Mateo 16,13-19 – quién dicen que soy yo

Junio 29, 2015

Texto del evangelio Mt 16,13-19 – quién dicen que soy yo

13. Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?»
14. Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas.»
15. Díceles él: «Y ustedes ¿ quién dicen que soy yo ?»
16. Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.»
17. Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
18. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.
19. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»

Reflexión: Mt 16,13-19

Después de todo lo que hemos venido reflexionando en torno a Jesús, la pregunta directa cae por su propio peso. ¿Quién es Jesús para nosotros? ¿Creemos como Pedro que es Cristo el Hijo de Dios vivo, o seguimos creyendo que fue un tipo excepcionalmente bueno, fundador de un movimiento que con centenas de variantes subsiste hasta nuestros días? Uno más de tantos profetas y/o representaciones de la Divinidad que ha tenido el mundo; y/o uno más de las decenas de líderes religiosos que hemos tenido a través de la historia, tan buenos unos como otros, solo que este fue el dominante en la porción geográfica en la que nacimos. Aun esto viene cambiando, en pleno siglo XXI, en que la ideología liberar se ha impuesto y se identifica a Estados Unidos como ejemplo de organización social, cultural, política y económica al que todos los pueblos aspiran. Una sociedad de la abundancia, en la que el aborto se va aprobando en todos los estados, la anticoncepción y la eutanasia se van instalando como derechos, junto con la unión homosexual. Con el poder y la fuerza del dinero y a nombre de un liberalismo supuestamente vanguardista, se remecen los antiguas instituciones que constituyeron los cimientos sobre las que nuestros antepasados edificaron nuestra sociedad, tildándolos de obsoletos y a sus defensores de conservadores y retrógrados. El relativismo ético y moral se va imponiendo, dictando que cada quien es libre de creer en lo que quiera y de vivir como le resulte agradable, siempre y cuando no perjudique ni se meta con los demás. Díceles él: «Y ustedes ¿ quién dicen que soy yo ?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.»

Un nuevo paradigma social, político y económico se ha impuesto a la humanidad, con la pretensión de ser la panacea que habrá de resolver los principales problemas de la humanidad. Guiados por el capital y los filósofos e intelectuales a su servicio, se ha entronizado al Dinero, como el único que realmente puede darnos el poder necesario para cambiar este mundo y acarrear la felicidad que todos anhelamos, a quien lo tiene y sabe aprovecharlo. Siendo de lejos Estados Unidos la primera economía del mundo, la más poderosa, no es extraño que marque el paso, descubra e imponga el camino por donde todos debemos transitar –por las buenas o las malas-, y una enorme cantidad de países y habitantes hayan hecho de este modo de vivir su codiciable norte. Sin embargo, si comenzamos a escarbar y analizamos en profundidad lo que hace posible este modo de vida, sus procedimientos, vamos descubriendo que este estilo de vida, que este sistema trae en germen la semilla de su propia destrucción, a la cual venimos asistiendo desde hace décadas, porque nada en el planeta resiste la explotación indiscriminada y sin límites de los recursos disponibles, con el solo propósito de atender las crecientes demandas de los mercados, haciendo de la plusvalía y la utilidad, acumulada por algunos cuantos, el verdadero y privilegiado móvil por el cual hombres y sociedades emprende actividades, que arrasan con todo, como si los recursos naturales y entre ellos las mismas personas, fueran inagotables, traspasando y borrando fronteras o controlando extensas áreas geopolíticas y a sus habitantes, con el único propósito de asegurar el orden político, social y económico que les permita disponer de la materia prima requerida para producir en los volúmenes que hagan posible incrementar la rentabilidad del dinero y el enriquecimiento astronómico de sus poseedores, que cada vez son menos, cuanto más grande su acumulación. Díceles él: «Y ustedes ¿ quién dicen que soy yo ?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.»

