Mateo 12,46-50 – ése es mi hermano, mi hermana y mi madre

julio 19, 2016

«Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»

Texto del evangelio Mt 12,46-50 – ése es mi hermano, mi hermana y mi madre

46. Todavía estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con él.
47. Alguien le dijo: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.»
48. Pero él respondió al que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?»
49. Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos.
50. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»

Reflexión: Mt 12,46-50

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Mateo 12,46-50 ése es mi hermano, mi hermana y mi madre

Recordamos con mucha tristeza las veces que algunos amigos nuestros e incluso nosotros, hemos usado la excusa de nuestra familia para evadir un compromiso, una responsabilidad.

Somos muy propensos a aceptar las excusas de aquél o aquella que se justifica con sus hijos, sus padres ancianos y sus hermanos. Solemos distorsionar a tal extremo las prioridades que ponemos por encima de todo a nuestros parientes.

¿Debe ser así? ¿Estamos seguros? Pues si respondiste que sí, fíjate que el Señor nos enseña otra cosa. Y si somos cristianos ¿no debíamos seguir Su ejemplo? Sin embargo, muy fácil y rápidamente nos excusamos y sentimos que hacemos bien.

«Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»

Para nuestro Señor Jesucristo las prioridades son muy claras. Siendo Dios e infinitamente misericordioso, siempre estará de acuerdo en que velemos por nuestra familia, pero no al extremo de ponerla por encima de la Misión. Dios ha de ser siempre primero.

¿No es que a través del prójimo llegamos a Dios? ¿No es amando al prójimo a quien vemos, que amamos a Dios, a quien no vemos? Cierto, pero a veces son precisas acciones heroicas que podrían poner en riesgo nuestra integridad física. En tal caso, no cabe eludir el riesgo para evitar el sufrimiento a los nuestros.

Tenemos que aprender a afrontar todo riesgo, confiando en la Providencia de Dios. Hemos de aprender a discernir para aprender a distinguir entre nuestra voluntad y la de Dios. Es la Voluntad de Dios la que debe prevalecer.

«Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»

El Camino de seguimiento de Jesús, es difícil. Requiere decisión y compromiso, porque no podemos seguir a dos señores. Alguien podría argumentar que cuando atendemos a nuestra familia en primer lugar, no necesariamente estamos dejando de hacer la Voluntad de Dios.

Lo que ocurre es que, tal como lo anticipa el Señor, no podemos servir a dos señores. Dejar de hacer -en primer lugar-, lo que Dios nos manda, puede acarrear graves consecuencias, no solo a nuestra familia, sino al prójimo en general.

Tal es el caso de aquél que –por ejemplo-, prefiere desertar al ejército para mantenerse vivo, aun cuando ello signifique la perdición y muerte de decenas de personas, que podría alegar no conocer.

«Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»

Tenemos que seguir el ejemplo de Jesús, cuya misericordia alcanza a toda la humanidad, no solo a los que no lo conocen, sino incluso a los enemigos.

A este respecto discutíamos hace unos días con unos amigos, alegando ellos que hay guerras justas y en algunas ocasiones se justifica la violencia, para proteger a los nuestros. ¿No será demasiada condescendencia?

Si esto fuera cierto, ¿Cómo es que Jesús no se defiende y por el contrario se deja humillar y maltratar al extremo de padecer aquella cruel muerte en la cruz? Si el no luchó, ni impidió aquello, ¿por qué habríamos de justificar nuestra respuesta violenta ante un agresor? ¿Es la defensa propia suficiente argumento para refutar a Jesús?

«Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»

¿Hay diferentes clases de violencia, de tal modo que en algunos casos sí se justifique la respuesta violenta e incluso el ataque preventivo? Los hombres lo hacemos muchas veces. Tenemos los casos de Hiroshima y Nagasaki. También los de Irak y Afganistan.

Como seres humanos ¿estamos obligados a defender nuestras vidas a cualquier precio? ¿Por qué el Señor nos manda amar a nuestros enemigos y a los que nos hacen daño? ¿Será que lo dice figurativamente o con ciertas reservas? ¿Por qué diría esto si no tuviera intención que le hagamos caso?

El Señor nos ha enseñado a amar. Y en el caso específico del ejercicio de violencia insana contra Él, nos enseñó con su ejemplo cuál debía ser nuestra respuesta. ¿Cómo podemos justificar una respuesta distinta sin caer en la apostasía?

«Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»

Oremos:

Padre Santo, danos tu Luz para entender cuáles deben ser nuestras prioridades y hasta a qué extremo hemos de llegar en el seguimiento de Cristo. No permitas que caigamos en el cálculo egoísta y la defensa de nuestros intereses por encima de los de Tú Reino…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Mateo 12,46-50 ése es mi hermano, mi hermana y mi madre

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