Marcos 9,38-40 – está con nosotros

Mayo 18, 2016

Texto del evangelio Mc 9,38-40 – está con nosotros

38. Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros».
39. Pero Jesús les dijo: «No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí.
40. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros.

Reflexión: Mc 9,38-40

Son necesarias muy pocas palabras para comunicar lo que es importante. Así de rica es la Palabra de Dios, que puede decirnos todo con una sola palabra, si es preciso. Hoy con solo tres versículos nos manda a reflexionar en aquello que hemos venido meditando en días anteriores: que solo hay un Camino, que es preciso escoger y que el que está con Dios no puede estar contra Él. Y lo contrario también es cierto: quien está contra Dios no puede estar con Él. Cuando nos adentramos en la meditación de este mensaje, imbuidos en las ideas de nuestro mundo, que nos son transmitidas cotidianamente por todos los medios posibles, resulta difícil comprender esta afirmación, pues nos parece muy drástica. Y es que nuestra práctica cotidiana, en lo que sea que hagamos nos machaca todo el tiempo que hay grados, niveles, matices en todo y que todos estos son aceptables, según el marchante, es decir, según las circunstancias, vivencias, formación y otros aspectos que cada quién lleva como una mochila a cuestas. Así, lo que está bien para unos, no tiene que estar bien, necesariamente, para otros. Y esto muchos lo creemos así, a raja tabla, porque es el mensaje del sistema. Todo es elegible y descartable: depende de cada quién. Lo que está bien para ti, no está bien para mí. Lo que a ti te parece correcto, a mí no. Hemos relativizado todo y por eso nos cuesta distinguir el bien del mal. Ya no sabemos qué está bien, ni qué está mal, porque pensamos que todo depende…Depende de quien haya hecho tal o cual cosa, de quién lo diga, de en qué momento y a quién. Esta creencia ha llevado paulatinamente a derribar la murallas de los conceptos y tradiciones que parecían más sólidas e inamovibles en nuestra sociedad, como el matrimonio: con el divorcio y el matrimonio homosexual; o la familia como la fuente de amor y vida, reduciéndola a un pacto de conveniencia económica que no crea, ni fomenta, ni profundiza los lazos de amor tan necesarios para la convivencia humana; o el amor conyugal, desvirtuado y banalizado al convertirlo en práctica y ejercicio cotidiano en el que el amor ha quedado desterrado; y, luego, el desprecio por la vida, en todos los ámbitos, pero especialmente en el de la unión sexual de las parejas, para las que resulta un estorbo y un mal no deseado el fruto de estas, como son los hijos, a los que se descarta sin ningún escrúpulo por todos los medios posibles, sin reparar en lo más mínimo en lo que se hace, por la razón más recurrida en nuestros días: porque todos lo hacen. «No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros.

Hay situaciones emblemáticas que nos permiten sustentar lo que observamos, reflexionamos y compartimos. No podemos dejar de pensar, por ejemplo, en la iniciativa de la ley del matrimonio homosexual que tan solo el día de ayer suscribía el Presidente de México, el Sr. Peña Nieto. Nos cuesta creer que sea el mismo que con tanta devoción, aparentemente, recibía hace tan solo unos meses al Papa Francisco. ¿Cómo puede ser tal incongruencia? ¿Cómo puede uno aceptar tamaña hipocresía? ¿Es que todo aquello no fue nada más que un show montado para recuperar popularidad? ¿Qué respeto puede tenerle ese pueblo que vimos en las calles y plazas? ¿Qué mensaje da este individuo a las personas, a los niños y jóvenes? ¿No está gritando que todo fue un vil engaño y que eso es posible cuando uno es presidente, es decir, cuando uno tiene poder? Esto es lo que más daño hace a nuestra sociedad, sin duda. Relativiza y echa por tierra valores morales y conceptos que debían ser inamovibles, enseñando que todo está permitido y que todo es posible, con tal de lograr lo que cada quien quiere. Nos sumerge en una sociedad individualista, en la que Maquiavelo y su “el fin justifica los medos” gobierna y se impone. No es de extrañar la creciente violencia que vive este hermano país, cuyo grueso de la población mantiene raíces tan profundamente católicas. «No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros.

