Mateo 16,24-28 – renuncie a sí mismo

Agosto 5, 2016

Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga.

Texto del evangelio Mt 16,24-28 – renuncie a sí mismo

24. Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga.
25. Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, pero el que sacrifique su vida por causa mía, la hallará.
26. ¿De qué le serviría a uno ganar el mundo entero si se destruye a sí mismo? ¿Qué dará para rescatarse a sí mismo?
27. Sepan que el Hijo del Hombre vendrá con la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno según su conducta.
28. En verdad les digo: algunos que están aquí presentes no morirán sin antes haber visto al Hijo del Hombre viniendo como Rey.»

Reflexión: Mt 16,24-28

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Mateo 16,24-28 renuncie a sí mismo

Con alguna frecuencia, ya sea en público o en privado, ponemos en duda el mensaje de Jesús. Buscamos interpretarlo de modo tal que no termine diciendo lo que en realidad dijo. Bueno es culantro, pero no tanto, decimos por aquí.

Nos parece evidente que estas palabras de Jesucristo, como muchas otras, han sido tergiversadas. De otro modo el mundo, después de dos mil años de cristianismo, sería completamente distinto. Porque, ¿cuántos hay entre nosotros que hayamos renunciado a nosotros mismos?

Es muy difícil seguir a Jesús de modo real en las condiciones que nos propone. Resulta más sencillo proponer esta forma de seguimiento como tema de reflexión o disertación. Pero aun así desata duras polémicas y los que tratamos de sostener esta posición terminamos tildados de fundamentalistas, ingenuos o recalcitrantes.

Entonces dijo Jesús a sus discípulos: El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga.

Es tan extrema la exigencia del Señor que ni si quiera resiste la confrontación teórica. Nadie, o muy pocos, estamos dispuestos a renunciar a nosotros mismos, aun cuando sea de modo hipotético o teórico. Los más leídos, los más cultos, los mejor preparados, los más prestigiados son los primeros en “bajarnos a tierra”.

Debemos confesar que gracias a Dios hemos tenido muchos buenos amigos sacerdotes, pero son aquellos que más estimamos los que han buscado hacernos desistir de estas ideas “radicales”. ¿Misa diaria, Rosario diario, confesión frecuente? Les parece una exageración, porque algunos ya ni creen en la confesión.

Parece de escándalo, pero es cierto. Si no fuera porque el Señor nos sostiene, hace rato hubiéramos abandonado este camino. Pero muchísimo más que nosotros, Él es fiel con quienes lo buscamos. Así ha ido deparando encuentros que nos han ido abriendo los ojos, para entender dónde se encuentran en realidad los verdaderos detractores.

Entonces dijo Jesús a sus discípulos: El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga.

El Señor sabe lo que hace y por qué lo hace. Sin embargo, muchas veces nos hemos preguntado sin tal vez la penetración del cristianismo en el stablishment haya tenido el enorme costo de tergiversarlo y frenarlo. Que el Imperio Romano se hiciera cristiano le abrió las puertas a todo el mundo conocido, pero al mismo tiempo empezó a volverlo inocuo.

¡Felizmente, a Dios Gracias, tuvimos a un San Francisco! Pero debemos compartir con mucha esperanza nuestro último hallazgo. Debemos confesar que nos ha llenado de alegría conocerlo y ver su enorme obra. Y lo mejor es que se trata de un laico, un hombre común y corriente, como cualquiera de nosotros.

Este hermano nos ha devuelto la esperanza, al ratificarnos que no estábamos mal, que no éramos fundamentalistas y que aún hoy, en pleno siglo XXI se puede vivir el cristianismo con la radicalidad que exige el Señor. Que todavía hay locos dispuestos a renunciar a sí mismos y seguirlo. Con enorme alegría tenemos el placer de presentar a Kiko Arguello, un hombre sencillo, que se codea con los Papas y mueve a millones de hermanos por el mundo entero.

Sin duda, un ejemplo de laico, camino a la santidad, que está dejando su nombre escrito con letras de oro en el Reino de los Cielos. Todo lo que pensábamos que debíamos hacer, que nos gustaría hacer, él lo ha hecho. Así que ya no tenemos excusa. Pidamos al Señor que nos de fe y valor para seguirlo.

Entonces dijo Jesús a sus discípulos: El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga.

Oremos:

Padre Santo, danos fe y valor, para renunciar a nosotros mismos y seguirte con nuestra cruz a cuestas…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Mateo 16,24-28 renuncie a sí mismo

Encuentro vocacional del Camino – Kiko Argüello

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