Mateo 11,25-27 – nadie conoce al Padre sino el Hijo

Julio 13, 2016

Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo se lo quiera dar a conocer.

Texto del evangelio Mt 11,25-27 – nadie conoce al Padre sino el Hijo

25. En aquella ocasión Jesús exclamó: «Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has mantenido ocultas estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, pues así fue de tu agrado.
26. Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis manos.
27. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo se lo quiera dar a conocer.

Reflexión: Mt 11,25-27

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Mateo 11,25-27 nadie conoce al Padre sino el Hijo

Tenemos 3 aspectos distintos que nos propone esta lectura para nuestra reflexión. Tres aspectos cuya relación trataremos de establecer. Lo primero a destacar es el beneplácito de Jesús que alaba al Padre por haber dado a conocer todo lo que parece oculto, a la gente sencilla.

La decisión de Dios de enviar a Su Hijo a este mundo, para que naciera de la Virgen María, esposa de José, en Belén, en un hogar pobre y perseguido, está seguramente incluida en esta alabanza.

Jesucristo está sanamente admirado y entusiasmado por esta decisión. ¿Por qué? Porque Jesucristo a estas alturas de Su vida constata por enésima vez que no hay nada más acertado que los Planes de Dios. Jesucristo está de acuerdo con Dios Padre.

Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo se lo quiera dar a conocer.

En segundo lugar, no podemos dejar pasar por alto que TODO está en manos de Jesucristo, por Voluntad del Padre, porque así le ha parecido. Dios dispone y hasta Jesucristo acata.

Pocas veces, como en esta ocasión, el mismo Señor Jesucristo nos hace distinguir muy claramente entre Dios Padre, nuestro Creador y Él, es decir Jesucristo, el Hijo de Dios. Nadie lo puede conocer, si Él mismo no se da a conocer.

Pero todo poder, toda capacidad y podríamos extendernos a decir incluso que toda la Divinidad de Jesucristo proviene del Padre, que ha puesto todo en Sus manos.

Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo se lo quiera dar a conocer.

Finalmente algo que resulta sumamente importante y trascendente, pues tiene que ver con una discusión casi cotidiana al interior de la Iglesia actual. ¿Es Jesucristo Dios? ¿Es Jesucristo Hombre? ¿No es ninguna de las dos cosas o es ambas cosas al mismo tiempo?

Nos resulta sumamente difícil explicarnos a Jesucristo, sin encerrarlo en un concepto o una definición limitada. Que vivió, sintió y sufrió como cualquier hombre, nos parece necesario para comprender que se hizo hombre y murió en la cruz, resucitando al tercer día.

Si no fue hombre, como cualquiera de nosotros, ¿qué de extraordinario tendría su entrega y sacrificio? Pero, si no era Dios ¿cómo hizo todos los milagros de los que fuimos testigos?

Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo se lo quiera dar a conocer.

Jesucristo es un verdadero Misterio, que solo es revelado y entendido por aquellos a los que el Señor escoge para darse a conocer. Para el resto de nosotros seguirá siendo un Misterio, mientras Él así lo quiera.

¿Cuál debe ser nuestra actitud frente a este Misterio? Humildad. Absoluta humildad. Estamos frente a un hecho singular y extraordinario, único en la historia, que ocurrió en el tiempo y lugar que Dios dispuso según su Voluntad, según Su Plan.

No está en nosotros entenderlo, ni explicarlo. Pretender hacerlo, es caer en la trampa de la soberbia. La única respuesta posible a este Misterio es la FE. Eso es todo lo que nos pide el Señor. Que tengamos FE y hagamos lo que nos manda.

Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo se lo quiera dar a conocer.

Oremos:

Padre Santo, danos la Gracia de contarnos entre los que Jesús escoge para darse a conocer y de saber encaminar a nuestros hermanos a este propósito…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Mateo 11,25-27 nadie conoce al Padre sino el Hijo

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