Mateo 16,13-23 – Tus ambiciones no son las de Dios

agosto 4, 2016

Pero Jesús se volvió y le dijo: «¡Retírate y ponte detrás de mí, Satanás! Quieres hacerme tropezar. Tus ambiciones no son las de Dios, sino las de los hombres.»

Texto del evangelio Mt 16,13-23 – Tus ambiciones no son las de Dios

13. Jesús se fue a la región de Cesarea de Filipo. Estando allí, preguntó a sus discípulos: «Según el parecer de la gente, ¿quién es este Hijo del Hombre?»
14. Respondieron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista, otros que eres Elías o Jeremías, o alguno de los profetas.»
15. Jesús les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?»
16. Pedro contestó: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo.»
17. Jesús le replicó: «Feliz eres, Simón Barjona, porque esto no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos.
18. Y ahora yo te digo: Tú eres Pedro (o sea Piedra), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; los poderes de la muerte jamás la podrán vencer.
19. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo.» 20. Entonces Jesús les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.
21. A partir de ese día, Jesucristo comenzó a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y que las autoridades judías, los sumos sacerdotes y los maestros de la Ley lo iban a hacer sufrir mucho, que incluso debía ser ejecutado y que resucitaría al tercer día.
22. Pedro lo llevó aparte y se puso a reprenderlo: «¡Dios no lo permita, Señor! Nunca te sucederán tales cosas.»
23. Pero Jesús se volvió y le dijo: «¡Retírate y ponte detrás de mí, Satanás! Quieres hacerme tropezar. Tus ambiciones no son las de Dios, sino las de los hombres.»

Reflexión: Mt 16,13-23

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Mateo 16,13-23 Tus ambiciones no son las de Dios

Es tiempo que nos esforcemos por comprender cómo piensa el Señor. Sus pensamientos, sus ambiciones no son las de los hombres. Esto nos puede dar una lectura completamente distinta de nuestra propia historia y la de la humanidad.

Hay muchos episodios, seguramente, que no alcanzamos a comprender, tanto en nuestras vidas como en las del mundo. Muchas cosas no comprendemos y nos preguntamos por qué tienen que pasar. Algunas nos llevan incluso a renegar o cuando menos cuestionar a Dios.

¿Por qué no nos das lo que te pedimos? En vez de atender nuestras súplicas, a veces parece que te empeñaras en hacernos sufrir. La delincuencia se incrementa, al igual que la corrupción. Por momentos parece que el mal nos estuviera cercando.

Pero Jesús se volvió y le dijo: «¡Retírate y ponte detrás de mí, Satanás! Quieres hacerme tropezar. Tus ambiciones no son las de Dios, sino las de los hombres.»

¿Dónde estás Señor, nos atrevemos a preguntar? ¿Será, tal vez, que como Pedro, no hemos entendido un ápice de lo que viviste y de lo que tenemos que pasar? No llegamos a comprender. ¿Por qué, siendo Dios, tienes que morir en la cruz?

¿Es que no había otra forma de salvarnos, que llegando a ese extremo? ¿Y en qué consiste que nos hayas salvado, si igual sentimos a cada nada amenazadas nuestras existencias? ¿Tú has muerto para que nosotros no tengamos que hacerlo?

Nuestras vidas se encuentran cada vez más amenazadas por nuestros propios semejantes. Tú no pareces salvarnos de eso, ni tampoco del hambre o de la pobreza. La enfermedad y la violencia siguen siendo un flagelo, tanto como los desastres naturales.

Pero Jesús se volvió y le dijo: «¡Retírate y ponte detrás de mí, Satanás! Quieres hacerme tropezar. Tus ambiciones no son las de Dios, sino las de los hombres.»

¿Cuál habrá de ser nuestro empeño entonces, si no llegamos a comprender los designios del Señor? Hemos de pedirle fe y valor. Fe para confiar ciegamente en Él, para no dudar por más incomprensibles que nos parezcan las circunstancias.

Y valor, para no flaquear por más duro que se ponga el panorama. Estamos en las manos de Dios; siempre lo hemos estado. Sea que lo comprendamos o no, nada sucede sin que Él lo permita. El Universo es una enorme maquinaria de relojería y se mueve con pasmosa precisión.

Sea que entendamos o no, todo está encaminado y encausado al cumplimiento de la Voluntad de nuestro Padre Dios. ¿Cuál ha de ser entonces nuestra preocupación? ¿Qué es lo que debemos pedir? Que nos permita hacernos partícipes de Su Voluntad. Que no nos resistamos a lo que Él ha dispuesto, aun cuando no podamos comprenderlo.

Pero Dios nos ha creado libres, por lo que está en nuestra voluntad acatar o no lo que Dios ha dispuesto. Si aprendemos a reconocerlo y seguirlo, desterraremos el dolor y la muerte definitiva de nuestras vidas, pues para eso ha venido Jesucristo precisamente, para enseñarnos el Camino, la Verdad y la Vida. Hagamos lo que el Señor nos dice y alcanzaremos la Vida Eterna.

Pero Jesús se volvió y le dijo: «¡Retírate y ponte detrás de mí, Satanás! Quieres hacerme tropezar. Tus ambiciones no son las de Dios, sino las de los hombres.»

Oremos:

Padre Santo, que abandonemos la necedad de pedir que se haga Tu Voluntad, para luego insistir en nuestros caprichos. Enséñanos a confiar en tus designios, que nada será mejor que hacer lo que nos mandas…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Mateo 16,13-23 Tus ambiciones no son las de Dios

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