Mateo 10,1-7 – el Reino de los Cielos está cerca

julio 8, 2015

Texto del evangelio Mt 10,1-7 – el Reino de los Cielos está cerca

1. Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia.
2. Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan;
3. Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo;
4. Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el mismo que le entregó.
5. A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No tomen camino de gentiles ni entren en ciudad de samaritanos;
6. diríjanse más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
7. Vayan proclamando que el Reino de los Cielos está cerca.

Reflexión: Mt 10,1-7

El Señor convoca y reúne a sus discípulos para luego enviarlos a una misión específica, para la cual han de tener en cuenta algunas instrucciones, a fin de cumplir con ella y lograr los resultados esperados. Nos parece importante en nuestra vida, oír y tener en cuenta estas recomendaciones, porque están orientadas a lograr nuestro propósito con la mayor eficacia posible, evitando pérdidas de tiempo en situaciones que podrían evitarse, a las que no vale la pena enfrentarse, mientras se pueda. Es decir, hay una estrategia a tener en cuenta y desarrollar. Para comprenderla mejor tal vez debíamos dedicar un tiempo a estudiar y razonar algunos rasgos característicos de las 3 colectividades en mención: los gentiles, los samaritanos y las ovejas perdidas de la casa de Israel. Pensemos en este pasaje, porque aunque a muchos pase desapercibido, causa polémica y de esta se valen los que aun ahora buscan confundirnos, denigrando a Jesús y tergiversando consciente o inconscientemente sus palabras, con el propósito de brindar argumentos para rechazarlas o desistir de ellas a quienes en realidad las buscan…diríjanse más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan proclamando que el Reino de los Cielos está cerca.

Primero deslindemos el mandato de dirigirse a las ovejas pérdidas de la casa de Israel. Se entiende que vayan a las ovejas pérdidas, pero algunos quieren forzar el significado de las palabras de Jesús en un sentido excluyente o segregacionista. Interpretando que a Jesús solo le interesan los extraviados de Israel, más no los demás, lo que es una total mentira y una blasfemia, pues estamos hablando de Jesucristo, que es Hijo de Dios, un Dios que es Amor y por lo tanto está lejos de mezquindades y exclusiones típicas de los mortales. Para entenderlo correctamente y no tendenciosamente, hay que prestar atención al contexto. Lo primero que cae por su propio peso es la constatación que Dios eligió de modo especial manifestarse a la humanidad a través de ese pueblo, el pueblo escogido. Con él formó una alianza que viene de siglos y que finalmente culminó con el nacimiento, vida, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, quien vino a salvar a la humanidad entera. ¿Por qué escogió este pueblo y no otro en otro lugar y ubicación histórica? Son asuntos que podríamos tratar de responder especulativamente, pero son tan ajenos a nosotros como tan propios de la Majestad Divina, como por ejemplo, por qué tenemos dos ojos a cada lado de la cara, respiramos con pulmones en vez de branquias, andamos erguidos, no tenemos ni escamas ni plumas, nos movemos en la superficie de la tierra y no en el agua y nos desarrollamos en el tercer planeta del Sistema Solar, entre otras cosas…diríjanse más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan proclamando que el Reino de los Cielos está cerca.

La ascendencia de los padres de Jesús, María y José pertenece al mismo pueblo con el que Dios hizo pacto y Jesús nace entre ellos, en el tiempo que debía y anunciado como el Mesías esperado por los profetas desde hacía siglos. Jesús no puede ignorar todo este pasado histórico, ni puede dejar de cumplir la misión para la cual fue enviado por Su Padre. Es lógico entonces que mande a sus apóstoles a evangelizar en primer lugar a este pueblo, que conoce esta historia y lo espera desde hace siglos. Es por ellos que habrán de comenzar la tarea de evangelizar, que no es lo mismo que impedir que vayan a ofrecerles la salvación al resto de pueblos del planeta. Jesús no es un sectario, ni un excluyente que habrá de segregar del Reino a nadie. Si para alguien será casi imposible entrar al Reino, será a los ricos, porque ellos idolatran el dinero, se han hecho esclavos de sus propiedades, del poder, de su situación económica y no están dispuestos a sacrificar lo necesario por redimir a sus hermanos, a los más necesitados. Así, son ellos mismos los que se condenan, al auto excluirse. Jesús solo nos lo hace constar y lo advierte, porque el mandato recibido del Padre es que no se pierda ni una sola de sus ovejas…diríjanse más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan proclamando que el Reino de los Cielos está cerca.

Hay un detalle más que tal vez pasa inadvertido a quienes no conocemos muy bien las Escrituras y la historia del pueblo de Israel, y es que los discípulos eran de pueblos distintos, de diferentes lugares, de diferente formación “profesional” y de diversas costumbres. No eran tan homogéneos como podrían parecernos a la vista de un par de decenas de siglos. Es significativo que entre ellos precisamente estuviera el que lo habría de traicionar, así como Pedro, piedra angular de la Iglesia. Pensándolo bien, y teniendo en cuenta los antecedentes antes mencionados, resulta más sencillo entender como una estratégica recomendación temporal, el no empezar anunciando el Reino a gentiles ni a Samaritanos. El pueblo Samaritano provenía de una sexta escindida de los judíos, por una historia de ocupaciones que se remontaba a varios siglos atrás. Tanto estos, como los gentiles, es decir todos los que no eran judíos, tendrían dificultades para entender todo desde cero. Dicho de otro modo, los apóstoles podrían encontrar una mayor predisposición a entender el mensaje en los judíos, porque es este el pueblo que escogió Dios y al cual acompaño durante siglos, incluyendo la huida de Egipto dirigida por Moisés. Este era el pueblo que esperaba al Mesías, el pueblo que podía entender a Jesús y la Buena Nueva del Reino, al que debían estar dirigidos los esfuerzos iniciales. Aunque posteriormente veremos cómo estos tampoco lo comprendieron y muy por el contrario, fueron ellos mismos, con la participación de los soldados romanos los que terminan crucificando a Jesús, cumpliéndose así las Escrituras en todos sus términos…diríjanse más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan proclamando que el Reino de los Cielos está cerca.

Para finalizar, el anuncio es concreto: El Reino de los Cielos está cerca. Esta afirmación también puede prestarse a confusión y por mucho tiempo para algunos significaba que el día del “Juicio Final” o el fin del mundo estaba cerca. Después de 2mil años, aun aceptando la relatividad del tiempo para Dios, en que un segundo puede ser igual a un millón de años, nos inclinamos a pensar que Jesucristo se refería a que estando Él aquí, nuestro Salvador entre nosotros, obviamente el Reino está muy pero muy cerca, pero de una forma distinta al fin de los tiempos que algunos prefiguramos. El Reino está cerca porque Jesucristo, muriendo y resucitando, ha abierto las puertas para todos los que quieran ingresar. Está a la distancia de la fe. Esto quiere decir que basta con oír y hacer lo que Jesús nos manda para estar encaminados y muy próximos al Reino. De este modo más allá del tiempo o la distancia geográfica, el Reino está a la distancia del cambio nuestro, es decir de nuestra conversión y nuestra fe. Para el que se esmera en vivir según Cristo, podríamos decir que ya ha llegado; ya ha empezado a vivir las primicias del Reino. De hecho esto ha ocurrido con tantos y tantos santos cuyos testimonios recoge la historia. El Reino llega cuando la fe es testimoniada por el amor. Esa es nuestra misión…diríjanse más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan proclamando que el Reino de los Cielos está cerca.

Oremos:

Padre Santo, que hagamos del amor nuestra forma de vida y que esta trasluzca nuestra fe…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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