Mateo 10,7-13 – el obrero merece su sustento

junio 11, 2016

Texto del evangelio Mt 10,7-13 – el obrero merece su sustento

07. Vayan proclamando que el Reino de los Cielos está cerca.
08. Curen enfermos, resuciten muertos, purifiquen leprosos, expulsen demonios. Gratis lo recibieron; denlo gratis.
09. No se procuren oro, ni plata, ni calderilla en sus fajas;
10. ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento.
11. «En la ciudad o pueblo en que entren, infórmense de quién hay en él digno, y quédense allí hasta que salgan.
12. Al entrar en la casa, salúdenla.
13. Si la casa es digna, llegue a ella su paz; mas si no es digna, su paz se vuelva a ustedes.

Reflexión: Mt 10,7-13

El Señor aquí nos proporciona el itinerario de vida del verdadero cristiano. ¿Qué debe ser lo que lo inquieta cada día y a qué debe dedicar su tiempo y todo lo que es y ha recibido? Tenemos una Misión, que ha de estar por sobre todas las cosas, porque esa es nuestra razón de ser. Eso es lo que el Señor Jesucristo nos ha encomendado y es lo Único que dará sentido a nuestras vidas. Nada fuera de este Plan tiene sentido. Lo que quiere decir que no es que tengamos que compatibilizar lo que hacemos con lo que Dios nos manda, sino que debemos dedicarnos a hacer lo que nos manda, porque solo entonces nuestra vida adquiere sentido. Veamos esto, porque alguien dirá: “no entiendo, es decir que si soy maestro, ¿he de dejar de ser maestro para atender la Misión encomendada?” No, no exactamente así. Lo que tendrás que hacer es NO OLVIDAR por ningún motivo que todo cuanto enseñes lo harás con amor y teniendo en cuenta la Palabra de Dios, es decir, con vistas a la Salvación de todos y especialmente de tus ocasionales pupilos. Todo, TODO puede ser santificado y visto desde la perspectiva de Jesús y así transmitido. Por lo tanto, tendrás que redoblar tus esfuerzos para cristianizar el mensaje de la Inquisición, del Virreynato, de las guerras de independencia, de los sucesivos gobiernos…Lo que no quiere decir hacer ver como bueno lo que sabemos que fue malo, sino pedir que el Espíritu Santo te guie por el Camino de la Luz y la Verdad, de modo que puedas orientar cristianamente el análisis de estos episodios para obtener el lado positivo y constructivo. Esforzarnos por aprender a ver en cada uno de los acontecimientos lo que Dios nos dice y revela, tanto a la comunidad como en la vida personal. La Biología, la Química, la Genética, la Filosofía, la Política, la Geografía e incluso la Artesanía o la Carpintería son pasibles de ver y enseñar con la óptica cristiana, como de hecho están impregnadas de una visión utilitarista, relativista y egoísta. Destilarlas para presentarlas Evangélicamente, es una labor que podremos hacer en la medida que nosotros mismos vivamos impregnados del Evangelio. Se requiere coherencia y fidelidad al Señor. ¿Cómo alcanzarla? Pues llevando una vida de oración y pidiendo Su Gracia constantemente. Solo en la medida en que permanezcamos unidos a Él a través de los Sacramentos y la oración seremos capaces de enfocarnos adecuadamente y perseverar en el Camino, llevando su Luz a los más pequeños. No se procuren oro, ni plata, ni calderilla en sus fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento.

