Mateo 12,1-8 – Quiero misericordia, no sacrificios

julio 15, 2016

Y si ustedes entendieran estas palabras: Quiero misericordia, no sacrificios, ustedes no condenarían a quienes están sin culpa.

Texto del evangelio Mt 12,1-8 – Quiero misericordia, no sacrificios

01. En cierta ocasión pasaba Jesús por unos campos de trigo, y era un día sábado. Sus discípulos, que tenían hambre, comenzaron a desgranar espigas y a comerse el grano.
02. Al advertirlo unos fariseos, dijeron a Jesús: «Tus discípulos están haciendo lo que está prohibido hacer en día sábado.»
03. Pero él les respondió: «¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre?
04. Pues entró en la casa de Dios y comieron los panes presentados, que les estaban prohibidos tanto a él como a sus compañeros, pues están reservados a los sacerdotes.
05. ¿No han leído en la Ley que los sacerdotes en el Templo no observan el descanso, y no hay culpa en eso?
06. Yo se lo digo: ustedes tienen aquí algo más que el Templo.
07. Y si ustedes entendieran estas palabras: Quiero misericordia, no sacrificios, ustedes no condenarían a quienes están sin culpa.
08. Además, el Hijo del Hombre es Señor del sábado.

Reflexión: Mt 12,1-8

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Mateo 12,1-8 Quiero misericordia, no sacrificios

Este es un momento oportuno para reflexionar en torno a la Misericordia. Estamos en el año de la Misericordia y a estas alturas ya debíamos tener muy claro en qué consiste. De cualquier modo, hoy hemos de reflexionar en ella, porque esto es lo que quiere Dios.

La palabra misericordia tiene su origen en dos palabras del latín: miserere, que significa tener compasión, y cor, que significa corazón. Ser misericordioso es tener un corazón compasivo. Que no es lo mismo que pena. Es padecer con; es implicarse en el sufrimiento de los demás, reconociéndonos como hermanos.

Hemos de reconocernos imperfectos y falibles. No somos capaces de hacer todo lo que queremos. Cometemos errores. Somos falibles. Necesitamos ser perdonados y perdonarnos unos a otros, como Dios nos perdona.

Y si ustedes entendieran estas palabras: Quiero misericordia, no sacrificios, ustedes no condenarían a quienes están sin culpa.

La misericordia nos lleva a ir más allá de lo que está establecido por la ley. Reconocer que la ley ha sido establecida por el hombre para facilitar nuestra convivencia. Pero la ley no puede reconocer, como nosotros, las distintas circunstancias en las que el bien del hombre ha de ser cautelado en primer lugar.

No podemos argumentar y justificarnos por la ley, por la norma, por lo establecido. La misericordia, que es esta capacidad de condolernos con nuestros hermanos, ha de estar por encima de la ley. Tenemos que aprender a ser misericordiosos como lo es Dios con nosotros.

La misericordia nos lleva a la comprensión, a la tolerancia, a la solidaridad. Reconociendo que somos falibles, que todos cometemos errores y que nosotros también necesitamos ser perdonados.

Y si ustedes entendieran estas palabras: Quiero misericordia, no sacrificios, ustedes no condenarían a quienes están sin culpa.

Dios es precisamente nuestro modelo de misericordia, porque Él nos ha amado primero, sin merecimiento alguno de nuestra parte. Por eso mismo, Él está dispuesto a perdonarnos siempre. A darnos una nueva oportunidad. A mantener sus esperanzas vivas en nosotros, en nuestra capacidad de enmendarnos.

La misericordia de Dios llega al extremo de enviar a Su propio Hijo a salvarnos, con la esperanza que Su sacrificio, su solidaridad con nosotros, no será vana. Esto es lo que hace Jesús. Se involucra a tal punto en nuestras vidas, que muere en la cruz por salvarnos a todos y cada uno de nosotros, aun antes que hubiéramos nacido.

Es esta capacidad de comprender, de hacernos uno con nuestros hermanos, de amarlos, más allá de sus aciertos, fallas o errores, la que debemos practicar. Imitando a Jesucristo y a Dios Padre. Antes que ofrecer sacrificios de ninguna clase, hemos de ser misericordiosos. Esto es lo que quiere Dios. Esto nos debe llevar a poner al bien del hombre por encima de toda ley, porque las leyes han de estar a su servicio.

Y si ustedes entendieran estas palabras: Quiero misericordia, no sacrificios, ustedes no condenarían a quienes están sin culpa.

Oremos:

Padre Santo, danos un corazón misericordioso. Que seamos capaces de amar sin condiciones…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Mateo 12,1-8 Quiero misericordia, no sacrificios

LA MISERICORDIA DE JESUS

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