Con la concentración de capitales y de la propiedad de los recursos del planeta en unas pocas manos, no es de extrañar que se den fenómenos como la globalización, que en gran medida no es otra cosa que la homogenización de todas las culturas, sociedades, razas, naciones y colectividades, regidas todas por los mismos patrones filosóficos, políticos, legales, sociales y económicos, en el que la alienación de grandes colectividades no solamente cunde, sino que es propiciada por el mismo sistema, como el mejor modo de predecir y controlar comportamientos que alineen con la forma de organización, sumisión y disponibilidad que el sistema exige universalmente para seguir funcionando sin sobresaltos, condenando a los excedentes a la pobreza extrema, cuando no a su eliminación selectiva y paulatina, porque a pesar de los grandes excedentes económicos existentes el sistema solo puede existir si estos se siguen acumulando sin mirar para atrás, la estela de muerte y destrucción que van dejando. Así, la riqueza fabulosa de unos cuantos se levanta con la anuencia y complicidad de extensas clases medias burocráticas y empresariales, que controlan el sistema a cambio de privilegios y dádivas, sobre un número cada vez más creciente de poblaciones empobrecidas y sin esperanza, que deben conformarse con sobrevivir en condiciones paupérrimas e indignas, en enormes guetos continentales, donde cunde el tráfico de influencias, la inmoralidad, la violencia, la corrupción, la trata de personas, el tráfico de drogas, el terrorismo y la muerte, porque pretenden acomodarse a las reglas de un sistema en el que todos no tienen cabida. Díceles él: «Y ustedes ¿ quién dicen que soy yo ?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.»

En un mundo así injusto y distorsionado hay sin embargo un grupo de intelectuales al servicio del sistema, que en su afán de defenderlo argumentan que este es un sistema en el que impera la libertad, lo que pretenden demostrar con muchos ejemplos de ascenso social, político y económico, que han dado lugar a que millones se esfuercen por seguirlos, haciendo de esta su mayor aspiración. Sin embargo estos filósofos ocultan el hecho que esto no es posible para todos, porque el sistema simplemente colapsaría, porque la condición fundamental de su subsistencia es que haya grandes poblaciones empobrecidas, que sin embargo consuman sus productos masivamente, lo que parecieran ir logrando sin límites, a condición que cerremos los ojos a la destrucción y muerte que acaece por todo el mundo, pero especialmente en las sociedades más abandonadas y pobres, donde se exportan sin escrúpulos conflictos que permitan el desgaste y consumo de productos bélicos que aseguren a esta industria el incremento de las utilidades que sus accionistas demandan y esperan. Otro tanto ocurrió en la década pasada con las hipotecas y los bonos basura, que generaron una gigantesca burbuja financiera, que al explotar perjudicó los más pobres, hundiéndolos más, como era de esperar, porque está en la misma naturaleza del sistema. Díceles él: «Y ustedes ¿ quién dicen que soy yo ?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.»

Pongámonos en guardia contra estas filosofías relativistas, nacidas al amparo y al servicio de este sistema, con el único propósito de hacernos consentir que son la única forma o la forma “más desarrollada y moderna –cuando no científica-” de entender las cosas, de enfocar la vida: legalizando el aborto, legalizando la eutanasia, legalizando el consumo de drogas, legalizando la prostitución y el tráfico de seres humanos, legalizando los guetos, las persecuciones, y las murallas; promoviendo el libertinaje sexual, la opción sexual, la unión homosexual y la destrucción de la familia, porque es solo alienando a las personas, enajenándolas de su dignidad, que consiguen dominarlas, convenciéndolas que no hay nada más allá de esta vida y que la felicidad es un bien pasajero, que se encuentra en el consumo abundante de bienes materiales y cuya duración depende de cuánto dinero hayamos podido acumular para adquirirlos, de donde se concluye que lo más natural sea esforzarnos por acumular todo el dinero que nos sea posible, dedicando todo el tiempo del que disponemos a esta actividad, esforzándonos por incrementarlo, considerando un desperdicio el tiempo que no se dedica a ello, como claramente establece el dicho: el tiempo es oro y el que lo pierde es un bobo. Por eso, ha de llamarnos la atención que Jesús predique precisamente lo contrario, porque Él tiene puesta la mirada en otro lado, en la Verdad absoluta: que hemos sido creados por Dios, nuestro Padre para vivir eternamente, lo que solo será posible si hacemos lo que Dios nos manda: Amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Se trata entonces de dedicar la vida a servir a Dios y a lo que Él nos manda, que no es otra cosa que amarnos, lo que es totalmente opuesto al dinero y a su acumulación. Díceles él: «Y ustedes ¿ quién dicen que soy yo ?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.»

