Marcos 6,30-34 – dejándolo todo, le siguieron

Febrero 7, 2016

Texto del evangelio Mc 6,30-34 – dejándolo todo, le siguieron

1. Estaba él a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios,
2. cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes.
3. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre.
4. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echen sus redes para pescar.»
5. Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes.»
6. Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse.
7. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían.
8. Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.»
9. Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado.
10. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.»
11. Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.

Reflexión: Mc 6,30-34

Lo que hacen Pedro y sus compañeros, es lo que el Señor espera de todos nosotros. Es bueno repetirlo y recordarlo, porque a punta de negarlo, no respondemos a la altura que el Señor exige, justificándonos, como si se tratara de un lenguaje figurado o solo dedicado a Simón Pedro y su gente. El problema radica en que no llegamos a entender lo perentorio del llamado de Jesús y lo excluyente que es con respecto a cualquier otra actividad. El Señor nos quiere a dedicación exclusiva. Esto es algo que comprendemos muy bien cuando se trata de un trabajo y sabemos que en tal caso debemos negociar muy bien, porque la remuneración y las gollerías deben ser altos si alguien nos quiere con exclusividad o en todo caso, la causa debe ser muy prestigiosa o de mucha trascendencia. Solo así estaremos dispuestos a entregarnos en exclusividad. Por lo general no nos gusta, ni queremos un trabajo o actividad con tal grado de compromiso y sin embargo eso es lo que nos pide el Señor. ¿Lo haremos? ¿O caeremos en el lugar común de asentir de palabra, pero no de obra? Decimos que somos cristianos y hemos decidido seguir a Jesús, pero si no lo decimos nadie lo nota, porque seguimos con nuestra vida y actividades de siempre, sin que alguien pueda notar el menor detalle que pudiera exteriorizar nuestro compromiso. ¿Qué clase de compromiso es este que no se manifiesta de modo externo? Pongámoslo de este modo: juramos amor eterno a una señorita y le decimos que nos uniremos a ella hasta que la muerte nos separe, pero seguimos llevando vida de solteros y cada quien duerme en sus respectivas casas. Le decimos a todo el mundo que estamos casados, pero nadie nos ve juntos en ningún momento del día ¿Sería posible? ¿Sería correcto? ¿No? Y entonces ¿por qué parece que aplicamos este tipo de relación con Jesús? ¿Es tan solo apariencia o es real? «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.» Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.

Simón Pedro y sus amigos eran pescadores, exactamente como algunos de nosotros somos abogados, contadores, choferes, profesoras, enfermeras o administradoras. Podrían haber sido desocupados, es verdad, pero no fue el caso. Todos tenían su trabajo, y este era: pescadores. Conocían el éxito y el fracaso en su empresa, y las habilidades y destrezas que debían reunir y aplicar para alcanzar su propósito. Y tal como en esta ocasión, podían reconocer cuando se trataba de una misión imposible, puesto que habían estado faenando y no habían conseguido nada. Sin embargo hay un detalle importante, ya conocían a Jesús, por eso Pedro lo llama Maestro y en Su Nombre salen nuevamente a pescar, haciendo lo que Jesús les manda. Y, oh sorpresa, llenan de tal modo sus barcas, que ya casi se hundían. No podía ser obra nada más que de Jesús. Así lo entienden. Era evidente. ¿No lo es para nosotros también? ¿Cuál es la respuesta de Pedro? Corrobora nuevamente que es el Señor de quien no se siente digno de estar en su presencia, e inmediatamente uniendo al asombro la razón y la decisión, reaccionando coherentemente lo dejan todo atendiendo la invitación del Señor a convertirlos en pescadores de hombres. La respuesta es concreta y contundente. ¿Qué denota? Credibilidad, fe, confianza. Si Tú lo dices, así será; vamos, adelante. «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.» Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.

