Mateo 13,10-17 – ansiaron ver lo que ustedes están viendo

Julio 21, 2016

Yo se lo digo: muchos profetas y muchas personas santas ansiaron ver lo que ustedes están viendo, y no lo vieron; desearon oír lo que ustedes están oyendo, y no lo oyeron.

Texto del evangelio Mt 13,10-17 – ansiaron ver lo que ustedes están viendo

10. Los discípulos se acercaron y preguntaron a Jesús: «¿Por qué les hablas en parábolas?»
11. Jesús les respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos, no
12. Porque al que tiene se le dará más y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.
13. Por eso les hablo en parábolas, porque miran, y no ven; oyen, pero no escuchan ni entienden.
14. En ellos se verifica la profecía de Isaías: Por más que oigan no entenderán, y por más que miren no verán.
15. Este es un pueblo de conciencia endurecida. Sus oídos no saben escuchar, sus ojos están cerrados. No quieren ver con sus ojos, ni oír con sus oídos y comprender con su corazón… Pero con eso habría conversión y yo los sanaría.
16. ¡Dichosos los ojos de ustedes, que ven!; ¡dichosos los oídos de ustedes, que oyen!
17. Yo se lo digo: muchos profetas y muchas personas santas ansiaron ver lo que ustedes están viendo, y no lo vieron; desearon oír lo que ustedes están oyendo, y no lo oyeron.

Reflexión: Mt 13,10-17

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Mateo 13,10-17 ansiaron ver lo que ustedes están viendo

No todos podemos ver y oír. Este será hoy el motivo de nuestra reflexión. Si no todos pueden hacerlo, la pregunta cae de madura: ¿por qué unos sí y otros no? ¿De qué depende?

Si fuera ello resultado de un defecto físico, congénito, tendríamos derecho a sentirnos indignados y reclamar. ¿Por qué a nosotros? Pero, conociendo al Señor, Infinitamente Misericordioso, esta forma de actuar sería una incoherencia, así que la descartamos.

Por lo tanto, se trata de algo en nosotros. Es algo que brota de nosotros. Es nuestra opción. Somos nosotros los que escogemos no ver ni oír. ¿Cuándo lo hacemos y por qué? El sembrador sale a sembrar y siembra en todo lado, pero no todos estamos dispuestos a recibirlo.

Yo se lo digo: muchos profetas y muchas personas santas ansiaron ver lo que ustedes están viendo, y no lo vieron; desearon oír lo que ustedes están oyendo, y no lo oyeron.

¿Qué hay en nosotros que nos impida verlo u oírlo? Son nuestras actitudes, nuestras opciones. No quereos darle crédito. ¿Por qué? Porque ello demandaría sacrificar lo que tenemos, aquello en lo que hemos puesto nuestra confianza.

En el fondo esto quiere decir que ya hemos decidido y difícilmente cambiaremos de opinión. Somos testarudos y esta insensatez nos llevará a taparnos ojos, oídos y boca, como si negando la realidad pudiéramos cambiarla.

En resumen, no queremos ver ni oír. Rechazamos cualquier cosa que pretenda inquietarnos, obligándonos a dejar lo que tenemos, aquello a lo que nos hemos aferrado. Preferimos lo viejo conocido, que lo nuevo por conocer.

Yo se lo digo: muchos profetas y muchas personas santas ansiaron ver lo que ustedes están viendo, y no lo vieron; desearon oír lo que ustedes están oyendo, y no lo oyeron.

Preferimos lo que todos hacen, lo que todos aprueban, antes que darle crédito al Señor. En pocas palabras: no tenemos fe. Así, aunque vemos y oímos, nos negamos a aceptar lo evidente. ¿Por qué? Porque ello demandaría de nosotros un cambio, un dejar nuestras posiciones, posesiones y actitudes, que no estamos dispuestos a arriesgar.

Tenemos miedo a perder. No confiamos en Dios. Más vale pájaro en mano que cientos volando. Confiamos en lo que tenemos y estamos dispuestos a adaptarnos a las reglas por conseguir más. Hemos puesto nuestra confianza en el Dinero.

Yo se lo digo: muchos profetas y muchas personas santas ansiaron ver lo que ustedes están viendo, y no lo vieron; desearon oír lo que ustedes están oyendo, y no lo oyeron.

A la pregunta ¿Dios o el Dinero? Hemos respondido el Dinero. Esto es lo que nos impide ver y oír. No importa cuán ricos seamos. No importa cuánto hayamos acumulado. El hecho es que esta actitud prevalece sobre cualquier otra y nos impide ver y oír a Jesús.

Por lo tanto, nuestra pregunta está resuelta. No es Dios el que nos discrimina e impide que lleguemos al Reino de los Cielos. Somos nosotros los que hemos optado por un camino diferente y no estamos dispuestos ni a verlo, ni a oírlo.

El Señor ha puesto en nuestras manos, a nuestro alcance la Salvación. Él es la el Camino, la Verdad y la Vida. Nosotros no queremos ni verlo, ni oírlo. Porque tenemos mucho o porque aspiramos a tener demasiado. Por nuestra ambición, por nuestro orgullo, por nuestra avaricia, por nuestros afectos desordenados.

Dios es amor. Amor es sacrificio. Es poner al otro, a nuestro prójimo, antes que nosotros. Amor significa servicio y renuncia. Eso es lo que no estamos dispuestos a aceptar. Por eso ni vemos, ni oimos.

Yo se lo digo: muchos profetas y muchas personas santas ansiaron ver lo que ustedes están viendo, y no lo vieron; desearon oír lo que ustedes están oyendo, y no lo oyeron.

Oremos:

Padre Santo, desestabilízanos, inquiétanos. Sácanos de esta modorra, de esta indiferencia, de este egoísmo. Abre nuestros ojos y nuestros oídos, para que te podamos ver y oír. No permitas que perdamos esta oportunidad. Que entendamos y hagamos Tú Voluntad…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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