Mateo 10,7-13 – Resuciten muertos

junio 11, 2018

Resuciten muertos

“Vayan proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curen enfermos, resuciten muertos, purifiquen leprosos, expulsen demonios. Gratis lo recibieron; denlo gratis.”

Lunes de la 10ma semana del T. Ordinario | 11 de Junio del 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

Reflexión sobre las lecturas

Resuciten muertos

En el mandato de Cristo hay premura. No hay nada que esperar y mucho menos que aparentar o impostar. Estábamos en una nave que su hundía y ha llegado otra a salvarnos. Hay que hacer transbordo sin más. No hay nada que esperar, ni hay por qué demorar.

No se habla en tono figurativo, sino inminente y urgente. ¡El Reino de los Cielos está cerca! Eso es lo que tenemos que proclamar: curen enfermos, resuciten muertos, purifiquen leprosos, expulsen demonios. Gratis lo recibieron; denlo gratis.

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¿Por qué habrán de creernos? Por el testimonio que daremos de Jesucristo y por lo que haremos, que no es poco. ¿Cómo lo haremos? Con el poder del Señor. ¡Qué es imposible! Lo será para quien no tiene fe. ¡Eso es lo que nos viene diciendo el Señor!

¿Será que estas palabras tan solo estaban dirigidas para los hombres y mujeres contemporáneos a Jesús? ¡No! Podemos ver como a lo largo de la historia, desde aquel entonces hasta ahora ha habido muchísimos santos a los que se les atribuyen este tipo de milagros.

Por lo tanto, a fe no “ha pasado de moda”. Tal vez no notemos la fertilidad del Espíritu Santo, tal como el Señor nos lo pide, pero desde luego no será por incapacidad del Espíritu Santo, sino por nuestra falta de sujeción a los mandatos del Señor.

En otras palabras, somos muy pocos los que actualmente salimos a conquistar al mundo con la decisión y urgencia que el Señor nos propone, además con algunas tareas concretas, que pondrán en evidencia aquello en lo que creemos, persuadiendo a los más incrédulos.

¿Es porque el Espíritu Santo ha dejado de actuar de ese modo o será por qué no tenemos suficiente fe, que no podemos cumplir el mandato del Señor? ¿Cómo esperamos que se cumpla, si no hacemos si el ademán de obedecer?

¿Vemos en nuestro entorno alguna evidencia de que esto esté ocurriendo? ¿Hay alguien cercano o cuando menos conocido nuestro que esté cumpliendo plenamente con este mandato del Señor, cuyos frutos son conocidos y visibles? ¿No? ¿Qué está pasando?

¿Será que esto no fue lo que quiso decir el Señor? ¿Será que este no fue un mensaje para todos los tiempos?¿Será que hablaba en forma figurada? Sin embargo, si leemos los Hechos de los Apóstoles (un libro del Nuevo Testamento) constataremos que los primeros cristianos obedecían al Señor y hacían estos prodigios.

¿Es que la ingenuidad de aquellos pueblos “primitivos” lo permitía? ¿Es que en pleno siglo XXI eso ya no es posible? ¿Por qué? ¿Qué ha cambiado? ¿Se redujo el poder de Dios? ¿Será que nunca fue posible en realidad? ¿Vamos a dejar de creer en todo o vamos a creer en parte?

Estamos ante serios dilemas. ¿Qué haremos? ¿Escogeremos en qué partes el Nuevo Testamento creer y en qué partes no? ¿Con qué criterios? ¡Ciertamente esa no puede ser la respuesta! Porque de este modo todo quedaría desnaturalizado y desvirtuado.

Esta confusión no viene de Dios, sino del Demonio. Por esa vía estaríamos consagrando el relativismo. El poder del Espíritu Santo sigue actuando y sigue manifestándose de este y otros modos visibles al pueblo cristiano y a la humanidad entera.

Son muchas las evidencias que tenemos en nuestra vida cotidiana, sin embargo, si no son tantas como lo sugiere el texto que estamos reflexionando, es por nuestra falta de fe y entrega a la Voluntad de Dios. ¡Es nuestra falta!

Consecuentemente, ¿qué tendríamos que hacer? Enmendar nuestra actitud y enmendar nuestro rumbo. ¡Tenemos que volver a poner a Dios en primer lugar y al prójimo en segundo! Tenemos que amar a Dios y hacer Su Voluntad cada segundo de nuestras vidas!

¡Tenemos que enlistarnos en el Ejército de Dios! ¡Tenemos que ser legionarios activos! Nosotros, no por otra cosa, pertenecemos a la Iglesia Militante. ¡Tomemos conciencia de lo que quiere decir “Militante”! ¡Estamos en actividad! ¿Lo estamos?

Nuestro proceder cotidiano tiene que ser tal y como el Señor nos envía: Vayan proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curen enfermos, resuciten muertos, purifiquen leprosos, expulsen demonios. Gratis lo recibieron; denlo gratis.

Eso es lo que tenemos que estar haciendo desde que amanece hasta que anochece, de modo tal que si llega la hora de nuestra muerte, nos encontremos ocupados en estos menesteres. ¡Nada ha de ser más importante! ¿Cómo cumpliremos con esta misión concreta?

Empecemos por aprenderla de memoria. Nos preguntaremos cada día, al llegar a su fin, si hemos cumplido con esta Misión y en qué casos concretos podemos afirmar que hemos hecho algo de lo que el Señor nos manda. ¿Dónde, cómo, cuándo, por qué?

Será el testimonio que vayamos dando el que atraerá y convencerá a otros hermanos a seguirnos, tratando de ser como nosotros. Nuestro proceder debe ser virtuoso, compasivo, alegre, optimista, pacífico, razonable, equilibrado, amoroso, justo, coherente, etc.

¿Por qué? Habrán de preguntarse todos, contestándose sin ninguna duda, por Cristo. Si este es el testimonio que damos cotidianamente, que no excepcionalmente, estaremos cumpliendo Su mandato y Su Voluntad, entonces lo que sea que pidamos nos será concedido.

Curen enfermos, resuciten muertos, purifiquen leprosos, expulsen demonios. Gratis lo recibieron; denlo gratis. Todo esto y mucho más será el resultado de hacer la Voluntad de Dios. Pidamos que se nos conceda esta Gracia.

Oración:

Padre Santo, danos el valor de configurarnos contigo y actuar como tú lo harías en cada caso, en cada situación de nuestras vidas, con cada una de las personas que alternamos en nuestro día a día. Que brille sobre nosotros tu luz y que esta sea visible a nuestros hermanos, conduciéndolos a la Vida Eterna. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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