Marcos 9,14-29 Creo, ayuda a mi poca fe

mayo 21, 2018

Creo, ayuda a mi poca fe

“Jesús le dijo: «¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!» Al instante, gritó el padre del muchacho: «¡ Creo, ayuda a mi poca fe !»”

Lunes de la 7ma semana del Tiempo Ordinario | 21 de Mayo de 2018 | Por Miguel Damiani

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Reflexión sobre las lecturas

Creo, ayuda a mi poca fe

Para alcanzar las promesas de Cristo, se precisa la fe. Pero ¿cuántas veces decimos como autómatas que creemos, sin embargo nuestras palabras son completamente huecas, pues no reflejan lo que sentimos en nuestros corazones.

A Dios no se le puede engañar. Alcanzar la fe es un Don que Dios concede a quienes se lo piden. No es resultado de un esfuerzo personal. No es algo que funciona como un ejercicio memorístico que de tanto repetir llega un momento en que lo dominamos.

Creo, ayuda a mi poca fe

La fe tampoco es un arte, una forma de apreciar, ver o interpretar las cosas. La fe no es el resultado de un proceso intelectual, a la que llego luego de dar una serie de pasos, como quien aplicara una fórmula. Solo llegamos a la fe como resultado de una Gracia, es un regalo de Dios.

Pero, entonces ¿la fe no depende de nosotros? ¡No señor, no depende de ninguno de nosotros! Nadie puede alcanzarla si el Señor no se la concede. Así que desengáñate si eres de los que se cree listo porque finalmente alcanzó la fe, como resultado de un esfuerzo intelectual.

Entonces, ¿fe y razón están divorciadas? No hemos dicho eso. La razón siempre llega tarde, rezagada a aquello que la Gracia de Dios revela a quienes le aman y creen en Él. ¿Será que a Dios le gusta ocultarnos ciertas cosas? No, todo lo contrario, Él nos revela el sentido de la existencia.

Lo que ocurre es que nosotros no podemos abarcar el Infinito de la Divinidad de Dios. Podemos intuirlo y utilizar cierta terminología convencional para referirnos a Él, pero jamás llegaremos abarcar y comprenderlo del todo, si Él mismo no se nos Revela. Repitamos: creo, ayuda a mi poca fe.

Es que Dios es Inconmensurable por donde se lo vea, por donde se lo trate de comprender y abarcar. Dios es el Alfa y el Omega, el Principio y el Fin, que es una forma convencional de referirnos a una realidad sobrenatural, a la que podemos aproximarnos por la intuición, pero que no podemos abarcar en sentido estricto.

En este texto precisamente Jesucristo nos revela a través de sus discípulos, que es necesaria la oración. La oración es imprescindible para alcanzar la fe y esta, a su vez, debe mantenerse y fortalecerse permanentemente. Digamos una y otra vez: creo, ayuda a mi poca fe.

Para avanzar en el Camino que el Señor Jesucristo nos muestra, es preciso fe, la cual debemos pedir incansablemente por medio de nuestras oraciones. Quiere decir que finalmente somos incapaces de alcanzar la Vida Eterna sin la fe y la oración.

La oración mueve el corazón de Dios, quien nos Bendice dándonos la Fe y enviándonos al Espíritu Santo, quien nos fortalece, enseña y guía por el Camino a la Vida Eterna. Con Él, todo es posible. Sin Él, nos perderemos inexorablemente.

¿A qué nos puede ayudar la inteligencia de la que hemos sido dotados? A entender que Dios es nuestro Padre, que nos ama y quiere que seamos felices viviendo eternamente. Pero, para eso debemos escuchar y hacer lo que Jesucristo nos manda.

¿Qué nos manda? Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como Él nos ama. Esto último, en esta medida, es decir como Dios nos ama, llega un momento en que nos resulta imposible. Ciertamente lo es, así que no podremos salvarnos sin la ayuda del Espíritu Santo.

Pero ¿cómo hacemos para que el Espíritu Santo venga en nuestro auxilio? Hay que orar incansablemente. ¡Eso sí lo podemos hacer! El resultado, si tenemos fe, será que vendrá nuestro Defensor y nos guiará hasta alcanzar la Verdad completa.

Oración y fe son imprescindibles. Estas lo hacen posible. ¿Creemos o no? Si creemos daremos testimonio del amor de Dios, amándonos como Él nos ama y amando y bendiciendo al Señor. Así, el Espíritu Santo vendrá en nuestro auxilio y juntos llegaremos al Cielo.

Es razonable. Podemos entenderlo, pero no basta con el ejercicio intelectual. Es preciso vivir amando hasta el extremo, siempre más. Solo será posible si oramos y con la asistencia del Espíritu Santo. ¡Así, sí! Tan cierta es esta afirmación, que podemos anticipar que en tal caso ya hemos alcanzado la Vida Eterna.

Como nos dice el Señor, la Vida Eterna consiste en que le conozcamos a Él y a quien lo ha enviado. Y, si nos ponemos en Camino, dando el primer paso, podemos anticipar que lo alcanzaremos porque esa es la promesa de Jesucristo, la cual será cumplida, si perseveramos. ¡Perseveremos!

Entonces, cualquier cosa que pidamos a Dios Padre en nombre de Jesucristo, creamos que habremos de conseguirla y así será. Pidamos a Dios Padre que nos de fe y nos envíe el Espíritu Santo. Eso es todo lo que necesitamos: todo será creado y la faz de la Tierra será renovada. ¿Qué más podemos querer?

Oración:

Padre Santo, danos fe para creer en la Palabra de Dios revelada por tu Hijo Jesucristo en los Evangelios. Envíanos tú Espíritu Santo para que nos guie y lleve hasta la Verdad completa. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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