Nuestra vida toda debe estar orientada a Dios, solo entonces Él se hará presente y palpable en todos nuestros actos y seremos luz para nuestros hermanos. Hemos de llevar una vida coherente. No se trata, entonces, de hacer paréntesis en lo que hacemos para predicar el Evangelio, sino que toda nuestra vida debe exudar y comunicar la Verdad Revelada por nuestro Señor Jesucristo, que somos Hijos de Dios, que le amamos por sobre todas las cosas y que por eso vivimos amando al prójimo como a nosotros mismos. Eso es algo que debemos transmitir a través de cada uno de nuestros actos. Algo que debe aflorar y llamar la atención a cuantas personas tienen ocasión de relacionarse con nosotros. No porque nos vean ir a Misa todos los días –lo cual no está mal-, cuanto por la forma en que actuamos siempre y con todos, siendo justos, honestos, veraces, sinceros, comprometidos, cariñosos, pacientes, alegres, portadores de esperanza. No es fácil y nadie nunca ha dicho que lo sea, pero es así como debemos vivir los cristianos, poniendo en primer lugar la Misión que Jesucristo nos ha encomendado, sin cobrar nada. Y esto es muy importante que lo comprendamos. No se trata tan solo de ponerse en una esquina y proclamar el Evangelio sin pedir que nos paguen, sino de hacer todo lo que hacemos, sin esperar nada a cambio. Entendámonos. No saludo o trato bien a una persona, a un vecino, porque sé que tiene dinero y me conviene llevarme bien con él porque me podría ser útil en algún momento. Tampoco de tratar bien a un alumno porque es el hijo de uno de los Directores del Colegio. O participar en una obra social para recibir algún tipo de reconocimiento público. No se trata de buscar que nuestro nombre esté escrito en una placa o que sea pronunciado en algún discurso, sino de dar Gloria a Dios. Que quienes nos vean y conozcan descubran al Señor a través de nuestros gestos y acciones. ¡Es a Él a quien deben volver sus ojos! No se procuren oro, ni plata, ni calderilla en sus fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento.

¿Y cuál es el mensaje o la constante que deben traslucir nuestros actos? Que el Reino de los Cielos está cerca. Es decir que si alguien decide espulgar o analizar nuestras razones, encuentre como explicación solamente que hay algo que está más allá de nuestro interés personal, algo más grande que cuanto podríamos aspirar, algo superior que mueve nuestros actos, algo que está por encima de la lógica mundana. ¿No es eso finalmente lo que Jesús nos transmite con su nacimiento, vida, pasión, muerte y resurrección? Todo lo hizo por amor. Que si algo hubiere que decir de nosotros alguna vez, que sea lo mismo: pasó amando y haciendo el bien. ¡Fijémonos qué epitafio! Inmerecido, seguramente. Entonces las miradas tendrán que tornarse definitivamente al único capaz de hacerlo posible, a Jesús. Por ello, finalmente reflexionemos en que no son necesarias muchas de las cosas en las que siempre estamos pensando como indispensables. Si nos ponemos a hacer una lista y no nos lanzamos hasta no cubrir lo que nosotros creemos indispensable, como dos túnicas, lonchera, dinero, etc., siempre nos faltará algo y nunca seremos capaces de ponernos en camino. No busquemos excusas, no necesitamos de tanto y mucho menos de erudición y preparación. Solo necesitamos tener fe y ponernos en Camino, confiando en el Señor. Lo que Él nos puede dar es infinitamente superior a cualquier cosa que sintamos como indispensable. Pongámonos en sus manos con Fe, prescindiendo de tantos objetos y comodidades. Si no das el mensaje no será por falta de Internet o de una pantalla o de un proyector multimedia, o de dinero para trasladarte o de títulos y pergaminos. Si no das el mensaje es porque no tienes Fe, porque no te has puesto confiadamente en las manos del Señor. Recuerda que no es tu obra, sino la de Él y Él sabe cómo hacerla incluso con nosotros, sencillos y modestos como somos. Lo que hace la diferencia no es nuestra participación, sino la suya. Deja al Señor actuar en tu vida. No se procuren oro, ni plata, ni calderilla en sus fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento.

Oremos:

Padre Santo, danos la Fe suficiente para confiarnos plenamente a Ti, sabiendo que nunca nos defraudarás. Que interioricemos que esta es Tu obra y que todo lo que nos pides es que nos pleguemos a Tu Voluntad…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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