Mateo 14,22-36 – al ver la violencia del viento, tuvo miedo

Agosto 2, 2016

Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame».

Texto del evangelio Mt 14,22-36 – al ver la violencia del viento, tuvo miedo

22. Inmediatamente después Jesús obligó a sus discípulos a que se embarcaran; debían llegar antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.
23. Jesús, pues, despidió a la gente, y luego subió al cerro para orar a solas. Cayó la noche, y él seguía allí solo.
24. La barca en tanto estaba ya muy lejos de tierra y las olas la golpeaban duramente, pues soplaba el viento en contra.
25. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar.
26. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma», dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.
27. En seguida Jesús les dijo: «Ánimo, no teman, que soy yo.»
28. Pedro contestó: «Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti caminando sobre el agua.»
29. «Ven», le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.
30. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame».
31. En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?».
32. Subieron a la barca y cesó el viento,
33. y los que estaban en la barca se postraron ante él, diciendo: «¡Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios!»
34. Al llegar a la otra orilla, fueron a Genesaret.
35. Los hombres de aquel lugar reconocieron a Jesús y comunicaron la noticia por toda la región, así que le trajeron todos los enfermos.
36. Le rogaban que los dejara tocar al menos el fleco de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron totalmente sanos.

Reflexión: Mt 14,22-36

mateo-14-29

Mateo 14,22-36 al ver la violencia del viento, tuvo miedo

El principal enemigo de la fe es el miedo. Es el temor a entregarnos plenamente a aquello que Dios nos ha prometido, el que aviva el gusanillo de la duda. Y el que duda, se hunde en el imponente océano de sus temores.

Es esta misma lucha de Pedro la que todos los cristianos estamos obligados a dar por nuestra fe. Ocurre que aunque lo confesemos de boca, en el fondo no creemos. Ello se evidencia ante la primera gran dificultad.

Mientras la fe no nos exige nada determinante, nada definitivo, pues ahí la tenemos para hacer gala de ella. Sin embargo, cuando se trata de hacer lo que Dios nos manda, incluso contra toda lógica mundana, nos amilanamos.

Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame».

¿Qué hemos de hacer para fortalecer nuestra fe? Necesitamos de la presencia constante y salvadora de nuestro Señor Jesucristo para mantenerla. Hemos de mirar a Él, de enfocarnos en Él, sin perderlo de vista por nada del mundo.

Es evidente que nuestras resoluciones no bastan, que confiar en nuestras propias fuerzas no es suficiente. ¿A quién acudiremos? Sigamos el ejemplo de Jesús. Oremos incansablemente a Dios Padre para que nos de la fortaleza necesaria a la hora de los embates. Cuando el piso parezca licuarse bajo nuestros pies.

Convencidos que Jesucristo es Dios, acudamos a su llamado por más inverosímil que nos parezca. El Señor nos ha dado varias pruebas de Su Divinidad. La última fue Su Resurrección de entre los muertos. Jesucristo ha vencido a la muerte. Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Si lo hemos comprendido, hemos de hacer lo que nos manda.

Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame».

¿Hacemos lo que Cristo nos manda? Confesamos que Cristo es Dios, que ha venido a salvarnos. ¿Le obedecemos? Diagnosticamos que el mundo está en crisis y no nos falta razón. ¿No será precisamente por nuestra falta de fe? ¿Por tú falta de fe? ¿Por mí falta de fe?

El seguimiento del Señor es exigente. No se trata de meras declaraciones líricas, sino de compromisos concretos. ¿Estamos dando la respuesta que el Señor demanda de nosotros? ¿No será, más bien, que como Pedro hemos dudado y por eso nos estamos hundiendo?

¿Dónde está en realidad el problema? ¡No podemos servir a dos señores! Nuestro Señor Jesucristo nos ha puesto ante la disyuntiva. ¿O servimos a Dios o servimos al Dinero? Hemos de tomar esta decisión ineludible. Todos tenemos que adoptar esta decisión perentoria. Todos la tomamos, seamos o no conscientes de ella.

No culpes a Dios si tú decisión ha sido seguir al Dinero. Jesucristo ha venido a salvarnos. Él nos extiende la mano, pero es preciso que nosotros la tomemos y nos sujetemos fuertemente y con decisión a ella. Es preciso creer y por lo tanto obedecer a Dios.

Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame».

Oremos:

Padre Santo, danos la fe necesaria para abandonarnos a los brazos de tu Hijo nuestro Señor Jesucristo. Que tengamos el coraje de seguirlo, obedeciéndole en todo. No permitas que nos asalten las dudas y retrocedamos buscando en la idolatría del Dinero nuestra salvación…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

mateo-14-22-36-2016-08-02

Mateo 14,22-36 al ver la violencia del viento, tuvo miedo

(20) vistas

Deja un comentario