Mateo 17,22-27 – los días del Hijo del hombre

Agosto 8, 2016

Jesús dijo después a sus discípulos: «Vendrá el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo verán.

Texto del evangelio Mt 17,22-27 – los días del Hijo del hombre

22. Jesús dijo después a sus discípulos: «Vendrá el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo verán.
23. Les dirán: «Está aquí» o «Está allí», pero no corran a buscarlo.
24. Como el relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre cuando llegue su Día.
25. Pero antes tendrá que sufrir mucho y será rechazado por esta generación.
26. En los días del Hijo del hombre sucederá como en tiempo de Noé.
27. La gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca y llegó el diluvio, que los hizo morir a todos.

Reflexión: Mt 17,22-27

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Mateo 17,22-27 los días del Hijo del hombre

Nos resulta difícil resistirnos a la tentación de reflexionar en torno a los días del Hijo del hombre. A qué días se refiere el Señor. Sus tiempos son distintos que los nuestros, de allí la confusión. Parece que no solo se refiere al tiempo que vivió físicamente entre nosotros, hace 2mil años.

Es obvio que estos fueron muchos días, que por lo tanto podría referirse a cualquiera de ellos. Pero no solo se refiere a ellos, que nosotros conocemos por los Evangelios, sino, al parecer, a otros que vendrán después, a lo largo de la historia.

Él mismo dice: los días del Hijo del hombre. Por alguna razón usa específicamente el plural. Por lo tanto no está hablando de un solo día, sino de muchos o varios. ¿Reviste alguna importancia esta referencia?

Jesús dijo después a sus discípulos: «Vendrá el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo verán.

Estamos frente a una Revelación. El Señor nos está dejando ver por una rendija algo que Él conoce muy bien. Ha abierto para nosotros una ventana a un tiempo futuro en el que desearemos ver los días del Hijo del hombre, pero no podremos hacerlo, a pesar de algunos anuncios y señales.

¿Será que debemos hacer caso omiso a estas señales y anuncios? Reconoceremos que ha llegado el Día si se presenta como un relámpago que brilla de un extremo a otro. Solo entonces sabremos que ha llegado el Día del Hijo del hombre.

Lo que más nos conmueve es la realidad que Cristo nos anticipa, que “Vendrá el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo verán.” ¿Por qué? ¿Qué o quién nos lo impedirá? ¿A qué se refiere?

¿Será tal vez a la apostasía en que vastos sectores de la Iglesia se encuentran sumidos? Apostasía que abre falsos caminos, que nos muestra a un Jesucristo reformado, permisivo, ajustado a las tendencias de la moda. Un Jesucristo que no es ni la sombra del verdadero y único Cristo, Hijo de Dios y Salvador nuestro.

Jesús dijo después a sus discípulos: «Vendrá el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo verán.

Es verdad, estas no son nada más que especulaciones, que resultan de nuestra incapacidad de entender por nuestros propios medios estas palabras. Pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine para comprender esta terrible amenaza que se cierne sobre nosotros.

¿Qué puede ser peor que querer y no poder ver al Señor? No tenerlo como nuestro norte, como nuestro centro, como nuestra referencia, será catastrófico para la humanidad. No es un decir. Sin Cristo, nuestro Salvador, estamos perdidos, como ovejas sin pastor. Sin Cristo, somos nada. Habremos perdido toda esperanza.

El grave problema es que se levantarán voces diciendo este es, aquí está, y muchos nos confundiremos. Pero cuando llegue Su Día todo será iluminado de extremo a extremo. Su Día llega para los apóstoles y a través de ellos a la humanidad entera, con su muerte, resurrección y ascensión al Cielo. Porque es entonces que todo se ilumina de extremo a extremo.

Pero en esta historia de la salvación que a veces se nos antoja larga, también habrá de llegar Su Día cuando llegue el final de los tiempos y vuelva en toda Su Gloria. Aquel Día empezó con Su muerte en la Cruz y Su resurrección. Jesucristo ha vencido a la muerte y ha conseguido para nosotros la Vida Eterna. Él es la luz que lo ilumina todo, de extremo a extremo: de norte a sur, de este a oeste, de principio a fin, del Cielo a la Tierra.

De adentro hacia afuera…Todo cobra sentido con la presencia de Cristo. Sin Él somos nada. Con Él, no hay nada que no podamos alcanzar. Él ha dejado, para quienes lo pidamos, el mayor poder del Universo: la fuerza del Espíritu Santo. Dejémonos quemar por este fuego y alcanzaremos las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

Jesús dijo después a sus discípulos: «Vendrá el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo verán.

Oremos:

Padre Santo, no permitas que deje de brillar la luz de Cristo en nuestros corazones. Que sepamos seguir con amor, humildad y fidelidad los mandatos de nuestros Señor…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Mateo 17,22-27 los días del Hijo del hombre

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