Mateo 12,38-42 – aquí hay algo más que Salomón

Julio 18, 2016

La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con esta generación y la condenará; porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón.

Texto del evangelio Mt 12,38-42 – aquí hay algo más que Salomón

38. Entonces le interpelaron algunos escribas y fariseos: «Maestro, queremos ver una señal hecha por ti.»
39. Mas él les respondió: «¡Generación malvada y adúltera! Una señal pide, y no se le dará otra señal que la señal del profeta Jonás.
40. Porque de la misma manera que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches.
41. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás.
42. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con esta generación y la condenará; porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón.

Reflexión: Mt 12,38-42

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Mateo 12,38-42 aquí hay algo más que Salomón

En los tiempos en que nos ha tocado vivir, todo lo tomamos muy superficialmente. Profundizamos muy poco en lo que vemos u oímos y sin embargo juzgamos. Calificamos, aprobamos o desaprobamos por meras evidencias superficiales.

Queremos evidencias contundentes, que nos hagan cambiar de parecer y que fundamenten nuestras creencias. Sin embargo damos poca oportunidad a que estas ideas se profundicen y consoliden.

Todo lo queremos para ahora, para este momento. Porque no tenemos tiempo. Estamos instalados en la butaca de un tren que camina a una velocidad vertiginosa, que no nos da tiempo a detenernos a reflexionar en nada.

La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con esta generación y la condenará; porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón.

No alcanzamos a darnos cuenta, pero lo cierto es que nos hemos hecho esclavos de un sistema que abarca toda nuestra vida. Este es el que dicta cual ha de ser nuestro comportamiento frente a todo lo que nos rodea.

No importa lo que hagamos, ni la posición económica o social que ocupemos, compartimos un común de nominador: no hay tiempo. Creyéndonos libre y a nombre de la libertad, nos hemos hecho esclavos. ¿De qué? No hay tiempo para detenernos a pensar y responder. Sin embargo somos esclavos. Hemos hipotecado nuestra libertad.

Sin tiempo a que nadie nos lo explique, tomemos las evidencias. ¿A qué nos dedicamos? ¿En qué empleamos la mayor parte de nuestro tiempo? ¿No es a producir y a consumir? Cuando no producimos, consumimos y este círculo vicioso nos permite acumular una pequeña porción de lo que producimos para consumirlo más tarde.

La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con esta generación y la condenará; porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón.

Es la acumulación la que nos permite un consumo a discreción y aparentemente ilimitado. Esta se ha trasformado en la ley fundamental del sistema y por lo tanto de nuestra existencia. La única garantía de vivir y ser “feliz” es correspondiendo adecuadamente a esta ley fundamental del sistema.

Hemos puesto nuestras esperanzas en el tener, porque mientras más tengamos más posibilidades de consumir y es consumiendo, saboreando, gustando, pasándola bien que encontramos nuestra felicidad.

La vida debe ser placentera. Queremos nuestra libertad para alcanzar a vivir de este modo. Por eso entregamos nuestra libertad al sistema en que vivimos. Porque este nos ofrece la felicidad a cambio de acoplarnos a sus reglas. Mientras más acumulemos, mientras más tengamos, más posibilidades tendremos de ser felices…Por eso no hay tiempo para nada más.

La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con esta generación y la condenará; porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón.

De allí que en una de las tantas paradas, en una de las estaciones, nos detenemos a observar a Jesús. Con los escribas y fariseos pedimos una señal a Jesús, porque este sistema nos agobia, nos asfixia, pero nos hemos dejado ganar y estamos completamente a su servicio.

Nada llega a convencernos de dejarlo, de abandonarlo, de liberarnos. Somos esclavos. Eso lo sabe Jesús. Para eso ha venido; para liberarnos. Pero tenemos que ser capaces de mirar más allá, de detenernos y observar con los ojos de la fe ¿quién es en realidad Jesús?

Él ha venido entre nosotros, para liberarnos. Porque el camino en el que nos encontraos solo conduce a la perdición y a la muerte. La vida como la “vivimos”, constituye un desperdicio que no podemos seguir tolerando. Dios no quiere eso para nosotros. Dios no nos ha creado para eso.

La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con esta generación y la condenará; porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón.

Solo tomando conciencia de quién es Jesús en realidad, tendremos la posibilidad de encontrar el Camino que nos conduce a la felicidad y a la vida eterna. Ella está a nuestro alcance. Pero tenemos que ser capaces de usar nuestra libertad, nuestra inteligencia y nuestra voluntad para verla.

Solo en Jesucristo encontraremos la Verdad y la Vida. Para ello tenemos que ser capaces de bajarnos de este torbellino en el que nos encontramos sumidos, consumiendo y consumiéndonos en busca de una quimera inalcanzable. Lo que hacemos solo nos conduce a la destrucción, a la oscuridad y a la muerte.

Jesús ha venido a darnos una salida, a salvarnos. Pero ello solo serpa posible, si nos detenemos y bajamos. Si estamos dispuestos a cambiar y a seguir otra lógica, otro Camino, el que trazó Dios para nosotros. Nuestra felicidad no está en la acumulación ni en el consumo. Nuestra felicidad está en el amor. Eso es lo que nos enseña Jesús con su vida. Oigamos a Jesús y hagamos lo que nos dice, con fe, sabiendo que ese es el único Camino.

Jesucristo vivió entre nosotros, murió en la cruz y resucitó al tercer día para enseñarnos el Camino. Démonos el tiempo de conocerlo, porque allí se encuentra la respuesta a todas nuestras más importantes inquietudes. Nuestra alma no descansará hasta no encontrar al Señor. Solo Él dará sentido a nuestras vidas.

La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con esta generación y la condenará; porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón.

Oremos:

Padre Santo, te damos gracias por habernos enviado a Tu Hijo Jesucristo a salvarnos y por permitirnos encontrar con Él y con Él nuestra razón de existir y nuestra felicidad…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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