Mateo 12,14-21 – No discutirá, ni gritará

Julio 16, 2016

Viene mi siervo, mí elegido, el Amado, en quien me he complacido. Pondré mi Espíritu sobre él, para que anuncie mis juicios a las naciones. No discutirá, ni gritará, ni se oirá su voz en las plazas.

Texto del evangelio Mt 12,14-21 – No discutirá, ni gritará

14. En seguida los fariseos salieron y se confabularon para buscar la forma de acabar con él.
15. Jesús lo supo y se alejó de allí, pero muchas personas lo siguieron, y él sanó a cuantos estaban enfermos.
16. Pero les pedía insistentemente que no hablaran de él.
17. Así debían cumplirse las palabras del profeta Isaías:
18. Viene mi siervo, mí elegido, el Amado, en quien me he complacido. Pondré mi Espíritu sobre él, para que anuncie mis juicios a las naciones.
19. No discutirá, ni gritará, ni se oirá su voz en las plazas
20. No quebrará la caña resquebrajada ni apagará la mecha que todavía humea, hasta que haga triunfar la justicia.
21. Las naciones pondrán su esperanza en su Nombre.

Reflexión: Mt 12,14-21

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Mateo 12,14-21 No discutirá, ni gritará

El Evangelio de hoy trae esta hermosa cita del Profeta Isaías que extraordinariamente ratifica los atributos con que se reconoce al Mesías y que Jesucristo encarna. De este modo el Antiguo Testamento se une con el Nuevo haciéndonos notar la continuidad y coherencia del Plan de Dios.

Jesucristo es aquel a quien alude Isaías alrededor de 700 años antes. Él será condenado por los judíos a morir en la cruz. Siendo Dios, no ofrecerá resistencia alguna. Dará su vi para salvarnos del pecado y la muerte.

Jesucristo resucitará al tercer día, venciendo de este modo la muerte y enseñándonos el Camino del amor. No hay amor más grande que el de aquel que da su vida por sus amigos. Jesucristo se sometió libremente a esta humillación y llegó a este extremo por amor.

Viene mi siervo, mí elegido, el Amado, en quien me he complacido. Pondré mi Espíritu sobre él, para que anuncie mis juicios a las naciones. No discutirá, ni gritará, ni se oirá su voz en las plazas.

El mensaje claramente es que debemos estar dispuestos a amar a Dios y a nuestros hermanos, como Él nos ha amado. Así, Jesucristo no solo predicó, sino que nos dio ejemplo, con su propia vida.

Esta es la pedagogía de Jesús, de la cual debemos aprender. No basta hablar; no bastan los discursos. Es preciso vivir coherentemente con aquello que se predica. Dar ejemplo es fundamental.

Por eso es que el Señor mismo se define como el Camino. Transitar por este Camino significa hacer lo que Él hace. De allí la importancia de conocerlo, lo que solo podemos lograr conociendo los Evangelios.

Viene mi siervo, mí elegido, el Amado, en quien me he complacido. Pondré mi Espíritu sobre él, para que anuncie mis juicios a las naciones. No discutirá, ni gritará, ni se oirá su voz en las plazas.

Es cierto que el Señor se da a conocer a quien Él quiere. Pero también es verdad que el que busca encuentra. Él sale al encuentro de quien sinceramente lo busca.

Por eso debemos perseverar en la oración, para que Él nos colme con Su Gracia y nos permita conocerlo y seguirlo siempre, de modo coherente. Que como Él lo es con nosotros, seamos ejemplo para nuestros hermanos.

Hemos de reconocer humildemente que no depende de nosotros, que no es algo que debemos dejar librado a nuestro esfuerzo, sino que es Gracia que Dios da a quien se la pide incansablemente.

Seamos perseverantes en la oración y dejémonos iluminar por la Palabra del Señor. Solo entonces seremos capaces de seguir el Camino por el que el Señor nos manda. El Camino de la Misericordia, el Camino del Amor incondicional, tal como Dios nos ama.

Viene mi siervo, mí elegido, el Amado, en quien me he complacido. Pondré mi Espíritu sobre él, para que anuncie mis juicios a las naciones. No discutirá, ni gritará, ni se oirá su voz en las plazas.

Oremos:

Padre Santo, danos entrañas de misericordia. Que aprendamos a amar y entregarnos a nuestros hermanos como Jesucristo nos enseña, sin condiciones ni límites, poniéndote a Ti siempre en primer lugar…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Mateo 12,14-21 No discutirá, ni gritará

En esperanza fuimos salvados (Rom 8, 24)

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