. El amor es un acto de la voluntad que se funda en la inteligencia y la libertad. Solo Dios y los hombres –creados a Su imagen y semejanza-, somos capaces de amar.

Solo quien ama es capaz de comprender y perdonar. El que no ama, reclama derechos. El que ama, dialoga y se pone de acuerdo, buscando el Bien Común. Quien ama es capaz de perdonar ilimitadamente, tal como el Señor nos enseña. ¿Por qué?

Porque quien ama de verdad sabe que Dios le amó primero. Quien ama sabe que el amor no tiene límites, porque el amor es la impronta que Dios puso en nosotros, dándonos la capacidad de imitarlo, de seguirlo, siempre más alto, siempre más lejos, hasta alcanzar la perfección para la cual fuimos creados.

Es esta perfección y felicidad la que buscamos, a la cual solo llegaremos en el Reino de los Cielos. A ella tendemos y a ella llevamos a nuestros hermanos, mediante el ejemplo. Parece imposible, es cierto. Sin embargo nada es imposible para Dios y es Su Espíritu Santo el que nos inspira y sostiene en este Camino hasta alcanzar el fin para el cual fuimos creados.

Estamos llamados al amor sin límites. Eso es lo que el Señor nos recuerda cuando nos dice que debemos perdonar hasta setenta veces siete. El sexo, adecuada y oportunamente aplicado es tan solo una de las manifestaciones del amor conyugal. Tal vez una de las más sublimes por su capacidad de engendrar vida, pero no es la única.

Padre Santo, danos la capacidad de comprender a nuestros hermanos y sentir compasión por quienes luchan por sobreponerse a sus debilidades y carencias. Danos la capacidad de amar como Jesucristo nos ha amado. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor…Amén.

“Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré.” Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.

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