Mateo 14, 22-36 – grande es tu fe

agosto 5, 2015

Texto del evangelio Mt 14, 22-36 – grande es tu fe

21. Saliendo de allí Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón.
22. En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: «¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada.»
23. Pero él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: «Concédeselo, que viene gritando detrás de nosotros.»
24. Respondió él: «No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.»
25. Ella, no obstante, vino a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!»
26. El respondió: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.»
27. «Sí, Señor – repuso ella -, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.»
28. Entonces Jesús le respondió: «Mujer, grande es tu fe ; que te suceda como deseas.» Y desde aquel momento quedó curada su hija.

Reflexión: Mt 14, 22-36

Todo el que llega a esta lectura no deja de llamarle la atención dos aspectos descritos en la misma. Primero el hecho de la aparente discriminación con que Jesús se refiere a esta mujer, descartándola como alguien a quien atender, por el hecho de no pertenecer a la casa de Israel. ¿Quiénes cumplirían cabalmente el requisito de pertenecer a la casa de Israel? ¿Quiere decir que los demás están fuera del Plan de Salvación? ¿Dios no se ocupa de los demás? ¿No le interesan? Preguntas muy exigentes sobre las que reflexionaremos para tratar de responder. Otro aspecto es el tono aparentemente despectivo con el que Jesús se refiere a la mujer, al equipararla a un perrito. ¿Se trata de una forma despectiva, indigna y hasta vejatoria de referirse a una mujer que implora por su hija malamente enferma? ¿Es este un exabrupto que en tal caso más hubiera valido borrarlo del evangelio? Pues no somos los primeros en tener esta primera impresión y preferiríamos pasar de largo este pasaje, dado que no se puede borrar, porque no llegamos a entender la actitud de Jesús. ¿No será tal vez un error nuestro? ¿No será que estamos reaccionando basándonos en prejuicios? A estas alturas de la vida, ¿será que alguna vez el Señor nos ha fallado para que desconfiemos de su Palabra? No nos detengamos ante las dificultades, sino que estás sirvan para esforzarnos más en la reflexión y búsqueda de respuestas. Para eso hoy, gracias a Dios, tenemos Internet. Entonces Jesús le respondió: «Mujer, grande es tu fe ; que te suceda como deseas.» Y desde aquel momento quedó curada su hija.

Revisando muchas páginas relacionadas a este pasaje encontramos varios detalles referidos al contexto que siempre es preciso tener en cuenta. El primero y más importante es quizás el relacionado con aquello de perritos. Resulta que en aquellos tiempos era frecuente entre los judíos referirse a los no judíos, a los no creyentes como perros, sin la misma connotación tan despectiva que hoy podría tener para nosotros. De algún modo podemos decir que entre los judíos eran “perros” todos los extranjeros no pertenecientes a la casa de Israel. Eso también lo sabían los extranjeros como la mujer Cananea de este pasaje. Otra segunda observación interesante es que los discípulos suplican por esta mujer a fin de quitársela de encima, porque venía alborotando y gritando. A ellos el Señor responde de tal modo que invita al cuestionamiento y reflexión de los discípulos, para que tomen en cuenta y nota de lo que a pesar de todo hará, como una actitud a imitar, porque la fe no tiene fronteras de ningún tipo, tal como finalmente lo prueba esta misma mujer a cuya insistencia el Señor termina por rendirse, concediéndole la curación que pedía para su hija. Entonces Jesús le respondió: «Mujer, grande es tu fe ; que te suceda como deseas.» Y desde aquel momento quedó curada su hija.

Meditemos ahora en la actitud de esta mujer. Es realmente de admirar su fe, tal como el Señor lo reconoce. Se trata de una Cananea, es decir que no pertenece al pueblo de Israel y por lo tanto sabe que los judíos la van a rechazar por ser parte de lo que estos consideran “perros” y, sin embargo, superando todo obstáculo, dificultad y oposición, empezando por su propio orgullo y dignidad, se humilla al extremo frente a Jesús, porque sabe en su corazón que solo Él puede ayudarla si quiere, y no le importa ser rechazada o maltratada. Por eso, con mucha astucia y sobre todo humildad, reconociéndose indigna, sin rechazar el calificativo de “perrito”, muy por el contrario, utilizándolo, suplica que el Señor derrame aun cuando solo sea unas migajas de Su Gracia. Es de imitar la actitud de esta mujer, que no se detiene, a pesar de no ser judía, evidenciando su fe inquebrantable, en tanto muchos judíos desprecian y rechazan a Jesús. Reflexionemos en el ejemplo que nos da y comparemos su fe con la nuestra, que muchas veces, teniéndolo todo, sin embargo nos conformamos o lo despreciamos, como hacen los judíos. Entonces Jesús le respondió: «Mujer, grande es tu fe ; que te suceda como deseas.» Y desde aquel momento quedó curada su hija.

Oremos:

Padre Santo, no permitas que nos acomodemos y regodeemos en lo que hemos alcanzado. Danos humildad para reconocer nuestros errores, desviaciones y pecados. Derrama Tu Gracia infinita sobre nosotros para que te sirvamos fielmente …Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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