Había temor en Pedro como seguramente en sus amigos, pero este se aplaca ante el “no temas” del Señor. A cada uno de nosotros también nos llama y no de manera simbólica o figurativa, sino de modo real. ¿Cuál es nuestra respuesta? Una noche a la semana; un par de horas los domingos…Eso, y tal vez un escapulario colgado al cuello, junto con la confesión de ser cristianos cada vez que nos preguntan por nuestra profesión religiosa, lo que cada vez es menos frecuente. ¿Con eso basta? ¿Eso es lo que pide y espera de nosotros el Señor? ¿Por qué parece distinto el grado de compromiso que asumen Pedro y sus compañeros que el nuestro? ¿Es que ellos son como los religiosos y religiosas actuales? ¿Es que Jesús quiso hacer esa diferencia o más bien nos sigue llamando igual, pero solo unos pocos estamos dispuestos a seguirlos a dedicación exclusiva? ¿Es que solo los religiosos pueden atender de forma exclusiva el llamado del Señor? ¿Es que hay un grupo bastante mayoritario y numeroso que estamos exonerados de este seguimiento exclusivo? ¿Este llamado es tan solo para algunos cuantos? Los demás, ¿hemos de seguir con nuestra vida “normal”? ¿Hay llamados distintos y distintas dedicaciones, según el llamado? ¿Es posible darle esta exclusividad dentro de nuestra vida cotidiana? Todas estas son interrogantes aparentemente muy difíciles de responder, sin embargo nos inclinamos por responder que sí es posible darle dedicación exclusiva al Señor dentro de nuestra vida cotidiana, a condición de cumplir algunos requisitos, que tal vez con la colaboración de otros podríamos ir agregando y depurando. Lo primero será reconocer que Dios está por encima de todo y antes que nada, ni nadie y que por tanto toda nuestra vida debe estar ORDENADA a Él, a servirle. Es decir, que puedo ser esposo, esposa, padre, madre, hijo, hija y ejercer cualquier ocupación o profesión a condición que todo lo haga para mayor Gloria de Dios. ¿Es esto posible? ¡Claro que sí! De hecho habrá algunas actividades contrarias como el sicariato, el narcotráfico, el proxenetismo, el asesinato de niños y una larga lista con la que por ahora no es necesario proseguir. Nada que atente contra la Verdad, la Vida o el Bien de nuestro prójimo dará gloria a Dios, ni será aceptado por Él, ni por lo tanto constituirá en modo alguno el seguimiento que Él espera y exige. La idea es que en cuanto tengamos que hacer demos testimonio del amor de Dios al mundo entero. De esta forma estaremos dando cumplimiento al mandato del Señor y nos habremos convertido en pescadores de hombres; es decir que en cuanto hacemos no hemos de olvidar la Misión de hacerlo de tal modo que atraiga a nuestro prójimo a Jesús. ¿Se entiende? Son importantes, entonces las formas y de hecho habrá oficios a los que tendremos que renunciar y rechazar por no prestarse a tal fin. No temamos hacer lo que hagamos, como si fuéramos el mismo Cristo y dando testimonio de su amor. Sea que vendamos pan, conduzcamos un colectivo, labremos la tierra, recojamos la basura, pasemos lista o toquemos la campana, hagámoslo sabiendo que llevamos al Señor en nuestros corazones y buscando DELIBERADAMENTE dar un testimonio atractivo de Jesús que vive en nosotros. Es a Él y no a nosotros a quien deben ver y seguir. De eso trata ser “pescador de hombres” y está al alcance de todos, no solamente los religiosos. Basta creer, amar a Jesús y ponernos obedientemente a Sus órdenes. Hay que cambiar de vida. Hay que cambiar de centro. Dios ha de estar en el centro o si prefieres, en primer lugar. «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.» Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.

Oremos:

Padre Santo, danos la Gracia de entender que hay formas de dar testimonio, de santificar nuestras vidas, haciendo que los hombres y mujeres que nos ven y conocen se sientan atraídos a Tí…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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