Pero no nos vayamos tan lejos porque además podríamos ser acusados, y no sin razón, de no ver la viga que tenemos en nuestro ojo. Efectivamente, en el Perú venimos protagonizando un fenómeno muy extraño y contrario a aquellos sólidos valores morales que debía exhibir una sociedad mayoritariamente católica y cristiana. Estamos en un proceso electoral que constituye la mayor Cátedra de inmoralidad, vicios y taras que puede exhibir una sociedad, que por la fuerza durante las últimas décadas ha sido sumergida en un lodo pestilente, que el mismo Presidente Humala definía como cloaca, aun cuando solo refiriéndose a una parte del Congreso, donde se supone están los ciudadanos más representativos de nuestra sociedad, así que podemos imaginarnos lo que serán lo demás. Estas palabras son duras y muchos podrían considerarlas ofensivas, pero ciertamente no hay nada que hacer que el Perú viene cayendo por un despeñadero parecido al de México, en el que cada vez importa menos lo que se tenga que hacer con tal de lograr lo que queremos, sea lo que sea. Tenemos que traer a colación las “clases magistrales” dadas desde la misma Presidencia de la República de cómo, hasta dónde y con qué descaro se debe mentir para salvar tu pellejo, para no ser descubierto en tus delitos o en tus intrigas. No menos destacable es la impunidad con que la Sra. Keiko Fujimori, que fuera Primera Dama de uno de los gobiernos más corruptos de la historia -como fue el gobierno de Alberto Fujimori actualmente preso, a quien los cálculos más modestos señalan que desfalcó más de 6mil millones de dólares, quién huyó del país cuando se destaparon sus delitos y renunció por fax-, hoy sea la candidata con mayor opción a la Presidencia, teniendo ya asegurada una mayoría aplastante en el Congreso. Esto resultaría sencillamente inexplicable si no somos capaces de ver en la causa de estos fenómenos la relativización de los valores éticos y morales, por lo tanto el triunfo temporal y aparente de las tesis de Maquiavelo. Solo así puede comprenderse que la Sra. Fujimori, quien fue capaz de dejar torturar a su madre y no tuvo ningún reparo en remplazarla como Primera Dama del gobierno de su padre, bautizando a todo esto con el eufemismo de “pesada mochila” se presente haciendo los mismos juramentos que hizo su padre a principios de los noventa, que lo llevaron al sillón presidencial, para después cambiar por completo, olvidando todas las promesas y enfocándose en una política pragmática, en la que el principal beneficiario era él, aun cuando alguna cosa buena le reconozca el pueblo. Y todo esto ocurre sobre el telón de fondo de la peor crisis de violencia y de inseguridad ciudadana que vie el país en su historia. La delincuencia se ha apoderado de las calles del país y la escuela a la que han asistido no solamente han sido las cárceles, sino los gobiernos de turno, que se han encargado de mellar y corroer la moral del pueblo. Con tantas muertes en las calles y en las carreteras, paradójicamente el Perú es cada vez más el país de los “vivos”. Y es que así se reconoce coloquialmente a aquellos que no tienen ningún escrúpulo para beneficiarse y vivir de los demás. «No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros.

Estamos en una lucha frontal y permanente contra el mal. El Bien y el Amor para el que fuimos creados no nos debe permitir la mezquindad de reconocer a aquellos que, como nosotros, anhelan una sociedad distinta. En momentos en que parece que la violencia se apoderara del mundo, es cuando más debemos buscar la unión y solidaridad entre quienes creemos en Dios y en Su Misericordia. Tenemos que dejar de mirarnos el ombligo y salir a nuestras comunidades, con un nuevo vigor, con un nuevo empeño. ¡Cristo ha vencido al mundo! Seguros de esta victoria, tendamos puentes entre nosotros y busquemos todo aquello que nos puede ayudar a construir el mundo de paz y amor que todos anhelamos. Luchemos por el amor, la verdad y la vida, pero hagámoslo como Cristo nos ha enseñado: amando al prójimo. Sembremos amor. Por cada estropicio y disparate que vemos, sembremos amor. Es muy difícil hacerlo cuando vemos tantos inocentes niños y jóvenes muriendo en las calles, en manos de ampones. Pero el Señor nos enseña que no hay otro modo, que tenemos que cambiar y asumir el amor como bandera. Esto es lo que tenemos que proclamar en todas partes y sobre todo con nuestro ejemplo. Pidamos a Dios que nos conceda esta Gracia. No dejemos de orar incesantemente por el mundo, por los que sufren violencia y persecución y también por todos los hermanos extraviados, que tentados por el Demonio se han dejado llevar por la violencia, el odio, el orgullo, la soberbia, el desenfreno, la codicia y la indolencia. No caigamos en estas garras; no nos dejemos arrastrar; no seamos indiferentes. Tomémonos de la mano y luchemos juntos por alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. «No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros.

Oremos:

Padre Santo, danos coraje para enfrentar al mal, con las armas del amor. No permitas que caigamos en la tentación de la fuerza, ni la violencia, ni la codicia. Danos un corazón sensible, solidario, paciente…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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