Mateo 17,22-27 – libres están los hijos

agosto 14, 2017

libres están los hijos

…los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?» Al contestar él: «De los extraños», Jesús le dijo: «Por tanto, libres están los hijos.

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Mateo 17,22-27 libres están los hijos

Mateo – Capítulo 17

Reflexión: Mateo 17,22-27

Jesús es el Hijo del Hombre. Es decir, es el Hijo de Dios hecho hombre, como tal, hombre entre los hombres. Es un Misterio que siendo Dios se haya hecho hombre, pero siendo Dios se hizo tan hombre como el que más. Cierto, aunque difícil de comprender.

Lo que hace Jesucristo es parte del Plan de Dios destinado a Salvarnos. Jesucristo hace la Voluntad de Dios. Esa es la única garantía de nuestra salvación. Pero siendo al mismo tiempo Dios y hombre, Hijo de Dios, tendría que estar sobre todo y no ser considerado uno más y mucho menos un extranjero, un extraño.

Es en esto que nos invita a pensar hoy el Evangelio. Quién puede merecer más respeto, honor y distinción que el Creador o el Hijo del Creador, nuestro Salvador. ¡Nadie! Por lo tanto ¿cómo cobrarle impuestos? ¿Cómo pretender someter a nuestra ley a quien está por sobre toda ley, al Autor de las Leyes?

Se trata de una reflexión muy profunda y hermosa. Dios se ha hecho hombre, pero aún así, como hombre, es el primero, no porque Él quiera privilegios, que no los quiere, sino porque es el mismísimo Dios entre nosotros. Los que lo sabemos, así debíamos tenerlo.

…los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?» Al contestar él: «De los extraños», Jesús le dijo: «Por tanto, libres están los hijos.

Pero Jesucristo no ha venido a ser servido, sino a Salvarnos. Él tiene una Misión que cumplir y lo hará por sobre todo, sin buscar privilegios, atenciones, pompas, riquezas, ni nada de todo aquello que los hombres apreciamos en este mundo.

Jesús, como Dios, está por encima de todas esas cosas. A Él lo mueve el Amor. El amor que mueve a Dios a Salvarnos, como nuestro Padre y Creador. El amor que Jesucristo tiene al Padre que lo lleva a cumplir su Misión hasta las últimas consecuencias. Y el amor que tiene por nosotros, hijos de Dios y –por lo tanto-, hermanos suyos.

Por eso es que Jesucristo aun sabiéndose nuestro, es decir parte de aquel pueblo que no tendría que pagar impuestos, acepta pagarlos. El significado de esta alegoría es sumamente profunda y trascendente. Jesucristo, siendo Dios, se somete a nuestras leyes.

¿Qué significa someterse a nuestras leyes? Pues más allá de pagar estos impuesto quiere decir que sufrirá, padecerá como un hombre cualquiera, sometiéndose al dolor y a los más crueles castigos que se pueden infringir a un hombre, por salvarnos.

En este gesto de los impuestos está expresando Su Voluntad y la Voluntad de Dios. Todo un Dios, Creador del Mundo, amante de Su pueblo, de quien se siente parte porque lo ha creado, ama y salva, se somete, como el que menos.

Jesús no busca ni pide privilegios. Se humilla al nivel del ser humano más insignificante, del más pobre, del más humilde, del menos considerado. Aunque no le corresponde, habrá de pagarlo todo, absolutamente todo, como cualquiera.

Precisamente de eso es de lo que venía hablándoles a sus discípulos antes de ser interrumpido. De los padecimientos por los que tendría que pasar, llegando a morir incluso, antes de resucitar. Esto es lo que Jesucristo está dispuesto a hacer por nosotros.

Como nos dirá más adelante, a Él nadie le quita la vida; Él la entrega por nosotros. Esta es la más grande muestra de amor que nadie podrá jamás dar por nosotros. Gravémosla en nuestros corazones. Jesucristo, siendo Dios, se hace hombre y da Su vida por nosotros.

Lo hace por amor. Lo hace libremente, porque Él quiere. Nadie lo obliga. Podría haber renunciado a este sacrificio y hacerlo de otro modo. Pero, no lo hizo. Él se somete a la Voluntad del Padre. Y sabe que este es el Único modo que nosotros, haciendo uso de nuestra libertad y sin que nadie nos fuerce, llegaremos a comprender lo que hace por nosotros y querremos seguirlo.

Es decir, lo hace totalmente por nosotros. Para que libremente y por amor, nosotros decidamos seguirlo, que es la única forma de alcanzar la felicidad y la vida eterna para la cual fuimos creados.

Por eso, cuando vengan a decirnos y machacarnos que hemos venido a este mundo para ser felices, que debemos buscar la felicidad, entendamos que ella NO ES POSIBLE SIN AMOR. El amor es una condición esencial de la felicidad. Y amar es dar, incluso hasta la propia vida por el ser amado.

Amar es estar dispuesto al sacrificio, como Jesús. No tenía que pagar este precio, pero lo hizo por nosotros. Ese es el más grande ejemplo del amor. La pretendida felicidad que tiene como base el goce personal, prescindiendo de la suerte del prójimo o la indiferencia egoísta, es pasajera, no es cristiana. No es la que nos enseña el Señor.

No se trata de salvarnos a nosotros mismos, sino de estar dispuesto a dar la vida por los demás, por Jesucristo y los Evangelios. Ese es el Camino a la Verdadera Felicidad y la Vida Eterna.

Padre Santo, haznos humildes y sencillos como Jesús. Que estemos siempre dispuestos a dar, aun a costa de nuestro malestar e incomodidad. Que seamos capaces de poner la felicidad de nuestro prójimo por encima de la nuestra, porque solo así podremos llamarnos hijos Tuyos. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo…Amén.

…los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?» Al contestar él: «De los extraños», Jesús le dijo: «Por tanto, libres están los hijos.

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