Marcos 7,1-8.14-15.21-23 – lo que sale del hombre

agosto 30, 2015

Texto del evangelio Mc 7,1-8.14-15.21-23 – lo que sale del hombre

1. Se reúnen junto a él los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén.
2. Y al ver que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas,
3. – es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos,
4. y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas -.
5. Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: «¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?»
6. El les dijo: «Bien profetizó Isaías de ustedes, hipócritas, según está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.
7. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres.
8. Dejando el precepto de Dios, se aferran a la tradición de los hombres.»
14. Llamó otra vez a la gente y les dijo: «Oiganme todos y entiendan.
15. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre.
21. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos,
22. adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez.
23. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre.»

Reflexión: Mc 7,1-8.14-15.21-23

El Señor pone las cosas en su sitio, en su lugar. Tenemos que ver el mundo con los ojos que Él lo ve. Hemos de cambiar de punto de vista, porque el nuestro está errado. No hay término medio. Es que si reflexionamos en la Creación, que es todo cuando nos rodea –conocido y desconocido; visible e invisible- ha sido creado por Dios. Y es razonable pensar que Dios, por principio, no se equivoca. Por lo tanto, bien meditado, visto y observado todo cuanto existe es bueno puesto que es Él quien lo ha creado. Decir lo contrario constituye una necedad e incluso una blasfemia, que denota falta de fe. Si creo en Dios, debo convenir en esto. Pero no es una confesión doctrinal, como algunos creen, que debo repetir, aunque no comprenda; es algo razonable y completamente lógico. El punto de partida es nuestra fe en Dios. Claro, si no creemos en Dios, entonces no podemos empezar a hablar y todo puede ser puesto en tela de juicio. Pero, si creemos en Dios hemos de convenir en que Él es Todopoderoso, Omnipresente, Omnipotente, Verdad, Amor, Perfección y toda otra virtud superlativa que se nos pueda ocurrir. Siendo así, tenemos que convenir en que su Creación es perfecta. Todo lo ha creado para nosotros, porque nos ama como a Sus hijos, para que seamos felices. Y todo lo ha puesto a nuestros pies, para que lo dominemos y hagamos con ello lo que corresponde, en tanto nos ayude a alcanzar el fin para el que hemos sido creados. Hacer buen uso, es hacer lo que corresponde y en tanto lo hagamos, alcanzaremos la Vida Eterna para la cual fuimos creados. Este es el Plan de Dios, donde no hay error, sino Perfección. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre.

Siendo nosotros hijos de Dios, nos ha creado dotándonos de los Dones y Gracias necesarias para alcanzar la Felicidad, entre las que contamos Inteligencia, Voluntad y Libertad. ¿Por qué? Porque Dios, en su Infinita Sabiduría ha anticipado que solo alcanzaremos la Felicidad y la Vida Eterna si nosotros así lo queremos. Él lo quiere y eso desde luego es lo mejor para nosotros, pero también hemos de quererlo libremente, sin coacción alguna. Dios nos presenta este Proyecto que lo tenemos inscrito como Su Impronta en nosotros, que se manifiesta vivamente para orientarnos y dirigirnos por el Camino y nos llama exigentemente la atención cuando nos desviamos. Hemos de hacer lo que está en Su Plan, lo que es Su Voluntad, si queremos ser felices y vivir eternamente. Si no lo hacemos, nos perderemos y moriremos para siempre. Sin embargo, Dios no quiere que ni uno de nosotros nos perdamos, por eso envía a Su Hijo Jesucristo a mostrarnos el Camino, del cual nos habíamos desviado y Él hace todo lo necesario para devolvernos a la senda. Nos enseña el Camino del Amor y nos da ejemplo de Amor con Su propia Vida. Ahora tenemos además a Jesucristo para oírlo y hacer lo que nos manda, para alcanzar la Felicidad y La Vida Eterna. Todo entonces ha sido planeado con delicadeza y hasta el último detalle, con perfección, para alcanzar esta meta. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre.

El gran problema entonces está en que haciendo uso de nuestras facultades -libertad, voluntad e inteligencia-, rechazamos el Plan de Dios y decidimos trazar un camino distinto, desconociendo a Dios o peor aún, despreciando sus mandatos. Es así que se instaura el mal, la mentira, la corrupción, los robos, el egoísmo, los maltratos, la falta de amor, la violencia, la venganza, la envidia, la soberbia…Despreciamos el Plan de Dios y nos ponemos a improvisar el nuestro como queriendo enmendar lo que Dios ha dispuesto. ¿No es eso una blasfemia? Obviamente denota falta de fe, pues si tuviéramos fe, no dudaríamos ni por un segundo en hacer lo que Dios manda SIEMPRE. Es entonces, cuando armamos nuestro tinglado, que empezamos a dar importancia arbitraria a cosas que no la tienen o que son inútiles o que solo sirven para halagar la vanidad de los poderosos. Los ricos, apoderados del gobierno y del poder pretenden imponerse como la norma, como la ley, en vez de la ley de Dios y terminan distorsionando todo, procurando solo su bien, sin importarles el de los demás. Así, vamos construyendo una sociedad y un mundo al servicio de los que tienen, de los que han acaparado toda la riqueza para ellos, los que han hecho del Dinero y su acumulación su norte, su verdadero dios. Esta es la historia esquemática de nuestra sociedad, que por supuesto ha ido generando y afianzando costumbres y normas en torno al prestigio, el poder y el dinero. Normas y leyes que favorecen a unos pocos en desmedro de grandes mayorías que sufren su aplicación. Esto no es de Dios, ni viene de afuera, sino que es nuestra propia creación y tal como dicen Jesucristo, viene de adentro. Esto es lo que tenemos que combatir. El Señor, como siempre, nos hace ver lo que es en realidad importante, lo que debemos cambiar. En vez de quedarnos en las meras manifestaciones externas, lo que tenemos que enmendar es lo que está en el fondo, lo que está en nuestros corazones, porque es de allí que viene la perdición. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre.

Oremos:

Padre Santo, que no nos andemos fijando tanto en las apariencias y que no condenemos a nuestros hermanos por lo que parece, sino que nos tomemos un poco más de tiempo por conocer lo que está en sus corazones. Que hagamos del hacer Tu Voluntad nuestro mandato cada día…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, quien vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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