Es Jesucristo, es decir Dios mismo el que nos ha Revelado el objeto de la Vida. Hemos de elegir entre Dios o el Dinero. Depende de nosotros. Sin embargo Dios ha querido enviar a su Hijo Jesucristo a enseñarnos el Camino, a decirnos como podemos cumplir con el mandato de Dios. Él nos ha dado ejemplo y por si fuera poco, nos ha dejado la presencia del Espíritu Santo, para ayudarnos en nuestra elección y en el seguimiento. Es Él quien permite que Pedro reconozca a Jesús como el Hijo de Dios. Será Él quien nos permita reconocerlo y seguirlo, porque en ello estriba nuestra salvación, el sentido de nuestras vidas. Si se pierden o vale la pena vivirlas, depende de esta elección. El sistema prevaleciente y toda su filosofía, por cuanto ha entronizado al dinero, es contrario al espíritu cristiano y muy difícilmente podemos contemporizar con él, sin ahondar la crisis humanitaria, política, social y económica en la que vivimos. Nos engañamos y engañamos a los demás quienes pretendemos contemporizar ambas visiones de la vida, ambas concepciones, porque finalmente son excluyentes. Nadie puede servir a dos señores. No lo decimos nosotros, no es cuestión de gustos o pareceres. Es una realidad que Jesús nos anticipa y revela. Por no hacerle caso es que hemos llegado a estos extremos. Sin embargo, no hay que perder las esperanzas, porque muriendo y resucitando Jesús, ha vencido al mundo, garantizando con ello la victoria final, a pesar de lo alejados que a veces parezcamos estar. Como se suele reconocer: la noche es más oscura cuando está por amanecer. Díceles él: «Y ustedes ¿ quién dicen que soy yo ?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.»

Finalmente, para terminar, unas palabras sobre la instauración de la Santa Madre Iglesia que los católicos encontramos en este texto. Más allá de pareceres, de gustos o de nuestros razonamientos lógicos a los que estamos habituados a seguir, el hecho es que Jesús, tal como antes curó, expulsó demonios, mando a las fuerzas de la naturaleza e incluso resucitó muertos, con el mismo poder Divino evidente e indiscutible DISPONE que sea Pedro sobre quien recaiga la responsabilidad de la Iglesia, tanto sobre su edificación, como su reglamentación, en virtud de lo cual todo lo que Pedro ate o desate en la Tierra, será atado o desatado en el Cielo. Jesús ha decidido darle esta confianza a Pedro, no por ninguna cualidad que ahora pudiéramos ponernos a analizar pretendiendo justificar lo que hizo Jesús, sino porque, como todo, así a Él le pareció bueno. No es cuestión de gustos u opiniones. Jesús, que es Dios, así lo ha querido hacer. Y, como en todo, basta que Él lo quiera para que así sea. Pedro y sus sucesores cumplirán la Voluntad de Dios. De ese poder han sido embestidos, más allá que lo entendamos, lo justifiquemos o no. Todo esto ha sido hecho por el Señor, con el mismo poder que creo el Universo y todo lo existente. Díceles él: «Y ustedes ¿ quién dicen que soy yo ?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.»

Oremos:

Padre Santo, te pedimos que derrames tu Gracia abundante sobre nosotros, para que podamos entender tus designios, haciendo Tú Voluntad cada día y obedeciendo a los pastores de nuestra Iglesia. Derrama especialmente tu Sabiduría y Fidelidad sobre ellos, para que sepan comprende la responsabilidad que has puesto en sus manos y honrarla con una vida ejemplar, como se espera de ellos…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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