Mateo 18,15-20 – si dos de ustedes se ponen de acuerdo

agosto 12, 2015

Texto del evangelio Mt 18,15-20 – si dos de ustedes se ponen de acuerdo

15. «Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.
16. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos.
17. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano.
18. «Yo les aseguro: todo lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo.
19. «Les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos.
20. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»

Reflexión: Mt 18,15-20

Aquí nuevamente nos encontramos con las Promesas de Cristo. ¿A qué le da un extraordinario valor Jesucristo? ¿Qué enfatiza? Pues nos queda muy claro que Él quiere que actuemos en comunidad, que nos pongamos de acuerdo. Este es un primer elemento sobre el que debemos reflexionar. Desavenencias y desacuerdos siempre habrán, porque somos distintos o “de colores” como decimos en el Movimiento de Cursillos de Cristiandad. Pero el que seamos distintos no impide que como seres pensantes y cristianos busquemos siempre el acuerdo. No se trata de imponer nuestros criterios, ni dejar a nadie de lado, sino de ver la forma de atender a todos, siempre y cuando los motivos que cada quien presenta sean razonables. Promover acuerdos y entendimientos ha de ser el papel del buen cristiano, siempre para mayor Gloria de Dios. Esto quiere decir que batallaremos siempre porque prime Su Voluntad, buscando el consenso y sin dejar a nadie de lado, mucho menos a los humildes o a los tímidos o pobres de espíritu. Todos deben ser escuchados y atendidos. Ciertamente llegará el momento en que se exigirán ciertos sacrificios, que debemos estar dispuestos a realizar ejemplarmente, aleccionando a los demás para que así también lo hagan, llegado el caso, en bien de la unidad. Esto es lo que exige la vida en comunidad y es así como el Señor quiere que vivamos, entendiéndonos y respetándonos como hermanos, dejando de lado la soberbia, el orgullo, la avaricia, la mentira y el egoísmo, todos los cuales son malos consejeros y no buscan nada más que el bienestar o encumbramiento personal, sin tomar en cuenta a los demás. Nosotros debemos ser justos y la justicia no viene del consenso, sino de aplicar los mandatos del Señor, buscando el acuerdo para que todos entendamos que siempre esto será lo mejor. No será fácil, pero con la ayuda del Señor, todo es posible. Les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Lo segundo en lo que nos invita a reflexionar esta lectura es en nuestra forma de actuar y de tomar decisiones. Debemos considerar que tal vez no logramos nuestros cometidos porque los reflexionamos, delineamos, decidimos y acometemos de modo individualista, solitario y entonces, egoísta, aun cuando los beneficiarios podrían ser muchos e incluso la comunidad entera. El Señor nos enseña aquí cuál debe ser nuestra forma de proceder si queremos que Él intervenga en nuestro favor. No se trata de trabajar aisladamente, en solitario, sin que nadie lo sepa, sino que debemos esforzarnos por compartir lo que pretendemos con otras personas cercanas. ¿Es que no hay nadie en quien podamos confiar? Si así fuera tendríamos que preocuparnos y empezar a preguntarnos si tal vez hay algo mal en nosotros que nos impide confiar en nadie. Siempre ha de haber alguien con quien comentar y reflexionar nuestras ideas, nuestros propósitos. Y si en este momento no lo hay, no nos conformemos con esta constatación y busquemos que lo haya. ¿Por qué? Porque el Señor nos está dando un “secreto” una “fórmula”. Él quiere que veamos al mundo de modo comunitario y compartido, con por lo menos otra persona más, que puede ser tu esposa o esposo, tu consejero espiritual, tu mejor amigo o amiga, tu hermano, tu hermana, tu padre o tu madre, en fin, una o un pequeño grupo de personas con quienes puedas compartir sincera y abiertamente tus proyectos, poniéndolos en común, de modo que juntos disciernan lo más conveniente y, lo más importante, oren porque una vez alcanzado el consenso, Dios Padre los ayude en convertirlo en realidad. Esta es una forma muy distinta de ver el mundo ¿no te parece? Les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

El Señor quiere de nosotros una mayor apertura hacia los demás, un esfuerzo por acogerlos, comprenderlos y perdonarlos, del mismo modo en que esperamos que nos acojan, promuevan y perdonen. No debemos cultivar el individualismo, no solo porque está probado que conduce al fracaso, sino porque Dios mismo no lo quiere para nosotros, precisamente por eso, porque Él quiere que tengamos éxito y seamos felices. No debemos tender al aislamiento ni al ostracismo, sino todo lo contrario; sin caer en el chisme superfluo y dañino, debemos conversar y corregirnos entre nosotros, del mismo modo que nos proponemos proyectos en común y nos esforzamos por alcanzarlos como un modo de servicio mutuo. Esto que decimos de modo tan vago, es fácilmente encarnable en el vecindario, en la clase, en el trabajo, con toda la gente con la que compartimos algo en común. Propiciar el acuerdo y el trabajo y responsabilidad comunitaria; de este modo juntos, si obramos sinceramente, con buena voluntad y de buen corazón, podremos poner en manos de Dios nuestros proyectos y Él nos ayudará a concretarlos. ¿No es esta una hermosa promesa? No la desperdiciemos. Hagamos realidad esta gran oportunidad que pone el Señor en nuestras manos. Les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Oremos:

Padre Santo, queremos vivir y trabajar en comunidad, con nuestra familia, con nuestros vecinos, con nuestros compañeros de trabajo y los ciudadanos de nuestra localidad y país. Ayúdanos a dejar de lado nuestros prejuicios y a darnos con el propósito de alcanzar consensos para mayor Gloria Tuya…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, quien vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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