Mateo 13,1-9 – cayeron en buena tierra y produjeron cosecha

julio 20, 2016

Otros granos, finalmente, cayeron en buena tierra y produjeron cosecha, unos el ciento, otros el sesenta y otros el treinta por uno.

Texto del evangelio Mt 13,1-9 – cayeron en buena tierra y produjeron cosecha

01. Ese día Jesús salió de casa y fue a sentarse a orillas del lago.
02. Pero la gente vino a él en tal cantidad, que subió a una barca y se sentó en ella, mientras toda la gente se quedó en la orilla
03. Jesús les habló de muchas cosas, usando comparaciones o parábolas. Les decía: «El sembrador salió a sembrar
04. Y mientras sembraba, unos granos cayeron a lo largo del camino: vinieron las aves y se los comieron
05. Otros cayeron en terreno pedregoso, con muy poca tierra, y brotaron en seguida, pues no había profundidad
06. Pero apenas salió el sol, los quemó y, por falta de raíces, se secaron.
07. Otros cayeron en medio de cardos: éstos crecieron y los ahogaron.
08. Otros granos, finalmente, cayeron en buena tierra y produjeron cosecha, unos el ciento, otros el sesenta y otros el treinta por uno.
09. El que tenga oídos, que escuche.»

Reflexión: Mt 13,1-9

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Mateo 13,1-9 cayeron en buena tierra y produjeron cosecha

El Señor ha venido y ha salido a sembrar. ¿Qué clase de tierra soy? ¿Cómo recibimos el mensaje que nos trae? Siendo el Señor el Hijo de Dios, ¿qué otra razón puede haber para que no demos los frutos esperados que no sea nuestra mala disposición?

¿Habrá algo que podamos hacer para mejorar nuestra productividad? Depende de la clase de persona que somos, pero ¿cuánto de lo que somos es perfectible? ¿Cuánto de lo que somos está en nuestras manos cambiar?

¿Qué podemos hacer? En primer lugar, reconociendo humildemente quién nos habla, poner lo mejor de nosotros para oírlo esforzándonos por atender y entender. Paralelamente, orar pidiendo la Gracia de contarnos entre los escogidos, capaces de dar el ciento por uno.

Otros granos, finalmente, cayeron en buena tierra y produjeron cosecha, unos el ciento, otros el sesenta y otros el treinta por uno.

¿Puede estar el Señor atento a la cantidad de frutos, sin importar de qué tipo son estos frutos? ¿Es que dará lo mismo la clase de frutos, con tal que la cosecha sea abundante? Hay frutos buenos y frutos malos. Obviamente el Señor está interesado en obtener una buena cosecha, pero de frutos que valgan la pena.

Siendo el Señor el que sale a sembrar, ¿qué clase de semilla podemos esperar que siembre? Seguramente la mejor y más apropiada para cada terreno. Por ese lado está asegurada la buena cosecha. ¿Qué puede fallar? La calidad de tierra.

Hemos de preguntarnos sinceramente qué clase de tierra somos. Es sumamente importante conocernos, para prepararnos adecuadamente. ¿Qué podemos hacer? Pedir incansablemente que el Señor nos de las aptitudes necesarias para oír y poner en práctica lo que nos enseña.

Otros granos, finalmente, cayeron en buena tierra y produjeron cosecha, unos el ciento, otros el sesenta y otros el treinta por uno.

Solo hay una clase de frutos que importan al Señor, son aquellos que en favor del Reino, es decir, frutos de fe, esperanza y caridad. Podemos matizar con otros como paciencia, generosidad, solidaridad, humildad, misericordia, justicia, servicio y amor. Todas virtudes.

El hecho es que el Señor busca la perfección, es decir, la santidad, porque de eso somos capaces todos. Él sabe dónde siembra y qué es lo que siembra, por eso espera como respuesta una cosecha abundante.

Recibir la semilla y poner en juego todo nuestro ser, todo lo que está a nuestro alcance debía ser lo razonable. Si lo hacemos o no, debe ser el motivo de nuestro examen de conciencia cotidiano y motivo de nuestra constante oración.

Hemos sido llamados y enviados para dar fruto en abundancia. Este es el Plan de Dios, esta Su Voluntad. Esforcémonos por cumplir a satisfacción. No caigamos en la necedad de pretender que podremos hacerlo solos. Confiemos en Él, tengamos fe. Imploremos Su ayuda, que con ella todo será posible.

Otros granos, finalmente, cayeron en buena tierra y produjeron cosecha, unos el ciento, otros el sesenta y otros el treinta por uno.

Oremos:

Padre Santo, ayúdanos a entender Tu Palabra y ponerla en práctica de modo que nuestra cosecha sea tan abundante como esperas de nosotros…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Mateo 13,1-9 cayeron en buena tierra y produjeron cosecha

Entrevista exclusiva del Cardenal Bergoglio

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