Mateo 13,36-43 – brillarán como el sol

julio 26, 2016

Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. Quien tenga oídos, que entienda.

Texto del evangelio Mt 13,36-43 – brillarán como el sol

36. Después Jesús despidió a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron y le dijeron: «Explícanos la parábola de las malas hierbas sembradas en el campo.»
37. Jesús les dijo: «El que siembra la semilla buena es el Hijo del Hombre.
38. El campo es el mundo. La buena semilla es la gente del Reino. La maleza es la gente del Maligno.
39. El enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.
40. Vean cómo se recoge la maleza y se quema: así sucederá al fin del mundo.
41. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal,
42. y los arrojarán en el horno ardiente. Allí no habrá más que llanto y rechinar de dientes.
43. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. Quien tenga oídos, que entienda.

Reflexión: Mt 13,36-43

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Mateo 13,36-43 brillarán como el sol

El Señor, con esa visión que solo Él puede tener, nos describe lo que será el final de los tiempos. Aquél momento en el que finalmente alcanzaremos Sus promesas. Cuando veremos todo en su esplendor.

Intuir todo aquello, más allá de cuanto podemos imaginar y soñar, enciende nuestros corazones, los acelera y los llena de ansiedad, deseando que lleguen pronto.

Al mismo tiempo nos llena de este deseo de contagiar, de comunicar aquello que anticipamos a todo el mundo, empezando por nuestras familias.

¡Cómo callar si vemos tan clara la razón de nuestras existencias! ¡Como disimular si hemos llegado a comprender que ningún sufrimiento, por más grande que este sea, se compara a la Gloria de Dios que Jesucristo ha puesto a nuestro alcance!

Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. Quien tenga oídos, que entienda.

Hay, desde luego, diferentes formas de ver este pasaje y es lamentable constatar –ciertamente-, que por alguna razón, tradicionalmente, hemos preferido contemplar y divulgar el lado oscuro de la historia.

Ha de ser, tal vez, porque rechazamos caminar por el Camino de la virtud, no porque no nos guste, ni deseemos ser virtuosos, sino porque cuesta ser virtuoso. Hay sacrificios que nos gustaría poder evitar. Es decir, en buena cuenta, lo queremos todo con el menor esfuerzo.

Esta es una actitud típicamente humana, más común de lo que pensamos. Todos queremos pasarla bien y alcanzar la gloria, la excelencia, el éxito, sin tener que sacrificar nada. Vivimos aferrados a lo que tenemos y nos atemoriza ponerlo en juego por algo que consideramos dudoso.

Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. Quien tenga oídos, que entienda.

En el fondo, lo que revelamos con esta actitud, es nuestra falta de fe. No tenemos fe. No le creemos a Jesús cuando nos dice que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Cuando nos revela que Él ha venido a traernos vida, para que la tengamos en abundancia.

Jesucristo hizo todo, incluso lo imposible para cualquier otro, que no fuera Dios, para convencernos. Jesús, enviado por nuestro Padre Eterno, nos trajo Su mensaje de Salvación. Murió en la cruz y resucitó al tercer día para suscitar nuestra fe en Su Palabra, en Sus promesas, pero ni aun así le creímos.

Por eso, teniéndolo tan a la mano, no hacemos lo que nos manda y nos atemoriza que, entonces, no alcanzaremos Sus promesas. Y si no las merecemos, ya sabemos lo que nos espera.

Pero, entonces ¿Por qué no esforzarnos por alcanzarlas? ¿No creemos que es posible? ¡¡Claro que es posible!! ¡No por nuestro esfuerzo, sino porque Dios así lo quiere! Si Él, que todo lo puede, para el que no hay nada imposible, lo quiere…¿Por qué no ponernos en Sus manos y dejarlo actuar? ¡Hagamos lo que nos manda y confiemos en Él! Entonces, un día no muy lejano, veremos el cumplimiento de Sus promesas…

Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. Quien tenga oídos, que entienda.

Oremos:

Padre Santo, qué hermosa es Tu Mansión, qué bellas tus promesas, qué maravilloso es Tu Reino, qué esplendorosa Tu Gloria. Permítenos ser contados entre Tus elegidos…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Mateo 13,36-43 brillarán como el sol

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