Mateo 11,11-15 – el más pequeño en el Reino de los Cielos

Diciembre 10, 2015

Texto del evangelio Mt 11,11-15 – el más pequeño en el Reino de los Cielos

11. «En verdad les digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él.
12. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.
13. Pues todos los profetas, lo mismo que la Ley, hasta Juan profetizaron.
14. Y, si quieren admitirlo, él es Elías, el que iba a venir.
15. El que tenga oídos, que oiga.

Reflexión: Mt 11,11-15

Jesús emplea magistralmente las palabras -como siempre-, para ubicarnos en el tiempo Histórico, Único, al que estamos asistiendo. Es Histórico, así con “H” mayúscula, porque se refiere a una historia que está por encima de la historia universal, es la Historia de la Salvación o si se quiere, la Historia de la Humanidad. Para esta Historia, lo que acontece es central, porque lo que estamos presenciando es el cumplimiento de las promesas de Dios, para aquellos que saben oír, leer e interpretar los signos de los tiempos. Aquello que tiene que ocurrir, aquello que está escrito en los Planes de Dios, ocurrirá, a pesar de la oposición de cualquier clase e incluso violenta que ejerza el Enemigo. Juan el Bautista es una señal muy grande, muy notable que precede precisamente la llegada del Mesías, aquel que fue anunciado muchos siglos atrás, que sería precedido por Elías. Esto tendría que ser obvio para quien sigue las Escrituras, para los encargados de leerlas e interpretarlas, por eso es así como tendrían que admitirlo y si alguien sentía que le faltaban argumentos, la contundente afirmación de Jesucristo tendría que bastar para entenderlo. Solo hace falta prestar oídos. En verdad les digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él.

¿Quién es el más pequeño en el Reino de los Cielos? Parece muy claro que Jesús se refiere a sí mismo, y la pequeñez a la que hace alusión es a la edad. Se refiere a este Niño, que en el ciclo litúrgico de la Iglesia está por nacer, que como sabemos llegó precedido por Juan el Bautista, con mucha violencia y oposición, porque eso fue lo que tuvo que padecer la Sagrada Familia para que finalmente Jesús viniera al mundo. No olvidemos el lugar y las circunstancias de su nacimiento, en un corral, porque no había sitio para Él. Recordemos que no más nacido, tuvieron que huir a Egipto, para librarse temporalmente de sus verdugos y poder cumplir su Misión. Con Jesús llega y comienza a crecer el Reino de los Cielos, el que no será aceptado de ninguna manera por el Príncipe de este mundo, es decir por el Demonio y todos los que pretenden edificarlo teniendo como centro el Dinero, el hedonismo, el placer, la comodidad personal, la riqueza, el poder, la soberbia, el orgullo, el egoísmo. Hay violencia contra Jesucristo y todo lo que representa, porque es opuesto a todo aquello que pretende presentarse como la columna vertebral del sistema imperante, opuesto totalmente al amor, la paz, la justicia y la verdad. Mantener esta forma de vida es por naturaleza contrario a los Planes de Dios, contrario al amor y por lo tanto violento. Violento porque requiere forzarnos a aceptar un modo de vida y unas relaciones contrarias a nuestra naturaleza, a aquello para lo que fuimos creados. En verdad les digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él.

La presencia del Señor es inseparable a la del Reino de los Cielos. Su llegada, anticipada por Juan el Bautista, es el comienzo del Reinado de Jesús, en el Reino de los Cielos, al que toda la humanidad está invitada a participar como hijos de Dios Padre, Creador del Universo. Jesucristo nos revela que Él ha venido al mundo a hacer la Voluntad del Padre y esta es, que no se pierda uno solo de Sus hijos. En pocas palabras, ha venido a salvarnos, para lo cual nos manda amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Eso es todo lo que tenemos que hacer, y sería muy fácil si no fuera porque el mundo se opone. Y se opone por una razón muy simple: en la concepción dominante, primero y antes que nada ha de estar cuidarnos y complacernos a nosotros mismos, es decir, todo lo contrario a lo que nos manda Jesús. Según el mundo, cada quien debe velar por sí mismo y hacer todo lo que esté a su alcance por preservarse o salvarse, haciendo hasta lo imposible para ponerse a buen recaudo. En cambio Jesús nos dice que quien quiera salvarse, perderá su vida, en tanto el que la pierda por Dios y los Evangelios, es decir, por amor, la ganará eternamente. La mirada es totalmente distinta y opuesta, porque mientras que en el centro de la prédica de Jesús está el amor o si se quiere: Dios, es la riqueza y el Dinero que ocupan el centro en la concepción mundana. Así, lo que cuenta es vivir bien ahora y aquí, para lo cual es preciso tener poder y riqueza, como los únicos medios que pueden garantizar este fin. En cambio Jesús nos Revela que fuimos creados por Dios para vivir eternamente: este es el mayor tesoro, la mayor Gracia. Para ello hemos de hacer lo que nos manda: Amar. Y, quien ama tiene en cuenta en primer lugar y antes que nada al otro, al prójimo y sus necesidades. Jesús nos dio el más grande ejemplo de amor, llegando al extremo de morir por nosotros. Ambas concepciones son distintas y opuestas. La del mundo es la propiciada por el Príncipe de este mundo, es decir, Satanás, que trata de imponerse por la violencia; la otra, la del amor y la Vida Eterna es la que propone Jesús, el Rey del Universo. En nuestras manos está el juicio; en nuestras manos está la decisión. Hemos sido creados libres, por eso debemos decidir. Decidir por Dios es un acto de fe y la fe ha de manifestarse en lo que hacemos, en nuestro modo de vivir y afrontar las exigencias del mundo. De allí la violencia que se ejerce contra los hijos de la Luz. Hemos de resistir en la confianza que Jesucristo ha vencido al mundo. La victoria está asegurada. En verdad les digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él.

Oremos:

Padre Santo, aumenta nuestra fe…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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