Mateo 11,2-11 – se anuncia a los pobres la Buena Nueva

diciembre 11, 2016

Se anuncia a los pobres la Buena Nueva

los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva

Texto del evangelio Mt 11,2-11

2. Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle:
3. «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?»
4. Jesús les respondió: «Vayan y cuenten a Juan lo que oyen y ven:
5. los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva;
6. ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!»
7. Cuando éstos se marchaban, se puso Jesús a hablar de Juan a la gente: «¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?
8. ¿Qué salieron a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? ¡No! Los que visten con elegancia están en los palacios de los reyes.
9. Entonces ¿a qué salieron? ¿A ver un profeta? Sí, les digo, y más que un profeta.
10. Este es de quien está escrito: He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará por delante tu camino.
11. «En verdad les digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él.

Reflexión: Mt 11,2-11

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Mateo 11,2-11 se anuncia a los pobres la Buena Nueva

¿Por qué a los pobres? ¿Por qué el Señor escogió nacer entre los pobres y anunciar la Buena Nueva a los pobres? ¿Es que condena la riqueza? ¿O es que condena a los ricos? Ni una ni otra. Lo que ocurre es que los hombres nos hacemos esclavos de lo que tenemos.

No importan cuanto podamos poseer, si mucho o poco. Seremos ricos, es decir, tendremos la misma actitud de los ricos, si creemos que cualquier cosa que poseemos es imprescindible para vivir. Solo una cosa es necesaria. Creer en Dios. Amar.

Nada, absolutamente nada de lo que podamos atesorar lo tuvimos antes de nacer, ni lo retendremos después de muertos. ¡Nada! Ni el agua, ni el aire. ¡Nada! Por lo tanto nada de ello es superior al Don de la vida que Dios nos dio. Es lo único que debemos aquilatar.

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La vida la tenemos sin haberla pedido. La vida no depende de nuestra voluntad. No podemos hacerla ni más larga ni más corta. Tampoco decidimos cuando tenerla, ni donde, ni cómo. Es un Don de Dios. Siendo un Don magnífico, único, lo primero es agradecerlo.

Muy bien. Tenemos la vida y agradecemos por ella. Y ahora ¿qué hacemos con ella? Ese debe ser el siguiente paso, averiguar quién nos la dio y para qué. Nuestra inteligencia nos permite reconocer que no brotó de la nada, que alguien nos la dio y ese fue Dios, nuestro Creador.

Todo ello ha sido confirmado por la Palabra de Dios contenida en la Biblia y ha sido corroborado por nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, nuestro Salvador. La siguiente pregunta es ¿para qué? ¿Para qué Dios nos ha dado este precioso Don Gratuito?

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Ciertamente, no para que seamos esclavos de nada, ni nadie. De otro modo no nos hubiera hecho libres. ¿Somos prisioneros de nuestra propia contingencia, de nuestras propias limitaciones? No, no del todo. Hemos sido creados dotados de inteligencia, libertad y voluntad.

Son estas cualidades únicas, adecuadamente combinadas con las potencias de la Creación que deben colaborar para alcanzar el propósito para el cual fuimos creados. Si hemos de alcanzar aquel propósito sin perder la libertad ¿para qué fuimos creados?

Jesucristo nos revela que fuimos creados por Amor y para vivir eternamente. ¿Cómo podemos hacerlo si constatamos que la vida es finita y que todo termina algún día? Es Voluntad de Dios Padre, nuestro Creador, que así lo hagamos y para Él no hay nada imposible.

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Entonces ¿somos sus esclavos? ¿Si esa es Su Voluntad, por qué no la lleva a cabo y san, se acabó? Precisamente porque no somos esclavos. Porque hemos sido creados libres y dotados de todas las cualidades que nos permitan aspirar conscientemente a lo que Dios nos ofrece.

Depende de nosotros. El Cielo nos espera. El Reino de Dios está cerca. Entraremos, si escogemos hacerlo, con la ayuda de Dios. Entraremos si amamos a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Jesús vino a mostrarnos el Camino.

Nada que podamos atesorar en este mundo nos llevará a la Vida Eterna. Solo el amor. Por lo tanto, hemos de vivir para el amor. Los que no tienen nada, los que no atesoran nada, los pobres, lo comprenden mejor. Por eso es a ellos y a los que son como ellos a quienes se anuncia la Buena Nueva.

No pongamos nuestra fe en nada que no sea Dios y Su Voluntad. Él solo quiere lo mejor para nosotros. Para eso nos creó. Para que seamos felices y vivamos eternamente. Los ciegos lo ven. Y todos los que estábamos muertos resucitamos a esta Nueva Vida.

los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva

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