Mateo 1 16.18-21.24 – era justo

Marzo 20, 2017

era justo

Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.

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Mateo 1 16.18-21.24 era justo

Mateo – Capítulo 01

Reflexión: Mateo 1 16.18-21.24

Muchos de los cristianos tenemos venida a menos, por decir algo, la imagen de José, el esposo de María. Nos parece que juega un papel secundario en la Historia de la Salvación y por eso ni reparamos en él. Lo pasamos por alto. Sin embargo, si nos detenemos a pensar un momento en las virtudes que se traslucen precisamente en las poquísimas referencias que se hacen de él -con palabras de tato valor-, tendremos que convenir en que es admirable.

Hoy, por ejemplo, tenemos que destacar que se le mencione como justo. Una palabra que cuantos quisiéramos que estuviera gravada en nuestro epitafio. José era un hombre justo. Una sola palabra basta para decirlo todo. ¿Qué cualidades podemos adivinar tras esta única y al mismo tiempo tan completa referencia?

José no la tuvo fácil. Podemos aventurarnos a adivinar que José era un hombre humilde, sencillo y sabio. No andaba presumiendo de nada y su relación con María la llevaba de modo muy discreto y natural. Sin aspavientos y con mucha prudencia. Era un hombre ético y moral. Conocía las Escrituras, por lo que aún dentro de su asombro, podía comprender lo que estaba sucediendo.

San José era sobre todo un hombre de fe. Un hombre que había aprendido desde muy niño a fiarse de Dios. Alguien que sabía lo que quería decir hacer la Voluntad de Dios. Que sabía que existen designios Divinos. José tenía presente a Dios en su vida cotidiana. Tenía presente las tradiciones de su pueblo, respetaba a sus padres, sus parientes, familiares y a Dios.

Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.

Así, José no era alguien que desconociera las Escrituras, ni a Moisés y los profetas. José era un hombre religioso y vivía y acompañaba a María y al Niño en cada manifestación religiosa. Así lo vemos con ellos en los pocos pasajes que se narran de la Sagrada Familia. Él evidentemente era parte de esta Familia y reconocía el papel que le cabía en cada ocasión.

A pesar de todas estas virtudes o precisamente por ellas, Dios Padre se compadeció de él y comprendiendo las interrogantes, angustias y dudas que podía tener, aunque las manejara de modo muy íntimo y discreto, quiso consolarlo e involucrarlo también, de un modo más consciente, por eso le envió aquel Ángel del Señor.

La venida de Jesucristo, nuestro Salvador, tenía que ser una Buena Noticia para todos, incluso para José, que a partir de entonces disipó cualquier atisbo de sombra que hubiera podido surgir en el horizonte. José no necesitaba más detalles, ni más instrucciones. Le bastaba con saber que en lo que estaba ocurriendo estaba el Espíritu Santo. ¡Qué más, para saber amado y escogido!

Esta es la fe que debemos pedir al Padre que nos otorgue. Y así será si nos esforzamos por llevar una vida ordenada y justa, como la de José. La justicia tiene que ver con nuestro modo de afrontar la vida cotidiana, el día a día. Prestemos atención a cada detalle, de modo que nunca nadie pueda decir que fuimos injusto, sino todo lo contrario.

Procuremos ser discretos, humildes y sencillos como San José. No nos anticipemos a criticar y juzgar. Tengamos paciencia, que el Señor está actuando en nuestro mundo presente y Él sabe lo que necesitamos, antes que nosotros lo formulemos. Él cuida no solo de nuestras necesidades corporales, sino también y de modo muy especial, de las espirituales.

Imitemos a San José y entreguémonos sin reparaos a la Voluntad de Dios, que Él sabe cómo encajamos en cada situación y qué papel jugamos en la Historia de la Salvación nuestra, de nuestros hermanos y de la humanidad entera. ¡Tengamos fe! ¡No dejemos de orar y escuchar lo que Dios nos manda!

Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.

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