Mateo 18,1-5.10.12-14 – no desprecien a ninguno de estos pequeños

agosto 9, 2016

Cuídense, no desprecien a ninguno de estos pequeños. Pues yo se lo digo: sus ángeles en el Cielo contemplan sin cesar la cara de mi Padre del Cielo.

Texto del evangelio Mt 18,1-5.10.12-14 – no desprecien a ninguno de estos pequeños

01. En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?»
02. Jesús llamó a un niñito, lo colocó en medio de los discípulos
03. y declaró: «En verdad les digo: si no cambian y no llegan a ser como niños, nunca entrarán en el Reino de los Cielos.
04. El que se haga pequeño como este niño, ése será el más grande en el Reino de los Cielos.
05. Y el que recibe en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe.
10. Cuídense, no desprecien a ninguno de estos pequeños. Pues yo se lo digo: sus ángeles en el Cielo contemplan sin cesar la cara de mi Padre del Cielo.
12. ¿Qué pasará, según ustedes, si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se extravía? ¿No dejará las noventa y nueve en los cerros para ir a buscar la extraviada?
13. Y si logra encontrarla, yo les digo que ésta le dará más alegría que las noventa y nueve que no se extraviaron.
14. Pasa lo mismo donde el Padre de ustedes, el Padre del Cielo: allá no quieren que se pierda ni tan sólo uno de estos pequeñitos.

Reflexión: Mt 18,1-5.10.12-14

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Mateo 18,1-5.10.12-14 no desprecien a ninguno de estos pequeños

¡Qué lección tan maravillosa! Sin embargo, que poco caso le hacemos. Que poco la aquilatamos. Más claro no puede ser el Señor. Los niños tienen un lugar especial en el Cielo. ¡Son los preferidos de Dios! ¡Sí, así es, Dios Padre vela especialmente por ellos!

¿De qué mejor forma se puede explicar? La fragilidad de la vida comienza así, tiernamente. La maravilla de la vida, la delicadeza de sus formas, la transparencia de sus gestos, la pureza de su alma, la ingenuidad de su proceder, la alegría espontánea, la dulzura de sus caricias, la generosidad desinteresada, el desprendimiento y la fe, las portan los niños en su propia naturaleza.

Un niño sano –en todos los aspectos, no solo el físico-, un niño amado, será como un crisol en el que se funden todos los valores que la humanidad entera reconoce y aquilata. En tal sentido, quien mira a los ojos de un niño, no puede dejar de ver la imagen más cercana del espíritu puro y Divino de nuestro creador.

Cuídense, no desprecien a ninguno de estos pequeños. Pues yo se lo digo: sus ángeles en el Cielo contemplan sin cesar la cara de mi Padre del Cielo.

Resulta fácil comprender porque el Demonio se ensaña especialmente con los niños en los tiempos actuales. No es solamente por su debilidad, que ya es un aliciente y una ventaja, de la que buscará sacar ventaja nuestro inmundo enemigo.

En este mundo dividido entre Dios y la idolatría del Dinero, todo aquello que pueda hacer alguna mella al amor que Dios nos tiene, será usado por el Demonio para ponernos contra Él. Mientras más denigrante, vergonzoso y repugnante sea el crimen, mayor será la ofensa a Dios, cuanto más se hundirá en el infierno su autor.

¿Qué otra cosa puede ser más endemoniada que pervertir a un niño? ¿Qué puede causar más dolor a Dios que el asesinato de un inocente? La cultura de muerte que se impone en el mundo no es otra cosa que una obra demoniaca, que encuentra eco en los más pusilánimes

Cuídense, no desprecien a ninguno de estos pequeños. Pues yo se lo digo: sus ángeles en el Cielo contemplan sin cesar la cara de mi Padre del Cielo.

Los cristianos sabemos que Cristo ha vencido a la muerte, que -por lo tanto-, el Demonio ha sido derrotado, sin embargo, en su estrepitosa caída, la Bestia se ase de donde puede y de quien puede arrastrándolo a la muerte y al infierno.

Los incrédulos, los soberbios, los ambiciosos, los orgullosos, los avaros, los frívolos, los que no tiene carácter, los que persiguen tan solo su bienestar y su propia comodidad, los egoístas y los pecadores, se dejan arrastrar, dándole crédito, al mal, a la oscuridad, a la mentira, a la muerte y al Demonio, renegando de Dios y del amor.

El destino de quienes se dejan seducir por la Bestia, está sellado, a no ser que se arrepientan y cambien. La salvación está en nuestras manos. Jesucristo la ha comprado al precio de Su propia Vida.

Cuídense, no desprecien a ninguno de estos pequeños. Pues yo se lo digo: sus ángeles en el Cielo contemplan sin cesar la cara de mi Padre del Cielo.

Habiéndonos creado libres, Dios deja en nuestras propias manos nuestra salvación. Podemos oír a Jesucristo y optar por obedecer lo que Él nos manda, respetando la vida, y de modo muy especial la de los inocentes. Este es el Camino de la Salvación y la Vida Eterna.

Pero también podemos despreciarlo y optar por el camino del Dinero, que es el de la ambición, la codicia, la fama, la droga, el libertinaje, la corrupción, la degeneración, la mentira, en suma, del pecado, que es el camino que nos propone el Príncipe de este mundo, que nos lleva a la oscuridad y a la muerte.

Dios no quiere que una sola de sus creaturas se pierda. Dios no quiere que muramos para siempre. Dios quiere que tengamos Vida Eterna. Para eso ha mandado a Su Hijo Jesucristo, para que nos salve. Él nos ha enseñado el Camino y nos manda enseñarlo con nuestro ejemplo a los demás. Somos responsable solidarios con todos, pero especialmente con los más pequeños e inocentes. Nuestra salvación exige fe. Solo tiene fe quien se fía de Dios. Para fiarnos, es preciso conocerle y amarle.

Cuídense, no desprecien a ninguno de estos pequeños. Pues yo se lo digo: sus ángeles en el Cielo contemplan sin cesar la cara de mi Padre del Cielo.

Oremos:

Padre Santo, danos hambre y sed de Ti. Que nuestra alma no descanse hasta llegar a Tu morada eterna. Que aprendamos a vivir, creer y esperar como los niños…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Mateo 18,1-5.10.12-14 no desprecien a ninguno de estos pequeños

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