Marcos 6,14-29 – El rey se llenó de tristeza

Febrero 5, 2016

Texto del evangelio Mc 6,14-29 – El rey se llenó de tristeza

14. Se enteró el rey Herodes, pues su nombre se había hecho célebre. Algunos decían: «Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas.»
15. Otros decían: «Es Elías»; otros: «Es un profeta como los demás profetas.»
16. Al enterarse Herodes, dijo: «Aquel Juan, a quien yo decapité, ése ha resucitado.»
17. Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado.
18. Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano.»
19. Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía,
20. pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto.
21. Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea.
22. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré.»
23. Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino.»
24. Salió la muchacha y preguntó a su madre: «¿Qué voy a pedir?» Y ella le dijo: «La cabeza de Juan el Bautista.»
25. Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: «Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.»
26. El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales.
27. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel
28. y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre.
29. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.

Reflexión: Mc 6,14-29

La frase y la sentencia que hemos escogido para reflexionar no corresponden a Jesús, sino a Herodes. Creemos que debemos ponernos a pensar cómo es posible que puedan usarse algunas expresiones e incluso exteriorizar tan buenos sentimientos y ser un canalla. Y es que todos los hombres y mujeres estamos hechos del mismo “material”, sin embargo diferimos en nuestra percepción del mundo, tanto por el ambiente en el que hemos crecido, como por la forma en que hemos sido educados. Cuesta mucho desarraigar ciertos conceptos, que luego se traducen en sentimientos. Veía hoy en un noticiero en Televisión Española un informe en el que se hacía un llamado a diferentes colectividades de derechos humanos y a la ONU para que intervenga en algo que de solo oírlo me causo mucha indignación y rechazo. No sé por qué motivo, porque llegué tarde, pero se referían a la ablación, también conocida como la circuncisión femenina o mutilación genital femenina (MGF) y mostraban imágenes de mujeres mayores realizando esta operación en niñas usando las puntas de un espino o cuchillas para afeitar, en condiciones totalmente deplorables y antihigiénicas, dejando infecciones, enfermedades y traumas en las pobres niñas sometidas a tan bárbara costumbre. Sin embargo para muchos pueblos de África meridional esta es una costumbre “sana y natural”. Es muy probable que lleven a cabo este acto de buena fe, con la mejor de las intenciones. Y a pocos de ellos se les ocurre que están cometiendo una salvajada imperdonable. No tenemos que remontarnos más de 500 años para encontrar algunos pueblos que todavía realizaban sacrificios humanos para aplacar o agradar a sus dioses, con diferentes propósitos. Pues se nos ocurre que en este mismo desorden mental vivía Herodes, quien siendo capaz de sentimientos tan nobles como el aprecio y la tristeza que sintió por Juan, no tuvo sin embargo suficientes reparos para sacrificarlo con tal de satisfacer el capricho de aquella damita que lo había deslumbrado. El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales.


Para que Juan perdiera la cabeza a manos de los siervos de Herodes, antes este perdió la cabeza y el corazón, pues difícilmente podemos entender que Herodes fuera capaz de mandar matar a un hombre que tenía por justo y santo. Fijémonos que no es poco lo que sentía Herodes por Juan, a quien oía con perplejidad y protegía. Hay pues una ruptura, una quiebra en su interior, en su conciencia, que sin embargo no podía evidenciar, porque por encima de todo debía mostrase fuerte, insensible ante esta prédica y firme en el aparente desprecio que los poderosos de su círculo social sentían por el pueblo. Su autoridad tenía que prevalecer por encima de todo, si quería mantenerse en su puesto y ya antes había dado muerte a muchos con el solo propósito de transmitir el mismo poderío y fortaleza de su padre Herodes el Grande. Somos capaces de muchas cosas con tal de lograr nuestros propósitos, más aún cuando estos tienen que ver con consolidar nuestro poder y riqueza. Las crueles guerras de conquista, las de independencia y las de consolidación de nuestras repúblicas no fueron nada más que aventuras destinadas a beneficiar a unos pocos ambiciosos e inescrupulosos poderosos que estaban dispuestos a todo con tal de multiplicar su poder político, militar y económico. Los valores y principios éticos, morales o religiosos fueron tergiversados y/o manipulados con tal de justificar las bárbaras matanzas de todos estos eventos. ¿Es que la mayoría de los protagonistas no éramos católicos? Sí, pero en nombre de los estados, países y derechos humanos se han desarrollados tremendas acciones bélicas en las que siempre han sido sobre todo los pueblos y entre ellos los más pobres y humildes los que han tenido que ofrendar sus vidas, a cambio de quimeras. El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales.

¡Qué muerte tan absurda realmente la de Juan el Bautista! Ningún asesinato puede ser menos horrendo que otro, puesto que finalmente, cualquiera que sea el método o la justificación empleada, nada puede agravar ni hacer más digerible un asesinato. Sin embargo estamos dispuestos a entender una muerte accidental o como resultado indeseado de una acción. A ello muchas veces estamos dispuestos a agregar como descargo aquellos asesinatos que se cometen contra minorías raciales, políticas o religiosas, como cuando Pinochet mando ejecutar a sus opositores encerrados en el Estadio Nacional o cuando Videla hizo lo propio en Argentina, o cuando Israel de año en año asesta duros golpes contra los palestinos de la Franja de Gaza o en África o en Siria…Si son presos amotinados, como los que mandó matar Alan García en el Frontón, se convierten en una estadística que a pocos quita el sueño. Y sin embargo, la vida es el Don más preciado e IRRECUPERABLE que hemos recibido y junto con ella, la Dignidad, que clama desde adentro el respeto por nuestra vida y del mismo modo, la de los demás. Por lo tanto, no existe justificación alguna para perpetrar un crimen como el de Juan, ni si quiera por salvar la propia vida, como Jesucristo nos lo enseña. Así, no podemos estar de acuerdo ni con la pena de muerte, ni con el aborto, ni con la eutanasia, en ningún caso. No podemos caer en la misma elaboración de argumentos y excusas que Herodes. Hemos de aprender a dominar esta parte de nuestra naturaleza que nos hace capaces de los crímenes más horrendos y ello sólo lo alcanzaremos con la ayuda de Dios. Eso es lo que finalmente tenemos que reconocer. La humanidad necesita de Dios. Respetamos o no. Amamos o no. Estamos con Dios o con el Dinero; no podemos estar con los dos, porque el que no recoge, desparrama. El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales.

Oremos:

Padre Santo, haznos consecuentes y coherentes; que no busquemos justificar ningún crimen, porque la vida es un Don y el amor no tienes límites…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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