Mateo 10,17-22 – serán odiados de todos por causa de mi nombre

Diciembre 26, 2015

Texto del evangelio Mt 10,17-22 – serán odiados de todos por causa de mi nombre

17. Guárdense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en sus sinagogas;
18. y por mi causa serán llevados ante gobernadores y reyes, para que den testimonio ante ellos y ante los gentiles.
19. Más cuando los entreguen, no se preocupen de cómo o qué van a hablar. Lo que tengan que hablar se les comunicará en aquel momento.
20. Porque no serán ustedes los que hablarán, sino el Espíritu de su Padre el que hablará en ustedes.
21. «Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán.
22. Y serán odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.

Reflexión: Mt 10,17-22

El cambio es radical; drástico. Hasta ayer hablábamos del nacimiento de nuestro Salvador, de la paz y el amor que nos traía y hoy hablamos de persecución, de división, de traición, de intriga y violencia. ¿Por qué? Por causa del nombre del Señor. Así de fuerte y peligroso resulta conocer al Señor y tomar partido por Él. Lo peor es que nadie puede permanecer indiferente ante Él; o se está con Él o se está contra Él. Su Nombre no admite cómodas posiciones intermedias, al extremo que hermanos, padres e hijos se delatan entre ellos; unos a otros se denuncian e incluso llegan a matarse, todo por causa del Bendito Nombre de Dios. Y es que Él es como la línea divisoria de aguas o el divortium acuarium. En el discurrir de la corriente, hay que tomar partido necesariamente. Es imposible quedarse detenido, estancado. La pendiente obliga a ir a la derecha o a la izquierda. O estamos con Cristo o estamos contra Él, porque no hay posiciones indiferentes. Ahora que, quien se va con Él, recibe acusaciones de todas partes, incluyendo de la propia familia. Tenemos que ser fuertes y perseverar en esta posición, porque solo así nos salvaremos. El asunto es grave y exige adoptar posiciones definidas, en forma inmediata. No hay tiempo que esperar, ni nada que planear. La respuesta ha de ser inmediata, fundada en la fe, confiando que en el momento oportuno, cuando llegue el caso el Espíritu Santo pondrá en nuestra mente y nuestra boca la respuesta apropiada. Nosotros solo debemos confiar. Y serán odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.

Ayer celebrábamos la Navidad del Señor y hoy nos toca recordar a Esteban, el primer mártir cristiano, lo que debe servirnos para que reflexionemos en lo difícil que resulta el seguimiento del Señor, pues su prédica es totalmente opuesta a los valores y el modo de vida dominante que hemos adoptado en este mundo. Pues hay que reconocer que con pequeño matices que nos distinguen, todos hemos puesto al centro el egoísmo y la acumulación de riquezas. ¿Habría que preguntarnos qué hay de malo con el sistema que hemos adoptado? ¿Es que todo el mundo puede estar equivocado? A mí, al igual que a muchos nos va muy bien con este sistema ¿Por qué habríamos de cambiarlo? Lo que ocurre es que este sistema hoy, como hace 2 mil años y aun antes, lleva implícito el germen de la injusticia. Es decir, que es injusto por sí. No busca el Bien común, sino que favorece a unos cuantos, en desmedro de las grandes mayorías. Esa es la única forma en que puede sostenerse. No es justo, por lo que el bien y la fortuna de unos pocos reposan sobre la pobreza y el dolor de la mayoría. Esto no tiene que ser así, porque Dios que hizo el mundo y creo al hombre, no lo hizo para que sufriéramos y unos domináramos a otros, sino para que todos seamos felices. Pero ello será imposible en tanto mantengamos el ordenamiento que hemos ido construyendo, que solo favorece a unos pocos, a los que tienen riqueza y poder. Para que todos seamos felices, es preciso cambiar del egoísmo al amor, lo que implica servir y compartir, antes que ser servido y acumular. Esto es lo que nos cuesta tanto aprender. Nos hemos aferrado tanto a nuestras propiedades y riquezas, que estamos dispuestos a morir y matar por ellas, en vez de desprendernos y compartirlas generosamente, privilegiando el Bien común, el Bien del prójimo antes que el nuestro. Esto es lo que viene a proponernos el Señor como el Camino de nuestra Salvación, encontrando tal oposición que incluso en el extremo de la incomprensión, algunos de entre nosotros llegamos a crucificarlo, esperando que de este modo se silencie su voz, pero ha ocurrido todo lo contrario, porque Resucitando ha sembrado esta semilla del Reino del Cielo en la humanidad entera, especialmente entre los más pobres y los que más sufren, quienes mantienen la esperanza que un día llegue a ser como Cristo ha prometido. Y serán odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.

El Señor nos pide tener fe en Él y en Su Palabra, en vez de en las riquezas y el poder. Ya podemos ver cómo estas dos posiciones están enfrentadas la una contra la otra, porque son totalmente incompatibles, al extremo que el Señor mismo nos pondrá frente al dilema de tener que escoger entre Dios o el Dinero, porque no se puede servir a dos señores. El Señor nos hace ver esta cruda realidad, pues no hay caminos intermedios, como algunos pretenden sostener. Solo hay un Camino para llegar a la Plenitud y la Felicidad, un Camino para alcanzar el fin para el que fuimos creados. Jesús nos revela que Dios que es nuestro Padre nos ha creado para ser felices y vivir eternamente, lo que solo será posible si escogemos el Camino de Dios y del amor al prójimo. La única salida al dilema que enfrentamos es el amor. De otro modo nos perderemos y moriremos irremediablemente. Dios que todo lo ve y todo lo sabe, porque es la Verdad, así nos lo advierte. O le oímos y hacemos lo que nos dice, tomándolo como un mandato, o nos perderemos. No hay más alternativas. Si decidimos por Él, como Esteban, hemos de perseverar hasta el fin. El amor es la respuesta y no el egoísmo ni la violencia. Dios, que ha creado el Mundo, así nos lo manda. ¡Hagámosle caso! Y serán odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.

Oremos:

Padre Santo, cada día que pasa contamos más hermanos que sufren abandono, hambre, pobreza, dolor e injusticia, por eso no has querido esperar ni un solo día en recordarnos lo urgente de cambiar y adoptar la posición correcta, ayúdanos a dar este paso y a perseverar en el…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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