Mateo 18,1-5.10 – Guárdense de menospreciar a uno de estos pequeños

octubre 2, 2015

Texto del evangelio Mt 18,1-5.10 – Guárdense de menospreciar a uno de estos pequeños

1. En aquel momento se acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron: «¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?»
2. El llamó a un niño, le puso en medio de ellos
3. y dijo: «Yo les aseguro: si no cambian y se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los Cielos.
4. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos.
5. «Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe.
10. « Guárdense de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo les digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos.

Reflexión: Mt 18,1-5.10

Si queremos saber cómo debemos proceder para alcanzar el Reino de los cielos, solo debemos observar a un niño. Es realmente una paradoja, porque nosotros estamos empeñados en transformar a los niños en adultos, mientras más temprano mejor, y sin embargo lo que el Señor nos pide es ser como niños para alcanzar la Vida Eterna. Esto quiere decir que para actuar con coherencia y propiedad, tal como Dios quiere, debemos preservarnos como niños, si es posible toda nuestra vida. ¿Cómo lograrlo, cuando no bien empezamos a andar ya nos ponen en un colegio, de modo tal que nos resulte más fácil adaptarnos a la primaria, a la disciplina y los estudios escolares? Andamos obsesionados con hacer que los niños se conviertan en adultos, no solamente físicamente, sino espiritual y culturalmente. Y, hacernos adultos es adecuarnos a un molde, para convertirnos en una especie de adoquín o ladrillo, como todos los demás que finalmente sostienen el andamiaje del Sistema en el que vivimos. Así, en muchos aspectos, todos parecemos cortados por la misma tijera y pareciera que el éxito del sistema educativo fuera precisamente alcanzar esta uniformidad, que garantiza que las cosas sigan funcionando igual, en muchos aspectos, como si estos fueran los únicos correctos y adecuados. Guárdense de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo les digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos.

Empezamos desde la infancia entrenándonos para un mundo competitivo, egoísta y despiadado donde lo que interesa es antes que nada y sobre todo el éxito personal, medido básicamente en acumulación de dinero, propiedades y poder. A las capacidades personales hay que sumar una serie de principios éticos y morales que nos van haciendo inmunes e indiferentes a la suerte de los demás. Todo está jurídicamente organizado de tal manera que el enriquecimiento estratosférico que algunos alcanzan sea perfectamente legal y no inquiete a quienes tiene capacidad de derrochar si así se les antoja, mientras millones mueren cada día de hambre, de sed, atacados por enfermedades epidémicas debido a las pésimas condiciones de salubridad de los ambientes en los que viven, o como resultado de violencia ejercida por inescrupulosos que buscan enriquecerse de cualquier modo. Este es el mundo al que por las buenas o por las malas deben adaptarse todos los niños, trocando su amor, inocencia, ingenuidad y franqueza, por egoísmo, perversidad, agresividad, soberbia, orgullo, avaricia y mentira. Son las características de este mundo las que debemos cambiar, porque no se ajustan al Evangelio, al fin para el cual fuimos creados. Esto es lo que nos demanda el Señor y obviamente es un pecado obligar a los niños a que se adapten a este mundo precozmente, atentando contra su inocencia, sinceridad y bondad. Esto es lo que defiende Jesús, que por otro lado busca más bien que cambiemos el mundo acercándolo al Evangelio y por lo tanto a la inocencia, paz y bondad de la que son portadores los niños desde que nacen. Guárdense de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo les digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos.

En otras palabras, tendríamos que prestar mayor atención a las características de los niños, su forma de ser, actuar y afrontar la vida para edificar una sociedad más acorde con ellos y no a la inversa. Tendríamos que ser nosotros los que nos adaptemos a ellos, aproximándonos de este modo a los Mandamientos de Dios, que son los que condensan la razón por la que fuimos creados y por lo tanto el verdadero sentido de la vida. Todo el tinglado que hemos armado es inútil; no sirve para nada, si no nos lleva a cumplir el fin para el cual fuimos creados. Actualmente –lamentablemente-, la mayoría de nuestras relaciones sociales, política, religiosas y los motivos mismos de nuestras acciones, no guardan correspondencia con el propósito para el cual fuimos creados, por lo que es preciso cambiar el mundo adaptándolo a lo que el Señor nos manda, que se ajusta más a la propia naturaleza de los niños, cuando todavía no han sido contaminados por nuestro mundo adulto. Y, ¿qué nos manda el Señor? Que amemos a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Es el amor, entonces, el que debe prevalecer por sobre todo en todas nuestras acciones, de modo que no seamos indiferentes a la suerte de los más pobres y menos favorecidos en nuestro planeta y nos ocupemos por construir la ansiada civilización del amor, antes que acumular y atesorar riquezas personales. Hemos de vivir para servir y mediante esto, alcanzar la Vida Eterna, puesta a nuestro alcance por la vida, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Guárdense de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo les digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos.

Oremos:

Padre Santo, que aprendamos a respetar e imitar la inocencia, ingenuidad, veracidad y bondad de los niños. Que nos empeñemos en construir un mundo en el que reine la paz y el amor, en el que no solo los niños e inocentes tengan cabida, sino que se promuevan y privilegien sus virtudes…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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