Mateo 13,54-58 – el hijo del carpintero

Julio 31, 2015

Texto del evangelio Mt 13,54-58 – el hijo del carpintero

54. Viniendo a su patria, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían maravillados: «¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros?
55. ¿No es éste el hijo del carpintero ? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?
56. Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?»
57. Y se escandalizaban a causa de él. Mas Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio.»
58. Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe.

Reflexión: Mt 13,54-58

¿Cómo podemos describir en este caso la conducta humana? Nos cuesta reconocer virtudes en nuestros semejantes, más aun si estos son nuestros vecinos y conocidos. Estamos dispuestos a reconocer méritos solo hasta cierto punto, por más ilógico que esto suene. Y es que nos resistimos a reconocer lo que en el caso de Jesús es evidente. Todo lo queremos explicar con nuestra propia lógica, pero cuando la realidad supera nuestras expectativas, preferimos sospechar del protagonista, antes de atribuirle un origen sobrenatural. Procedemos de un modo irracional en realidad, porque lo lógico sería conceder que estamos frente a un suceso extraordinario, en vez de negar lo que vemos, aquello de lo que hemos sido testigos, simplemente porque, según nuestro criterio y nuestros prejuicios los milagros no pueden proceder de gente humilde y poco distinguida según los cánones sociales. Preferimos negar los hechos, a atribuirlos a alguien sin “alcurnia”. Este proceder irracional es el resultado de movimientos internos que revelan que no siempre actuamos racionalmente, sino que muchas veces nos dejamos dominar por bajas pasiones, que tienen sus raíces en la mezquindad, el egoísmo y la soberbia. No podemos tolerar que nos supere alguien que tenemos por menos, desde todo punto de vista, porque le conocemos a él, a su familia, su entorno y aparentemente su trayectoria. Es decir, que nos guiamos por las apariencias y dejamos que estas imperen en nosotros y nos dominen. ¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros? ¿ No es éste el hijo del carpintero ? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?

Esto no es singular, ni nuevo, ni desconocido. Todo lo contrario está más generalizado en el mundo de lo que somos capaces de reconocer. Y el Señor lo sabe desde siempre. Es esta escala de valores precisamente la que Cristo viene a demoler con su vida, muerte y resurrección. Es que no hay otra forma de hacer que le sigamos y nos salvemos, que acabando con nuestros prejuicios, con nuestro modo de proceder “automático”, ajustado a las reglas, a la moda y principios de la sociedad de nuestro tiempo, que representan el modo social, político, cultural y económico de los grupos dominantes. Pero Dios no nos ha creado para que unos sojuzguen y esclavicen a los otros, sino que nos ha creado como hermanos, hijos de un mismos Padre, para que velemos los unos por los otros, amando a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Esto quiere decir siendo solidarios, responsabilizándonos por el bienestar de los demás, compartiendo y poniéndolo todo en común, lo que demanda un tipo de organización social, política, cultural y económico completamente distinto a la formulada por los grupos dominantes. Es por eso que el Señor va a nacer en un pesebre, como el más pobre entre los pobres y será perseguido desde niño y conocerá el destierro, la segregación y el desprecio, como el que nos revela este pasaje. “¿Qué puede esperarse del hijo de un carpintero, de un mecánico, de un parcelero, de un indio, de un cholo, de un negro…?” Hay grandes grupos humanos en nuestra sociedad que están como “sentenciados”. ¿Qué puede esperar nuestro mundo de un pobre negro que llega a Europa migrando sobre una balsa? Nada. Es solamente parte de un indicador estadístico de mortandad, de enfermedad, de pobreza, de desnutrición, de inseguridad. Allí, entre ellos, viene a nacer Jesús. ¿Quién daría un quinto por el hoy día? ¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros? ¿ No es éste el hijo del carpintero ? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?

Es que Jesucristo no ha venido a confirmar la organización social, política, económica y cultural del grupo dominante de la sociedad, sino a urgirnos a actuar como hermanos, hijos de un mismo Padre, lo que solo será posible si cambiamos, si volvemos a nacer. Es preciso una revolución incruenta, una revolución pacífica que nos lleve a desprendernos de cuanto atesoramos inútilmente, reconociendo que nada vale más que la vida y por lo tanto no podemos permitir que la de nuestros hermanos y la de nuestro mismo planeta sea amenazada por nosotros mismos, por nuestro comportamiento rapaz, egoísta, utilitarista, avaro, soberbio, incauto, depredador, inmoral, mezquino, inmisericorde, voraz, desmedido, irresponsable, cínico, mordaz, inescrupuloso, traicionero, desleal, deshonesto, lujurioso, abusivo y criminal. Jesús nos enseña que hay una salida; que es para mostrárnosla que ha venido, enviado por nuestro Padre Celestial. Esta salida es nuestra Salvación. Ella nos permitirá vivir eternamente, conforme a la Voluntad de Dios. La salida, nuestra salvación es oírlo y hacer lo que Él nos manda. ¿Qué nos manda? Amar a Dios por sobre todas las cosas y amar al prójimo como a nosotros mismos. La obediencia a este mandato es imposible sin cambiar el mundo; sin cambiar la forma en que nos relacionamos; sin desprendernos de todo aquello que atesoramos en favor de nuestros hermanos, especialmente de aquellos que menos tienen, de los más indefensos y necesitados. El mundo tiene que cambiar. Entre tanto, Jesús seguirá siendo despreciado, cuando no tergiversado por los más poderosos, por los más ricos, a quienes más les cuesta acatar este mandato. Seguirán negándolo o resistiéndose a reconocer su Divinidad, para no tener que obedecerle. Por eso será más fácil que un camello pase por el hueco de una aguja, antes que un rico entre en el Reino de los Cielos. ¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros? ¿ No es éste el hijo del carpintero ? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?

Oremos:

Padre Santo, ayúdanos a cambiar desde lo más profundo de nuestro ser; danos Tu Luz y la fuerza del Espíritu Santo para perseverar en el amor a nuestros hermanos. Ayúdanos a deponer toda mezquindad y egoísmo…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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