Mateo 1,1-16.18-23 – está esperando por obra del Espíritu Santo

septiembre 8, 2016

«José, descendiente de David, no tengas miedo de llevarte a María, tu esposa, a tu casa; si bien está esperando por obra del Espíritu Santo, tú eres el que pondrás el nombre al hijo que dará a luz. Y lo llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».

Texto del evangelio Mt 1,1-16.18-23 – está esperando por obra del Espíritu Santo

01. Documento de los orígenes de Jesucristo, hijo de David e hijo de Abraham.
02. Abraham fue padre de Isaac, y éste de Jacob. Jacob fue padre de Judá y de sus hermanos.
03. De la unión de Judá y de Tamar nacieron Farés y Zera. Farés fue padre de Esrón y Esrón de Aram.
04. Aram fue padre de Aminadab, éste de Naasón y Naasón de Salmón.
05. Salmón fue padre de Booz y Rahab su madre. Booz fue padre de Obed y Rut su madre. Obed fue padre de Jesé.
06. Jesé fue padre del rey David. David fue padre de Salomón y su madre la que había sido la esposa de Urías.
07. Salomón fue padre de Roboam, que fue padre de Abías. Luego vienen los reyes Asá,
08. Josafat, Joram, Ocías,
09. Joatán, Ajaz, Ezequías,
10. Manasés, Amón y Josías.
11. Josías fue padre de Jeconías y de sus hermanos, en tiempos de la deportación a Babilonia.
12. Después de la deportación a Babilonia, Jeconías fue padre de Salatiel y éste de Zorobabel.
13. Zorobabel fue padre de Abiud, Abiud de Eliacim y Eliacim de Azor.
14. Azor fue padre de Sadoc, Sadoc de Aquim y éste de Eliud.
15. Eliud fue padre de Eleazar, Eleazar de Matán y éste de Jacob.
16. Jacob fue padre de José, esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo.
18. Este fue el principio de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José; pero antes de que vivieran juntos, quedó embarazada por obra del Espíritu Santo.
19. Su esposo, José, pensó despedirla, pero como era un hombre bueno, quiso actuar discretamente para no difamarla.
20. Mientras lo estaba pensando, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, descendiente de David, no tengas miedo de llevarte a María, tu esposa, a tu casa; si bien está esperando por obra del Espíritu Santo,
21. tú eres el que pondrás el nombre al hijo que dará a luz. Y lo llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».
22. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta:
23. La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa: Dios-con-nosotros.

Reflexión: Mt 1,1-16.18-23

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Mateo 1,1-16.18-23 está esperando por obra del Espíritu Santo

Hoy la Iglesia celebra un gran acontecimiento. Con mucha sencillez y modestia, como la que caracterizó toda su vida, hoy recordamos el nacimiento de la creatura más excelsa, escogida entre todo el género humano, nos referimos a la Inmaculada siempre Santa Virgen María, Madre de Jesús y Madre nuestra.

Jamás llegaremos a comprender este misterio, por el cual Dios Padre quiso que Su Hijo Jesucristo naciera entre nosotros, como cualquier mortal, para lo cual Él se escogió el Santuario de la Virgen María. ¿Qué mayor honor podría tener ser humano alguno? Por eso serás siempre venerada Santa Madre de Dios.

Para Dios cualquier cosa es posible y pudo hacer que el Señor apareciera de pronto de cualquier modo inimaginable. Pero quiso Dios distinguir en grado sumo la maternidad y escogió para ello desde la eternidad a una mujer humilde, sencilla, pura y sin mancha, para que fuera el Sagrario de la Palabra encarnada, Jesucristo.

«José, descendiente de David, no tengas miedo de llevarte a María, tu esposa, a tu casa; si bien está esperando por obra del Espíritu Santo, tú eres el que pondrás el nombre al hijo que dará a luz. Y lo llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».

María al hacerse Madre de Jesucristo, nuestro Salvador, se hizo Madre de Dios, la más elevada dignidad, el más alto honor que habrá de tener ser humano en el Universo. Definitivamente este es un misterio que ocurre por obra del Padre y del Espíritu Santo, al cual solo podemos responder con la fe.

Por eso cantamos y resuena más que nunca hoy en nuestros corazones: “quien más pura que tu solo Dios y en el cielo un voz repetía: solo Dios, solo Dios, solo Dios”. Constituye un absurdo, un capricho, una necedad y una ceguera solo atribuible el demonio, negar tan alta majestad.

La Santísima Virgen María no es puesta allí por sus méritos, sino por Voluntad de Dios, por quien todo fue creado. Es Dios mismo, en su Infinita Misericordia que concibe el Plan de Salvación, asignándole este papel incomparable e insustituible a la Virgen María.

«José, descendiente de David, no tengas miedo de llevarte a María, tu esposa, a tu casa; si bien está esperando por obra del Espíritu Santo, tú eres el que pondrás el nombre al hijo que dará a luz. Y lo llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».

¿Por qué obró así Dios Padre? ¿Por qué lo hizo así? Por la misma razón por la que creo el Universo todo: por su propia Voluntad. Porque en su sabiduría le pareció bien, como todo lo creado. Recordemos las palabras del Génesis: “y vio Dios que era bueno”. Estas nos aproximan a las razones que tuvo Dios para crear todo cuanto existe y del modo que lo hizo.

Es un absurdo querer buscar mayores explicaciones con nuestra pobre capacidad de entendimiento. Constituye una aspiración, que puede llevarnos a la ceguera de la soberbia y aun a la blasfemia. Pues el pretender entender y por lo tanto abarcar a Dios, nos pondría por pura lógica por encima de Él. Y esto es un imposible. Es como querer meter todo el océano en un vaso.

La única respuesta razonable del hombre frente a Dios es la fe. Intuimos a Dios por todas Sus manifestaciones y lo llegamos a conocer con gran aproximación gracias a Jesucristo, que nos lo presenta como nuestro Padre.

«José, descendiente de David, no tengas miedo de llevarte a María, tu esposa, a tu casa; si bien está esperando por obra del Espíritu Santo, tú eres el que pondrás el nombre al hijo que dará a luz. Y lo llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».

Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. Él nos conduce a la Vida Eterna, donde gozaremos de la presencia Infinita de Dios. Pero hasta entonces hemos de mantenernos en la fe, creyendo absolutamente en lo que Él nos dice, enseña y manda. Y su principal mandato es que amemos a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

Pidamos por la intercesión de la Santísima Virgen María, que Jesús nos de la Gracia de la fe, para mantenernos siempre perseverantes en el cumplimiento de la Voluntad del Padre. Que no permita que nos alejemos del Camino y que no caigamos en las tentaciones de este mundo, que son obras del demonio.

Que sepamos estar, como la Santísima Virgen María, al pie de la cruz de todos los que sufren, bendiciendo y alabando por siempre a nuestro amadísimo Señor Jesucristo. Que no nos mueva nada más que la mayor Gloria de Dios.

«José, descendiente de David, no tengas miedo de llevarte a María, tu esposa, a tu casa; si bien está esperando por obra del Espíritu Santo, tú eres el que pondrás el nombre al hijo que dará a luz. Y lo llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».

Oremos:

Padre Santo, te damos gracias porque a través de la Santísima Virgen María, madre de nuestro Señor Jesucristo y madre nuestra, quisiste traernos la salvación al mundo entero…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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