Mateo 13,1-9 – Otras cayeron en tierra buena

julio 26, 2017

Otras cayeron en tierra buena

Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos, que oiga.

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Mateo 13,1-9 – Otras cayeron en tierra buena

Mateo – Capítulo 13

Reflexión: Mateo 13,1-9

¿Cómo ser tierra buena? ¿Qué podemos hacer para ser tierra buena? ¿Hay algo que dependa de nosotros o se trata de una suma de circunstancias, en algunas de las cuales nos es imposible influir? ¡Queremos ser tierra buena y dar frutos!

Tal vez este solo deseo ya es un buen comienzo. Es nuestro corazón, nuestra mente, nuestro espíritu el que debe ser bien trabajado, preparado y abonado para convertirse en buena tierra. Ciertamente hay cosas que no dependen de nosotros, pero empecemos por las que sí.

Esto parece lo más razonable. En cuanto podamos, sacudámonos de toda influencia negativa, de todo aquello que sabemos que nos daña, de todo vicio, de toda maledicencia, de la mediocridad, de la ira, de la soberbia, del orgullo, de la envidia, del egoísmo.

¿Es esto posible? Pensemos en situaciones concretas de nuestra vida. Cuando nos enfocamos en personas y situaciones concretas, inmediatamente empiezan a surgir circunstancias y nombres con los que estamos involucrados.

Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos, que oiga.

¿Preguntémonos si actuamos correctamente con cada uno de ellos? Siempre nos estamos escudando en que “así somos” o en que “siendo como son” (ellos o ellas) es imposible tratarlos de otro modo. Tal vez ahí radica el cambio que podemos esforzarnos en llevar a cabo.

¿No podemos esforzarnos en dejar de ser tan predecibles? Tal vez tendríamos que empezar por considerar que podemos haber dado alguna razón para que los demás nos encasillen. Tal vez no basta con decir que “somos así”. Tal vez ha llegado el momento de cambiar.

Tal vez ha llegado el momento de no ser tan condescendientes con nosotros, aunque seamos viejos. Todos podemos mejorar. Empecemos por reconocer nuestros errores y defectos. No somos perfectos. ¡Dejemos la soberbia de lado y esforcémonos por mejorar!

¡Hay mucho que hacer! ¿No es verdad? Empecemos enfocándonos en nosotros mismos. Empecemos entonces por tratar de cambiar todo aquello que reconocemos que es posible mejorar en nosotros mismos. No somos perfectos.

Tal vez somos la fuente de los conflictos que vivimos con los demás. Tal vez no sean ellos, sino nosotros los que con nuestra actitud o proceder alimentamos estos conflictos. Tal vez un pequeño cambio en nosotros podría acarrear grandes frutos.

¿Por qué no intentarlo? Ciertamente hay cosas que no podemos cambiar, pero empecemos por lo que sí podemos hacer. ¡Eso es lo que hoy nos pide el Señor! ¡Ser buena tierra, en todo cuanto nos sea posible! El resto, dejémoslo en sus manos.

¿Hasta dónde habremos de insistir? Ahí viene el reto. Siguiendo el ejemplo de Jesús, hasta el final, hasta que duela. Debemos sostenernos con firmeza. Nadie ha dicho que sea fácil. Se necesita amor, mucho amor. Todo cuanto seamos capaces de dar.

¿Qué es amar? ¿Hasta dónde debemos llegar? Aquí está quizás la raíz de nuestro fracaso. El umbral del sacrificio, de la negación de nosotros mismos y del dolor quizás es muy corto. Debemos empezar por ampliar estas fronteras.

En una sociedad complaciente, en la que se nos ha hecho consentir que es el placer, la satisfacción y el bienestar personal el propósito de la vida, resulta difícil e incluso imposible amar, dar sin esperar nada a cambio. Nos impacientamos muy rápidamente.

Por otro lado, como estamos acostumbrados a ver y evaluar todo en términos mercantiles, queremos tratar nuestras relaciones personales, nuestras relaciones humanas, como transacciones comerciales, en las que estamos dispuestos a dar a cambio de una utilidad.

Hemos hecho del ganar la razón de nuestros actos y por lo tanto nos resulta difícil concebir una relación en la que alguien deba sacrificarse por el otro, que es la esencia del amor. Amar, cuesta. Amar es dar. Amar demanda dar sin esperar nada a cambio.

Pidamos a Dios Padre que nos ayude a mantenernos firmes en esta decisión de amar, a pesar de las circunstancias y de la adversidad; a pesar de las incomprensiones. Que nos esforcemos por ser tierra buena y dar la cantidad de frutos que estamos llamados a dar, por Jesucristo nuestro Señor…Amén.

Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos, que oiga.

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