Mateo 13,44-46 – un tesoro escondido

Julio 27, 2016

El Reino de los Cielos es como un tesoro escondido en un campo. El hombre que lo descubre, lo vuelve a esconder; su alegría es tal, que va a vender todo lo que tiene y compra ese campo.

Texto del evangelio Mt 13,44-46 – un tesoro escondido

44. El Reino de los Cielos es como un tesoro escondido en un campo. El hombre que lo descubre, lo vuelve a esconder; su alegría es tal, que va a vender todo lo que tiene y compra ese campo.
45. El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas;
46. Si llega a sus manos una perla de gran valor, se va, vende cuanto tiene y la compra.

Reflexión: Mt 13,44-46

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Mateo 13,44-46 un tesoro escondido

¿Qué es el Reino de los Cielos? ¿Cómo es? El Señor nos lo da a conocer por analogías. Como siempre que quiere explicarnos su visión, nos la da a conocer por medio de parábolas.

Luego de esta explicación, quién puede dudar del valor asombroso del Reino. Su atractivo es de tal magnitud, que cualquiera con sentido común, no dudaría un solo instante en dejarlo todo e ir por él.

Es más, el temor a perderlo obligaría a cualquiera a mantener el secreto y jugársela el todo por el todo. Lo más importante en esta circunstancia sería asegurarse por todos los medios a nuestro alcance de poderlo obtener.

El Reino de los Cielos es como un tesoro escondido en un campo. El hombre que lo descubre, lo vuelve a esconder; su alegría es tal, que va a vender todo lo que tiene y compra ese campo.

Estar dispuestos a darlo todo por el Reino solo se explica porque este es de tal magnitud, que no deja lugar a dudas. Nadie, en sus cabales, estaría dispuesto a considerar la remota posibilidad de arriesgarse a perderlo.

¿Qué puede ser tan valioso? ¿Qué sería capaz de comprometer todo lo que tenemos, toda nuestra estabilidad y vuestro porvenir? Solo si estuviéramos seguros del valor superior de este tesoro a cuanto pudiéramos imaginar, nos comprometeríamos a tal extremo.

¿Podría tratarse de un error o tal vez de un engaño? Si, podría ser. Sin embargo subsiste el hecho que lo hemos visto con nuestros propios ojos. Nadie nos lo ha contado.

El Reino de los Cielos es como un tesoro escondido en un campo. El hombre que lo descubre, lo vuelve a esconder; su alegría es tal, que va a vender todo lo que tiene y compra ese campo.

Y hay algo más, que no podemos dejar de ponderar. No es que este tesoro despierte en nosotros codicia o ambición, no. El tesoro encontrado nos da tal alegría, que ya nada de lo que pudiéramos tener importa, nada.

Solo así se explica que estemos dispuestos a desprendernos de todo cuanto poseemos. Todo cuanto hemos atesorado a lo largo de nuestras vidas, estamos dispuestos a darlo, por no perder jamás esta alegría. ¿Hay algo más placentero, más satisfactorio que la alegría?

Recordemos la mayor alegría que hayamos tenido alguna vez. Pensemos en la alegría más indescriptible. Cualquiera de estas se asemeja a lo que será capaz de despertar en nosotros el Reino de los Cielos.

¿Qué puede ser tan grade? ¿Qué puede ser tan hermoso? ¿Qué puede darnos tanta paz, serenidad y gozo? ¿Qué o quién puede ser fuente de tanta alegría en nuestras vidas? El encuentro personal con Jesucristo nos lo anticipa. La paz y alegría que brota de este encuentro es una primicia que solo Dios es capaz de suscitar. Nuestra alma no descansará hasta conseguirlo. Solo en el Reino de los Cielos alcanzaremos la alegría y el reposo que buscamos. ¡Vanos por él! ¡No descansemos hasta conseguirlo!

El Reino de los Cielos es como un tesoro escondido en un campo. El hombre que lo descubre, lo vuelve a esconder; su alegría es tal, que va a vender todo lo que tiene y compra ese campo.

Oremos:

Padre Santo, no permitas que borremos jamás de nuestra memoria el sentimiento aquel –semejante a la alegría más grande-, que será capaz de produciros el encuentro con el Reino de los Cielos. Que este nos aliente a seguir por el Camino que nos señala Jesús…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Mateo 13,44-46 un tesoro escondido

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