Mateo 11,16-19 – un comilón y un borracho

diciembre 11, 2015

Texto del evangelio Mt 11,16-19 – un comilón y un borracho

16. «¿Pero, con quién compararé a esta generación? Se parece a los chiquillos que, sentados en las plazas, se gritan unos a otros diciendo:
17. “Les hemos tocado la flauta, y no han bailado, les hemos entonado endechas, y no se han lamentado.”
18. Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Demonio tiene.”
19. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tienen un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras.»

Reflexión: Mt 11,16-19

Con cuantas cosas nos pasa tal como el Señor describe en este pasaje. Nos resistimos a aceptar la realidad y ya sabemos que no hay peor sordo que el que no quiere oír. Somos difíciles de contentar, porque muchas veces estamos buscando el resquicio que nos permita evadir las exigencias que Jesús formula. Nuestro proceder, lejos de ser racional, es caprichoso, exactamente como el del niño aquél que no se contenta con nada, porque en realidad no sabe lo que quiere. Entonces, es cuestión de madurez. Aplicar nuestros sentidos para oír lo que el Señor nos manda, razonarlo, teniendo en cuenta que quien nos lanza esta propuesta es nada menos que Jesucristo, el Hijo de Dios, tomar una decisión y mantenernos con toda firmeza en ella, como corresponde a una persona adulta, inteligente y madura. Lamentablemente no ocurre así, pero no porque el mensaje no sea claro, sino porque no hay peor ciego que el que no quiere ver. Porque no queremos arriesgar; no queremos complicarnos; no queremos incomodarnos. Queremos tenerlo todo, sin renunciar a nada. Queremos mantener la amistad o el amor, prescindiendo de estar presentes allí cuando más nos necesitan. Decimos que hemos decidido seguirlo, pero en la práctica hacemos otra cosa. Luego pretendemos justificarnos con una falta de comprensión, cuando en realidad lo que ocurre es que caprichosamente no queremos hacer lo que el Señor nos manda, porque ello exige ciertos sacrificios, ciertos desprendimientos que –la verdad-, no estamos dispuestos a realizar. Seamos sinceros y reconozcamos lo que está pasando y no andemos con rodeos, que al Señor no lo podemos engañar. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tienen un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras.

El reproche que nos hace Jesús en este pasaje es en serio, precisamente para que asumamos en serio nuestros compromisos y no andemos deshojando margaritas, que ya ese tiempo paso. Es una llamada de atención para que nos, dejemos de tonterías y abordemos seriamente la decisión que Él nos exige. No podemos tener todo, es preciso tomar una decisión y esta debe ser la correcta, dejando de lado la frivolidad y las apariencias. ¡Hagamos lo que corresponde en cada ocasión! Seamos consecuentes y dejémonos de excusas, que a nadie engañamos y mucho menos al Señor. No nos dejemos confundir, ni confundamos a los demás. Si hemos decidido ser cristianos, pues vivamos como tales, haciendo lo que se debe, no a medias, ni a nuestro modo, porque el único modo de ser verdaderamente cristianos es al modo de Cristo. Reír cuando hay que reír, llorar cuando hay que llorar, acompañar, sacrificar, oír, resistir, luchar, entregar, participar, hacer justicia, decir la verdad, afrontar; en suma, amar. No podemos permanecer indiferentes y mucho menos haciéndonos los que no entendemos, los ajenos a las situaciones que nos presenta la vida, en las que están involucrados nuestros hermanos, a veces con serios riesgos. No se trata de sentarse a esperar que te vengan a pedir ayuda, cuando tú sabes perfectamente que así es y que muy bien puedes ofrecerla y darla. Las buenas intenciones sirven para muy poco. Hay que decir “presente” en el momento oportuno, sin detenernos a hacer cálculos de conveniencias. Eso es lo que espera el Señor de cada uno de nosotros. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tienen un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras.

Demos respuesta de una vez y por todas a las preguntas relacionadas con nuestra fe. ¿Creemos o no? Si la respuesta es positiva, porque la Sabiduría se ha acreditado por sus obras, comprometámonos y actuemos en consecuencia. No permanezcamos indefinidamente en babia, siendo “buenones” pero sin realmente comprometernos, como si no fuera nuestra responsabilidad o como si el mundo entero tuviera que conformarse con lo poco que damos, porque a comparación de otros que no dan nada, resulta bastante. Nosotros o hacemos las cosas por aparentar o conformar a los menos exigentes o según los estándares aceptables establecidos, nosotros actuamos asumiendo nuestros compromisos a fondo, porque estos son con el Señor, que es tremendamente exigente y no se conforma con medias tintas. O estamos con Él o no estamos. No hay términos medios, ni caprichos, ni engreimientos. No hay tiempo para eso. Mientras haya pobres, mientras haya dolor y sufrimiento, habrá apremio. Demos siempre, en cada ocasión todo lo que esté a nuestro alcance, sin cálculos ni medidas, teniendo en cuenta que lo hacemos por el Señor. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tienen un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras.

Oremos:

Padre Santo, no permitas que nos hagamos los sordos o los ciegos ante lo que sucede a nuestro alrededor. Enséñanos a ser solidarios…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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